En los últimos años no sé cuantas veces he podido escuchar lo de crear el "Silicon Valley español". Aunque entiendo que puede ser una manera de simplificar el concepto de crear empresas innovadoras, no deja de ser cierto que, en boca de políticos de uno u otro partido, resulta una quimera.
En los últimos cinco años he visitado muchas iniciativas dedicadas a ser viveros de empresas innovadoras que llegan a rozar el surrealismo. Suelen tener magníficos edificios nuevos, singulares desde el punto de vista arquitectónico, que todos los españoles estaremos pagando durante las próximas décadas, y apenas nada de contenido real dentro. Incluso los he llegado a clasificar en dos tipos: los que están semivacíos y los que contienen, para justificación estadística del político local de turno, proyectos muy alejados del objetivo de innovación tecnológica para el que fueron creados.
Visité uno de los casos más surrealistas hace ya algunos años, en el norte de España. Allí habían construido un vivero para decenas de empresas tecnológicas. Tras casi un año de funcionamiento disponía de una única inquilina. Se trataba de una encantadora señora de edad madura que se había quedado en paro, momento a partir del cual decidió poner en marcha un negocio de venta de flores. La innovación consistía en que tenía página web, y la buena mujer intentaba venderlas a través de Internet con escaso éxito en su mercado local, según me comentaba ella misma con cierta desesperación.
De viveros a Business Centers
Posiblemente debido a la
crisis económica, algunos de estos edificios han dejado de ser viveros con el objetivo de fomentar el empleo en tecnologías innovadoras para convertirse en centros de formación, o meros
Business Centers de alquiler a bajo coste de despachos profesionales y oficinas. Con ello, las administraciones que construyeron estos edificios intentan recuperar, al menos en parte, el dinero destinado a su construcción. Dinero que, en muchos casos, sería hoy en día inasumible.
En primer lugar, debemos plantearnos por qué queremos crear el Silicon Valley español. Luego tendremos que preguntarnos si es realmente posible y, finalmente, indagar dónde sería factible. Eso nos hará ver el absurdo de la promesa con la que nos vienen una y otra vez. ¡Es una milonga!
En mi opinión, hemos mitificado lo que significa Silicon Valley. Se trata de un lugar único no aplicable a España, en el que emprendedores de todo el mundo se unen al calor de varios factores que han resultado claves para crear ese ecosistema:
Dinero. Un enorme capital procedente de Estados Unidos y también del resto del mundo, llegado al calor de extraordinarios éxitos empresariales en la zona durante los últimos años.
Formación. En los alrededores se ubican algunas de las principales universidades del mundo. Además existe una cierta cultura de establecerse en la zona por parte de cientos de estudiantes que elijen universidades de primer nivel que no están próximas geográficamente.
Éxitos. Los éxitos de empresas que hoy son enormes y cotizadas en bolsa en las últimas décadas hacen que funcione el efecto llamada del ecosistema. De ese modo hay premio para los Business Angels, los emprendedores, los Fondos de Capital Riesgo pequeños y también para los grandes.
Concentración. Se ha creado un hormiguero de la cultura tecnológica. Otro se ha generado en Israel, y eso es muy difícil de hacer de forma artificial. Este último es un lugar con sus luces y sus sombras (en mi opinión, en muchos países de Europa está sumamente idealizado). No puedes controlar dónde se planta el hormiguero. Tienes que sembrar sin parar durante décadas hasta que se instala definitivamente. Una vez que sienta cabeza en un sitio, debes construir alrededor de él. Cuando el enésimo político español nos cuenta que va a invertir X (sustitúyase por una modestísima suma de dinero) en crear en su ciudad el nuevo Silicon Valley, nos vende la burra de que es capaz de diseñar dónde se instalará el hormiguero. Y no solo eso: también de que habrá hormigas suficientes para suscitar algo así. A día de hoy eso no es posible en nuestro país. Debido a las sinergias que crea especialmente el mundo de la tecnología y lo que se genera a su alrededor, la concentración es una de las claves en el ecosistema del emprendedor tecnológico.
¿Un proyecto inviable en España?
Actualmente no se dan esos factores en nuestro país. Funcionamos por modas. En el sector tecnológico ha habido épocas de muchos proyectos. Ahora, cuando en los últimos años han aparecido Fondos de Capital Riesgo dispuestos a invertir en este sector mientras que antes apenas había ninguno especializado (Cabiedes and Partners,
Mola, Kivo Ventures, Active Venture Partners, Vodka Kapital), los inversores no encuentran proyectos de envergadura para participar con la velocidad y alegría que tenían previsto.
A lo que tenemos que aspirar es a poder casar los proyectos con el capital y a fomentar éxitos (lamentablemente, muy escasos en el ámbito tecnológico español) para que el ciclo se retroalimente. Cuando digo éxitos me refiero sobre todo a éxitos inversores, que son los que harán que aparezcan nuevas ilusiones y proyectos emprendedores, y más dinero atraído por el beneficio y las ganancias de los ya descontados. El resto son problemas ficticios que no conducen a ninguna parte.
En resumidas cuentas, debemos tratar de posibilitar las condiciones necesarias para que las empresas se creen e instalen, y el talento de afuera esté dispuesto a moverse hacia España. Eso requiere centralizar esfuerzos en zonas concretas (igual que cada capital de provincia no puede tener un aeropuerto, no podemos pretender tender cientos de centros de innovación en España), pero también que haya medidas críticas de apoyo al emprendedor y a la empresa, así como de fomento de la actividad de los inversores privados e institucionales, que son precisamente contrarias a muchas de las que se han llevado a cabo en los últimos tiempos.