En los negocios tradicionales
el primer contacto con lo digital suele llegar del exterior. Por lo general se produce, algunas veces de forma abrupta, por el contacto de las marcas con los usuarios a través de los nuevos canales.
Este primer encuentro, por potente y transformador que resulte, suele ser sólo la punta del iceberg de lo que vendrá después. La verdadera colisión se produce de puertas a dentro, cuando lo digital impacta en las personas y, por tanto, en la organización. Generalmente, como comprobamos a diario, muy pocas organizaciones y directivos suelen estar preparadas para el tsunami que se les viene encima.
Por propia inercia, en las épocas de transformación como en la que vivimos, l
as empresas y los directivos que las dirigen suelen tener aversión al cambio, sólo unos pocos visionarios saben anticiparse y adaptarse. Por lo general, y sólo cuando ya es inevitable, la gran mayoría busca referentes y palancas que les ayuden a la transformación de sus organizaciones, son los agentes del cambio.
Idealmente,
los agentes del cambio deberían formar parte de la estrategia de transformación de la organización, pero lo habitual es que muchas organizaciones y directivos los integren de forma, digamos poco ortodoxa, son los dinamizadores “involuntarios” y la mayoría de las veces no son ni siquiera conscientes de serlos. Realizan una labor desconocida, apenas existe información y difícilmente pueden clasificarse porque no pertenecen a las estructuras y además son de naturaleza variable.
Otro agente, no menos impactante, suele ser las “comidas del CEO”. Si en el coctel tras una conferencia o jornada 2.0 el directivo en cuestión ha coincidido con un emprendedor, preferiblemente que no haya cumplido los 25, su jefe verá la luz.La
transformación hacia lo digital solo será eficaz si proviene del convencimiento y para ello se requiere un fuerte liderazgo que provenga de la alta dirección. Conocemos los canales estructurados, tanto internos como externos; es la función del departamento de investigación y estrategia, de los consultores externos, etc. Pero, ¿cuáles son los agentes externos, los no estructurados, los que influyen en el comité de dirección y que suelen tener en muchas ocasiones más impacto que los anteriores?
Expondremos algunos ejemplos fácilmente reconocibles.
Uno de los factores externos más habituales, desencadenante del cambio de actitud de algunos directivos suele ser un viaje iniciático. Si su jefe ha ido de vacaciones o ha organizado una ruta por alguno de los centros de innovación de referencia, Silicon Valley, Bangalore, etc, tenga por seguro que a la vuelta nada será como antes. (Nota: para los iniciados lo más ya no es SV,
ahora es NYC la último en startup )
Otro agente, no menos impactante, suele ser
las “comidas del CEO”. Si en el coctel tras una conferencia o jornada 2.0 el directivo en cuestión ha coincidido con un emprendedor, preferiblemente que no haya cumplido los 25, su jefe verá la luz. Rápidamente incorporará nuevas palabras y tecnicismos a su vocabulario y en el siguiente comité de dirección utilizará expresiones como: “economía de la atención”, “los mercados son conversaciones”, “tenemos que ser más flexibles y horizontales y vamos a eliminar los despachos”…. puede estar tranquilo el futuro de su compañía va por el buen camino (ironía)
Pero
el verdadero agente del cambio suele estar mucho más próximo y ser más certero y eficiente. Sin necesidad de grandes viajes, ni de la intermediación de videntes uno puede hacerse una idea de cómo va a ser el futuro y que van a demandar los clientes, sólo con visitar de vez en cuando a la habitación de su hijo y ver cómo se relaciona con su entorno ¿Cuántas veces los nativos digitales de casa han sido los verdaderos agentes del cambio?
Sería revelador saber para cuántos directivos su primer contacto con la redes sociales fue cuando sus hijos le hablaron de Tuenti.