Si crees que Elrubius solo es un friki, es que no has entendido nada

Tiene más de cinco millones de seguidores en Twitter y 16 millones en Youtube, sin ser cantante ni actor. Quizá no entiendas por qué tanto interés, pero antes de despreciarlo, piénsalo dos veces
Foto: Elrubius en un momento del programa 'Al rincón de pensar' en junio de 2015
Elrubius en un momento del programa 'Al rincón de pensar' en junio de 2015

Yo no lo he vivido pero lo he oído mil veces: adultos de todo el mundo escandalizados y horrorizados porque Elvis tenía a la juventud como loca con esa música insoportable y esos movimientos que eran en el mejor de los casos ridículos y en el peor una obscenidad. También me han descrito la siguiente escena: un padre y un hijo llorando de la risa con un chiste de Faemino y Cansado mientras el abuelo, en el mismo salón, mira a ambos sin entender qué les resulta tan gracioso.

Por mi edad, yo fui más de las Spice Girls, que iban por la vida hechas unas horteras cada una en su papel, pero que a mí me encantaban. Conseguí grabar en una cinta de VHS una actuación en Antena3 (un playback espantoso) y podía verlo en bucle un día tras otro, y supongo que a mis espaldas mis padres se extrañaban de aquella fascinación, si cantaban regular, sus canciones eran pop zumbón y ellas eran más bien petardas.

Si hacen memoria, seguro que su generación tiene su propio Elvis, o sus propias Spice Girls: un cantante, músico o actor con una habilidad especial para conectar con el público joven, que les venera, y al que los demás observan sorpresa o incomprensión. Y, oh, un puntito de desdén encubierto o manifiesto porque, mira, yo no sé cómo os puede gustar algo tan tonto.

Elrubius es Elvis

Me van a perdonar la comparación, pero Elrubius es las Spice Girls. Elrubius es Faemino y Cansado. Elrubius es Elvis. Es el Elvis de los adolescentes de ahora, que suben los contadores de sus vídeos de YouTube en cuestión de horas hasta las siete cifras, vídeo tras vídeo tras vídeo. Tiene más de cinco millones de seguidores en Twitter y 16 millones de suscriptores en Youtube. Le siguen en internet y le han convertido en su ídolo. Si cruza la Gran Vía genera disturbios, y si aterriza en Argentina causa avalanchas. Ríanse ustedes de las fans enloquecidas de los Beatles.

Pero Elrubius no es cantante, ni humorista, ni actor. Es youtuber, estrella de YouTube: lo que hace es grabar y editar vídeos consigo mismo como protagonista, en los que juega a videojuegos o bien cuenta aspectos de su vida cotidiana. Por ejemplo, enumera modos de molestar a sus vecinos ahora que va a mudarse a otra casa, o contesta a la pregunta de un seguidor contando cuál ha sido su peor idea desde que es celebridad el Youtube. Este vídeo, en el que juega a Just Dance con Edurne tiene casi nueve millones de visionados. Este, en el que cuenta 50 cosas sobre él, tiene más de veinte.

Como miembro de una generación anterior a los adolescentes actuales (disfrutad, malditos, que no dura), todo lo que ocurre entorno a Elrubius me desconcierta. Sus vídeos en los que cuenta sus aventuras cotidianas no me hacen gracia, y no entiendo por qué alguien querría ver a otro jugar a un juego, en vez de jugar directamente. Y así, sin darme cuenta, me he convertido en mi madre viéndome a mí poner aquella cinta de las Spice Girls una y otra vez.

Este fin de semana El Mundo publicaba una entrevista con Rubén Doblas, la persona tras el personaje, y la sensación que transmitía el texto, buscada según ha reconocido después el medio, era precisamente la de ese choque generacional entre una estrella adolescente de las redes sociales y un periodista que deja claro desde el principio que no sabe qué preguntarle.

¿Se imaginan una entrevista con Ricardo Darín en la que el entrevistador no sabe nada de sus películas ni le pregunta por ellas?

¿Se imaginan una entrevista con Ricardo Darín, reciente ganador de un Goya, en la que el entrevistador no sabe nada de sus películas ni le pregunta por ellas? ¿En la que le interroga sobre sus hábitos alimenticios pero no sobre sus métodos de trabajo? ¿O un reportaje en el que el foco se pone en lo lejano, y un poco bobo, que le parece al periodista el universo del protagonista? 

En el texto se captaban varias emociones, siempre en el entrevistador y no en el entrevistado: sorpresa, incomprensión y un punto de condescendencia. Esto es algo que también repetimos generación tras generación, y es un vicio muy feo: como no lo entiendo, lo desprecio. Error. Despreciar lo que hace Elrubius es no haber entendido nada, ni siquiera lo principal: que, en el fondo, nosotros los periodistas nos dedicamos a lo mismo que él, que es comunicar con una audiencia. Y el chaval está mucho más al día que nosotros.

Lo que ha creado este chico de 25 años desde su habitación es un fenómeno de comunicación social apabullante: ha acostumbrado a su audiencia, que es legión y él solito ha reunido, a consumir un formato que no se consumía antes; él se lo hace todo (guion, grabación, montaje, edición, distribución); no cuenta con unos medios que no estén al alcance de los demás y sin embargo los demás no han conseguido lo mismo, y trabaja por instinto, prueba y error y no a partir de sesudos análisis de marketing. 

Representa en España un fenómeno que lleva ya años funcionando en todo el mundo, el de un nuevo modelo de producción, distribución y consumo de contenidos, del creador al público sin intermediarios y, como decía mi compañero Carlos Otto en Twitter, un ejemplo a imitar a nivel empresarial.

Mosqueado por la entrevista, Elrubius ha respondido este lunes con un vídeo en su canal de YouTube, en el que carga contra el periodista y contra la prensa en general. "Fue una ocasión perdida para aprender un poco sobre YouTube. Si no tienes un trabajo normal no te toman en serio", dice, para continuar asegurando que no volverá a dar entrevistas y que cuando quiera contar algo, usará su canal. Ahí es donde está su audiencia, que es enorme, fiel y enteramente suya. Ya la querría yo. 

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