José Mendiola está licenciado en Ciencias Económicas por la Univ. de Deusto, especialidad marketing por el Instituto Superior de Comercio de París. Es consultor de marketing y comunicación estratégica, además de experto en nuevas tecnologías y tendencias. En el campo del periodismo es senior blogger en Engadget en español y fundador de los portales palManiac y palmInsider.
José Mendiola
12/09/2012
(06:00)
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Junio de 2007. Steve Ballmer se somete divertido a una entrevista. El ambiente es distendido y la pregunta es obligada: “¿Qué opina del nuevo móvil, el iPhone de Apple?”. Situémonos en perspectiva: en 2007 los móviles más avanzados contaban todos con teclado físico y unas características muy similares. Apple rompió moldes y esta tendencia presentando un diseño totalmente innovador, sin apenas botones físicos, y confiando toda la interacción con el usuario en una -por aquel entonces- amplia pantalla.
Ballmer sonrió ufano y ridiculizó al terminal de los de la manzana: “no puede triunfar en el sector empresarial porque no tiene teclado”, exclamó riéndose y como quien asevera algo evidente. Pero Ballmer no fue el único en quedar en evidencia ante la historia: en noviembre de 2006, Ed Colligan, el entonces CEO de la defenestrada Palm fue todavía más lejos y en alusión a Apple afirmó: “llevamos años fabricando móviles y que no se piensen que los fabricantes de ordenadores que van a llegar y besar el santo”.
Y el lanzamiento del iPhone fue un 'boom' sonado cuyas consecuencias arrastramos hasta nuestros días. Pero... ¿cuáles han sido las claves de un móvil que ha cambiado para siempre las reglas del juego?
Steve Jobs lo ha tenido siempre claro: la experiencia del usuario debe de estar siempre por delante en todos los productos de la casa. Esta filosofía afecta a todos y cada uno de los aspectos del producto: desde el embalaje, pasando por el color, y por descontado, su manejo. Hasta el lanzamiento del iPhone, los 'smartphones' eran unos gadgets al alcance de los usuarios más avanzados que apenas atinaban a escribir mensajes y tomar alguna que otra foto. Apple universalizó el smartphone de forma definitiva. De repente, uno podía ver a usuarios de avanzada edad deslizando el dedo por la pantalla del terminal y enviando mensajes de una forma totalmente intuitiva.
Hasta el lanzamiento del iPhone, los 'smartphones' eran unos gadgets al alcance de los usuarios más avanzados que apenas atinaban a escribir mensajes y tomar alguna que otra foto. El ‘target’ de los usuarios de los smartphones se había ampliado de forma inmediata y la competencia tardó mucho, demasiado, en reaccionar. Los críticos pronto acusaron a Apple de crear un móvil cerrado (la batería no se podía sustituir ni aumentar la capacidad de almacenamiento del móvil), con un sistema operativo blindado ante manos ajenas. Pero los de la manzana se mantuvieron firmes en su postura: esta rigidez garantizaba una sencillez y solidez en el uso hasta ahora no vista en el mercado. En el iPhone, todo simplemente funciona y este principio se mantiene hasta nuestros días.
Hasta el lanzamiento del iPhone, los 'smartphones' eran unos gadgets al alcance de los usuarios más avanzados que apenas atinaban a escribir mensajes y tomar alguna que otra foto.Hasta la llegada del iPhone, las aplicaciones en los móviles no contaban con un protagonismo excesivo. Las plataformas eran excesivamente complejas, había demasiados modelos con un mismo sistema operativo y resultaba complejo instalar y disfrutar de una app en el móvil en condiciones. Apple se centró en crear un elevado número de aplicaciones disponibles para el usuario como base del éxito de la plataforma (lo que hoy se conoce como “ecosistema”).
El móvil, según la perspectiva de Apple, pasó de ser un gadget limitado a sus prestaciones técnicas a convertirse en una plataforma hacelotodo en la que el límite lo fijaba la creatividad de los desarrolladores, que por cierto, comenzaron a ganar cantidades importantes de dinero. La idea era redonda: los desarrolladores se veían estimulados a crear nuevas apps con las que se podían ganar la vida, los usuarios veían que cada vez contaban con más opciones para poder exprimir sus smartphones, y Apple sacaba tajada de todo ello mediante una considerable comisión por cada aplicación vendida. Un negocio limpio, transparente y con una elevada rotación (Apple centró su modelo de negocio en reducir el precio de las aplicaciones y el margen, para facilitar de esta manera las descargas).
Y el iPhone arrasó en ventas. Los rivales no reaccionaban y no entendían que lo anteriormente expuesto formaba en núcleo de las claves que han catapultado al terminal de Apple como su producto estrella en el catálogo de la casa. La competencia se centró en desarrollar sofisticados smartphones con avanzadas prestaciones que, sobre el papel, eran superiores a lo que ofrecía el iPhone. Los de Tim Cook han enfocado la aplicación de los avances en la tecnología de otra manera: éstos son presentados al usuario en las sucesivas versiones del iPhone siempre que aporten valor añadido a la experiencia de uso.
Por otro lado, Apple sabe vender bien sus productos: el iPhone tardó en contar con una función tan simple como el copiar-pegar, pero tal y como lo expusieron en su keynote, los usuarios tenían la sensación de que la espera había merecido la pena. Es el embrujo de Apple en estado puro. Y hoy toca un nuevo giro de tuerca. El nuevo iPhone es posible que no sea el smartphone más avanzado del mercado en lo que al hardware se refiere, pero incorporará las novedades suficientes para seguir siendo un éxito de ventas que siga manteniendo al móvil de Apple como la referencia fundamental en el mercado.
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