Todos somos transgénicos (y estamos vivos gracias a ello)

Muchos organismos incorporan material genético de otros seres vivos de forma natural. Esto no solo no es nocivo, sino que ha jugado un papel esencial en su supervivencia

Foto: (Thinks stock)
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Tomates cancerígenos, salmones asesinos, empresas malvadas y un apocalipsis zombi desatado por irresponsables científicos que, empujados por intereses económicos, juegan a ser Dios. Es el devastador panorama en el que muchos piensan al escuchar la palabra 'transgénico'. En realidad, un transgénico es cualquier ser vivo en el que parte de su material genético proviene de otro organismo distinto, y pocas veces pensamos en que muchos animales lo son de forma natural. Nosotros los primeros.

"Oiga, que yo soy 100% humano, ¿para qué querría yo genes de otras especies?", podríamos preguntarnos. Según un reciente estudio que ha pasado bastante desapercibido, para vivir. Una investigación de la Universidad de Stanford publicada la semana pasada en la revista 'Nature' asegura que existe material genético de virus ancestrales en nuestro genoma y que este es fundamental para nuestra reproducción.

Repetimos: nuestro genoma tiene 'cachos' de virus desde hace millones de años. Como suena. En realidad esto ya se sabía, pero lo que los investigadores han descubierto es que, además, este material genético extraño es útil. Su presencia es vital para una etapa temprana del desarrollo embrionario, durante la preimplantación del embrión.

Cuando un virus infecta a otro ser vivo no es extraño que parte de su material genético termine por accidente en el genoma del huésped, sin mayor utilidad. Desde hace años se sabe que el 8% de nuestro genoma pertenece a virus. Aun así es fascinante pensar que, en algún momento de la evolución humana, nuestros antepasados comenzaron a reciclar estas sobras virales para su propio beneficio. 

A los rastros de virus debemos sumar la presencia de entre un 1% y un 3% de genoma neandertal a nuestro genoma, un legado que mejoró la adaptación del ser humano moderno a los climas fríos, aunque quizá también lo volvió más sensible a ciertas enfermedades. Ser un transgénico también tiene sus desventajas.

Niña junto a una reproducción de neandertal.
Niña junto a una reproducción de neandertal.

Burlar a la muerte con genes extraños

El ganador indiscutible del título de mejor transgénico natural es el tardígrado. Este curioso ser, también conocido como oso de agua por su extraño aspecto, es un animal que se ríe de la muerte. Pueden resistir temperaturas extremas que van desde (casi) el cero absoluto hasta los 150ºC. También dosis de radiación 1.000 veces superiores a las que matarían a cualquier otro ser vivo. Y además, es el primer y único animal conocido capaz de sobrevivir en el espacio exterior.

La explicación a esta sorprendente capacidad de supervivencia se encuentra en su genoma, pero no como los científicos hubieran esperado. Un estudio publicado la semana pasada asegura que el 16% del ADN de los tardígrados proviene de otros organismos como bacterias y hongos.

Introducir material genético de unas especies en otras es comparado con el trabajo de Frankenstein, el investigador de ciencia ficción que perdió su nombre cuando su moderno Prometeo le ganó en popularidad. Pero no tiene nada de artificial: la llamada transferencia horizontal es un mecanismo que ha dirigido la evolución de los seres vivos durante millones de años. El ser humano solo ha logrado acelerar el proceso y optimizarlo en su propio beneficio en un ejemplo más de nuestra habilidad de transformar el entorno para sobrevivir.

Cartas al Profesor Farnsworth

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