Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña
El blog de Alejandro Suárez

Alejandro Suárez es empresario e inversor privado en empresas tecnológicas de carácter innovador desde 1998, Vicepresidente de la AIEI (Asociación de inversores y emprendedores de Internet), autor de 'Desnudando a Google' y 'Ha llegado la hora de montar tu empresa' (Editorial Deusto).

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La falacia de la influencia online

Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña 17/10/2012    (06:00) Escribe tu comentario

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Hace unos días leí en un post de Raúl Ordoñez que algunas empresas están empezando a pedir un nivel mínimo de Klout en sus ofertas de empleo. Para una gran mayoría que posiblemente no lo conozca, Klout es un indicador social que mide, con mayor o menor acierto, la ‘influencia’ en  internet, y más específicamente en redes sociales, de los individuos.

Un algoritmo sigue nuestra actividad en Facebook, Twitter, Linkedin y Google +. ―¡Sí! ¡Hay gente que lo usa! Y no solo gente que se dio de alta, lo probó y lo abandonó―. Dicho algoritmo entrega una cifra final entre 0 y 100 que, teóricamente, es nuestro Klout: nuestro nivel numérico de influencia.

Hasta hace unos días no había prestado el más mínimo interés por el nivel de Klout que puedo tener. En mayor o menor medida, este tipo de cosas siempre me ha parecido un divertimento, un juego. Pero al comprobar que en algunas ofertas de empleo se le da un valor objetivo, reconozco haberme dado de alta y haberlo cotilleado más en profundidad. Sinceramente, lo que más perplejo me ha dejado es haber leído en internet sobre ello.

He encontrado en foros y artículos algunos comentarios de personas preocupadas por la caída de su índice Klout ―es decir, de su numerito― por recientes cambios en la evaluación del algoritmo. Cada uno es libre de dar mayor o menor importancia a estas cosas. Lo que me deja atónito es comprobar cómo algunas personas sufren o viven para realizar determinadas acciones que incrementan estos índices y que, en mi opinión, son inútiles.

Se trata de una obsesión mal entendida por ser ‘influyentes’ o ‘prescriptores’. En otras palabras, el mal endémico del sector tecnológico desde la llegada de la web 2.0. Esta obsesión llega a ser tan acentuada en determinadas personas que incluso he conocido a gente que se me ha presentado como ‘gurú del social media’, ‘influencer’ o ―y estos últimos son mis favoritos― ‘social media Ninja’. En líneas generales hablamos de personas obsesionadas por su reputación y el tamaño de su sombra digital, personas que llegan a confundir dos conceptos nada similares: ‘difusión’ y ‘prescripción’.

'Tuits' promocionados

Pondré un ejemplo muy gráfico. Puedo seguir en las redes sociales a una persona de criterio muy formado en arte. Me interesa lo que dice, pero tengo un criterio propio y valoro su opinión de manera objetiva. Escucho, lo que no quiere decir que me deje guiar ni que  obedezca, ni que tenga capacidad de poner en mi agenda a un artista que a esa persona le guste si no ha llamado antes mi atención. Esto es muy llamativo en momentos de tensión política, en los que algunas personas consideran que por tener un alto número de 'followers' son capaces de llegar a influir o a presionar en sus posiciones de voto. Esto llega a resultar cansino y estéril, además de suponer una autentica fuente de ruido en la conversación.

Hace unos días leía que Kim Kardashian cobra 10.000 dólares por cada mensaje en el que menciona una marca,o el caso del rapero SnoopDog, que se embolsa unos 5.000 por citar algunos productos en Twitter. Hablamos de 'megacelebrities', del mercado no ya americano, sino mundial, y en todo caso de casos excepcionales. En España lo más habitual es que algún famoso de andar por casa cite marcas comerciales con las que tiene relación, o que suba fotos de la tienda o del restaurante de algún amiguete… y aun viendo esa realidad, algunos usuarios ponen su objetivo en acaparar seguidores sociales con la ilusión de poder vivir rentabilizando esa supuesta influencia en el futuro.

Las redes sociales han llegado para facilitar el contacto, la comunicación y el flujo de información entre las personas. Eso lo hacen fabulosamente bien las ya existentes. Sin duda resulta esencial para cualquier tipo de empresas, y en especial para las PYMES, acercarse alsocial media y contar con consultoras o profesionales expertos que puedan enseñarles y ofrecerles una presencia lógica ―no se trata de estar, sino más bien de saber estar―. Pero debemos reconocer que, en paralelo de todo esto, ha crecido un subgénero un tanto realista de supuestos ‘influenciadores’ sin sentido que, a fin de cuentas, generalmente no son más que personas con poco trabajo, o con mucho tiempo libre.

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