Por qué un aterrizaje 'interruptus' en Marte no es un fracaso científico

Hace ya 24 horas que no sabemos nada de Schiaparelli. Mediáticamente, ha sido una decepción, pero científicamente la misión no es ningún fracaso

Foto: El módulo Schiaparelli, tras un supuesto aterrizaje perfecto sobre Marte. Esto, a estas alturas, parece descartado. (Ilustración: ESA)
El módulo Schiaparelli, tras un supuesto aterrizaje perfecto sobre Marte. Esto, a estas alturas, parece descartado. (Ilustración: ESA)

Han pasado ya casi 24 horas del momento de su supuesto aterrizaje y seguimos sin noticias de Schiaparelli. El pequeño módulo de aterrizaje de la misión ExoMars debía haber tocado el suelo de Marte poco antes de las 17:00 de este miércoles, y la señal del éxito de su maniobra tenía que haber llegado a la Tierra unos 10 minutos después.

Esto no ocurrió así. Con el entusiasmo de retransmitir un momento que se prometía histórico para la Agencia Espacial Europea, la misión se podía seguir en directo a través de internet, y medios de toda Europa (incluido El Confidencial) lo estaban contando al minuto. De forma que todo el que quiso pudo ver cómo los ingenieros del centro de control pasaban de mirar impacientes a las pantallas, con los móviles listos para captar la señal del éxito, a derrumbarse sobre sus sillas, manteniendo los ojos en las pantallas pero con cara de estar viendo a su equipo bajar a segunda división (perdonen la referencia futbolística, ni yo misma sé cómo ha llegado hasta aquí).

Ni hora y media después, ni dos horas más tarde, ni siquiera esta mañana, la ESA ha podido explicar con contundencia qué ha ocurrido con Schiaparelli, si aterrizó como se esperaba o si se ha estrellado contra el suelo de Marte. “Es muy difícil saber si ha sucedido, aún no podemos confirmar en qué condiciones aterrizó; estamos analizando aún la información, pero no tenemos ningún dato desde la superficie”. 

Saben que entró correctamente en la atmósfera de Marte, que el escudo térmico protegió el módulo y se desprendió según lo previsto, y que los paracaídas se abrieron cuando debían. A partir de ahí, no está del todo claro por qué las señales se desvían de lo que se esperaba: parece que los motores que tenían que haberse encendido para frenar el descenso funcionaron solo unos tres o cuatro segundos, y por lo tanto Schiaparelli cayó al suelo desde una altura mayor de la esperada. Como bien resumía Antonio Villarreal, "Europa ha llegado a Marte, pero aún no sabemos en cuántos trozos".

No tan rápido...

Acostumbrados como estamos a las películas y a misiones anteriores (Rosetta, oh, Rosetta, qué alegrón nos diste), esto nos ha parecido un fracaso, o al menos una decepción. Nadie se ha atrevido a descorchar el champán que pusimos a enfriar en previsión del primer aterrizaje europeo en Marte.

Pero no tan rápido. La misión ExoMars no ha sido ni mucho menos un fracaso. Aunque su aspecto más mediático nos haya dejado fríos, la verdad es que el aspecto científico de la misión ha sido un éxito, y uno que ni mucho menos ha sido fácil conseguir. La misión ExoMars seguirá adelante y cumplirá, si todo va como se espera (algo que no siempre ocurre, es cierto), con muchos de sus objetivos.

Para empezar, Schiaparelli no era el único instrumento de esta misión. Hace cuatro días se separó del TGO un orbitador que cogió un rumbo distinto: su destino era situarse en una órbita concreta de Marte para, desde allí, realizar mediciones de los niveles de metano en la atmósfera marciana. Ayer, un rato antes del descenso y aterrizaje de su compañero, el TGO debía alcanzar esa órbita y comenzar a girar.

Esta operación se completó tal y como estaba previsto. El orbitador está exactamente donde debía. Desde allí ayudará a descubrir el origen del metano de Marte, algo que lleva tiempo desconcertando a los científicos (el metano de la Tierra tiene principalmente un origen biológico, ¿ocurre lo mismo en Marte?, ¿hay o hubo formas de vida en el planeta rojo que han generado ese metano?, ¿o tiene un origen geológico, algo que también es posible? La respuesta está ahí fuera). 

Esta parte de la operación era crucial para la segunda fase de la misión ExoMars, que consiste en el envío de un 'rover' a la superficie en 2020 para tomar muestras y seguir aprendiendo sobre el misterioso metano. Está previsto que el TGO detecte y señale en qué lugares de Marte sería más interesante recoger muestras, para que el 'rover' europeo se dirija directamente a esos puntos. 

Claro que para ello hará falta depositar el vehículo en el suelo de Marte, algo que parece resistirse a la Agencia Espacial Europea (en una misión similar de 2003, el módulo de aterrizaje Beagle 2 también se perdió, y no apareció hasta el año pasado). Pero también en eso esta misión resultará de gran utilidad.

Un resultado negativo también es un resultado

Los datos que van llegando y que continuarán haciéndolo los próximos meses permitirán a los ingenieros de la ESA entender qué ha ocurrido con Schiaparelli, en qué momento el aterrizaje dejó de ir como se esperaba y dónde estuvo el problema. “Tenemos que aprender qué ha pasado para prepararnos para el futuro”, explicaba esta mañana Johann-Dietrich Wörner, director de la ESA. 

Aunque parece un triste premio de consolación, o una forma de mantener la moral de la tropa (la tropa en este caso seríamos todos los europeos que, con nuestros impuestos, estamos financiando la ESA y sus misiones), Wörner tiene razón. Los resultados de una misión como esta, aunque sean negativos en parte (o aunque lo fuesen en su totalidad), no son inútiles. La ciencia avanza también a base de experimentos que fracasan.

Un experimento que fracasa ayuda a arrojar luz sobre dudas que de otra forma quizá no se habrían resuelto, preguntas que no se habrían llegado a formular. Además, ayuda a guiar próximos experimentos, señalando qué camino no tomar o, en todo caso, tomarlo con cuidado. 

No es espectacular para el público, que está acostumbrado a celebrar los éxitos para procesar con ácido desinterés los fracasos, y es delicado cuando se trata de un misión que ha costado grandes cantidades de dinero, como es el caso de la ExoMars. Pero un aterrizaje incompleto en Marte no es un fracaso. Al menos, no un fracaso científico.

Cartas al Profesor Farnsworth

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios

ºC

ºC