Tres consejos a tener en cuenta antes de innovar en tu empresa

La volatilidad de los mercados y los cambiantes hábitos de los consumidores han hecho de la innovación una necesidad en el mundo empresarial. He aquí algunas ideas sobre cómo incorporarla
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El incremento de la complejidad, la incertidumbre y la turbulencia en los mercados, –caracterizados entre otros aspectos por el acortamiento en el ciclo de vida de los productos, nuevos hábitos de consumo y la intensidad y radicalidad de los avances tecnológicos– han creado un entorno en el que mantener una ventaja competitiva durante un largo periodo de tiempo es difícil de lograr, si no imposible.

Como consecuencia, las empresas necesitan que la innovación forme parte del ADN de toda la organización, y no solo de silos aislados, imprimiendo a la misma un carácter abierto, flexible, ilusionante, atrevido y participativo.

Para lograrlo, ahí van algunos consejos:

1. No resuelvas problemas que no tienes

Cuando se pretende abordar una iniciativa de innovación, en un primer momento se puede encontrar cierta resistencia por parte de las unidades de negocio a las que va dirigida. Suelen preguntarse: “¿Quiénes son estos de innovación para jugar en mi parcela? ¡Puedo ocuparme de mis propios problemas sin su ayuda!”.

Esa resistencia inicial puede ser la motivación a promover iniciativas dirigidas a resolver retos de segunda clase. Bien porque tengan un alcance muy amplio, como por ejemplo, ¿cómo reducir costes? o por carecer de un dueño: ¿cómo hacer la empresa más sostenible?

Este tipo de iniciativas suelen tener un recorrido corto. Por un lado, los empleados identifican falta de sinceridad en la misma, pensando que solo busca tenerlos ‘entretenidos’ y por otro, los propios directivos que la apoyaron terminarán cerrándola por irrelevante.

Luego la primera tarea será encontrar retos clave del negocio.

2. La participación es el combustible de la innovación

Aprovechar las dotes creativas e inventivas de los empleados va a permitir a la organización encontrar la respuesta a muchos de los retos clave de negocio. Pero a las personas no se las puede obligar a contribuir fuera de la responsabilidad de su puesto de trabajo.

La participación surge de un compromiso emocional hacia la empresa y sus objetivos. Y el mismo se da cuando las personas que integran la organización tienen confianza en que podrán ser útiles, y obtendrán un beneficio de la utilidad generada.

Por lo tanto, para que la participación tenga lugar, necesitamos la combinación de varios ingredientes:

Comunicación. Una de las claves para maximizar la participación es comunicar de forma clara las actividades que se desarrollen, manteniendo una comunicación bidireccional con el objetivo de disipar las dudas y temores frente a la iniciativa.

Transparencia. Las personas necesitan confiar en el proceso, obtener retroalimentación constante y entender el camino a recorrer.

Gamificación. La aplicación de mecánicas de juego no solo conduce a los empleados a una mayor predisposición a participar de manera dinámica y proactiva en acciones que generalmente requieren un esfuerzo de voluntad, sino que también fortalece el vínculo emocional con la organización.

Incentivos. Conviene diseñar un modelo de incentivos atractivo para asegurarnos de que las personas están comprometidas y alineadas con los objetivos perseguidos. Los incentivos pueden abordar diferentes motivaciones, como el deseo de recompensa, de estatus, de logro, de competición, e incluso de altruismo entre muchas otras. Y para satisfacerlas el premio puede variar desde simples vales de compras hasta oportunidades de formación en áreas específicas.

3. La iniciativa tiene que proporcionar resultados

Por resultados, nos referimos a una dimensión medible que agrega utilidad al negocio. Normalmente se refiere a resultados finales, esto es un nuevo producto o mejora de un proceso, pero también puede ser un fin en sí mismo. Cada organización tiene sus propios retos, que pueden ir desde el desarrollo de una cultura de innovación a cómo mejorar el servicio de atención al cliente.

En definitiva, la responsabilidad de la innovación en nuestras empresas no puede recaer exclusivamente en los departamentos de I+D, de Tecnologías de la Información y/o Marketing, sino que debe ser liderada por la alta dirección con la participación de los empleados, colaboradores y clientes de nuestra organización. Ello implica el desarrollo de un modelo de cultura de innovación que tendrá que ser, necesariamente, de carácter abierto, flexible, ilusionante, atrevido y anticipativo, y que nos permitirá la adaptación constante a los cambios que emerjan en nuestro entorno.

 

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*Juan Campos es director del Programa Superior de Innovación de ICEMD –el Instituto de la Economía Digital de ESIC-, co-fundador de The Bnet Ants y candidato a doctor en Economía y Gestión de la Innovación por la Universidad Autónoma de Madrid.

Hacia la digitalización

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