Por qué la cancelación definitiva del Galaxy Note 7 era la única salida para Samsung

Samsung ha tomado la decisión inevitable: cancelar de forma definitiva y permanente la producción del Galaxy Note 7. Era la única salida que le quedaba a la coreana

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"Es un terminal que ha nacido muerto", "poca gente lo va a querer comprar", "la cosa pinta mal, muy mal"... Son algunas de las frases que utilizaban fuentes consultadas del sector de telefonía en España para describir la situación límite que vivía Samsung con su Galaxy Note 7. El teléfono iba a salir de nuevo a la venta en Europa el próximo 28 de octubre. Pero tras los últimos casos de unidades incendiadas, varias de reemplazo, el caso se había vuelto insostenible. Samsung de hecho anunció hace unas horas que suspendía (otra vez) las ventas mundiales del terminal. Y hace unos instantes ha llegado la estocada final: la compañía ha cancelado el móvil de forma permanente. Era la única salida posible.

Un mes después de que Samsung tomara la decisión de retrasar el lanzamiento mundial del Galaxy Note 7 por problemas con las baterías, la compañía se ha visto envuelta en el peor escenario posible: algunas unidades de reemplazo, las que deberían funcionar a la perfección, también son defectuosas. El caso más grave lo vimos la semana pasada, cuando un vuelo de Southwest Airlines tuvo que ser evacuado al incendiarse un Note 7 de un pasajero. Una foto obtenida por The Verge confirmó que se trataba de un Note 7 de reemplazo. Desde entonces habían surgido varios casos igual de preocupantes, tanto en Corea del Sur como en EEUU. En todos había ocurrido lo mismo: un Galaxy Note 7 de reemplazo que no debería recalentarse ni incendiarse, pero lo hacía.

Ante lo sucedido, a Samsung no le ha quedado más remedio que dar marcha atrás. La compañía ha tomado la decisión de cancelar de forma permanente la producción del Galaxy Note 7. Es el final a un fiasco que le supondrá pérdidas millonarias, pero era el único final posible.

Ante la alarma suscitada, horas antes las grandes operadoras en EEUU, donde el móvil se había puesto de nuevo a la venta, cancelaron por completo (otra vez) las ventas del smartphone. AT&T, T-Mobile, Verizon no iban a vender más unidades hasta que Samsung aclarara qué estaba ocurriendo. Estas operadoras ofrecían incluso a los clientes que ya habían comprado uno cambiarlo por otro de la competencia. En España, Orange había "paralizado" las pre-reservas del móvil y Vodafone y Telefonica señalaron que no harían absolutamente nada hasta que Samsung no aclarara los resultados de sus investigaciones y asegurase que no había ningún riesgo.

Koh Dong-jin, presidente de Samsung Electronics’ Mobile, en la rueda de prensa en Seúl el pasado 2 de septiembre en la que la compañía anunció la decisión de detener las ventas mundiales del Galaxy Note 7. (Foto: Reuters)
Koh Dong-jin, presidente de Samsung Electronics’ Mobile, en la rueda de prensa en Seúl el pasado 2 de septiembre en la que la compañía anunció la decisión de detener las ventas mundiales del Galaxy Note 7. (Foto: Reuters)

Lo decíamos hace unas semanas por aquí: el problema de Samsung era de confianza. Si ya era difícil pensar que alguien iba a gastarse 850 euros en un Note 7 tras los problemas ocurridos en la primera oleada, ¿quién lo iba a hacer ahora cuando hasta las unidades de reemplazo estaban bajo sospecha? Samsung estaba luchando hasta el último momento para evitar lo que acaba de ocurrir, pero la situación era límite.

Ningún operador se va a arriesgar a lanzar algo si nadie lo va a comprar. Y este terminal difícilmente se va a vender...

"Lo lógico sería que detuvieran por completo la producción y asumieran las pérdidas. Ningún operador se va a arriesgar a lanzar algo si nadie lo va a comprar. Y después de todo lo occurido, este terminal difícilmente se va a vender...", me explicaba ayer un directivo de un operador en España. Dieron en el clavo. La crisis de Samsung con el Note 7 era como una enfermedad infecciosa que debía ser atajada de raíz. Se estima que las pérdidas que tendría que soportar la compañía se situarían entre los 1.500 y 2.000 millones de dólares, aunque algunos analistas las elevan a los 5.000 millones. Sea como fuere, para una firma con más de 69.000 millones de efectivo en caja, al bache es asumible. 

La retirada definitiva del Note 7, junto a un plan de comunicación que establezca compensaciones claras a los clientes y un futuro Galaxy Note 8 en camino, es la única forma en la que Samsung puede pasar página de forma creíble, recuperar la confianza de los usuarios y trabajar para que un fallo de este calibre no vuelva a repetirse. RIP, Galaxy Note 7.

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