Cómo crear una 'startup' a los 23. Parte II: El riesgo

Noches en vela, decisiones imposibles y mucha fe. Esta es mi experiencia intentando levantar una 'startup' a los 23 años
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Vamos a contar mentiras. Tra-La-Rá. Una de ellas. El riesgo. Uhh. El riesgo.

Recuerdo perfectamente el día que decidí dejar mi trabajo para empezar a construir Pompeii. Tenía 22 años y llevaba tres meses trabajando en PWC. Si el amor era mutuo, eso podía ser para toda la vida. En teoría, ahí estaba el objetivo de nuestra formación, encontrar un trabajo que nos aportase estabilidad para toda la vida. Bla, bla, bla.

Mentiroso.

Todos aquellos que hemos tenido la suerte de recibir una formación escolar y universitaria, podemos afirmar que en los dos últimos años de carrera nos ha entrado a todos la misma prisa: “A ver si encuentro curro y empiezo a cobrar”.

¿Y sabéis cuál fue el resultado? Entré en un trabajo sin saber por qué, ni siquiera tenía claro cuál era el fin. Sólo sabía una cosa, iba a empezar a cobrar. Y tenía trabajo, como todo mi entorno. “Bien hecho, chaval”.

Qué tonto. ¿Y qué? ¿A cualquier precio? ¿De verdad estáis dispuestos? Os aseguro que no. Y daos prisa. Este juego es muy corto, y gana el que toma decisiones. Y rápido.

Hace un par de meses, hablando sobre Pompeii, una persona del público me dijo una gran verdad: "Tu etapa en PWC fue un regalo". Toda la razón. Gracias. Me enseñó lo que yo no debía ser. Y lo mediocre que iba a llegar a ser. Y no tenía nada que ver con la empresa en la que estaba. El único que tenía la culpa era yo. Algo muy habitual en todos nosotros: "No, es que me tratan como una mierda". Siempre echamos balones fuera. Pocas veces tenemos la culpa nosotros.

Si te tratan mal, y no te gusta, ¿por qué sigues ahí?; ¿Quién o qué te obliga? Te saldrán respuestas como "me estoy formando", "gestiono un par de equipos y me voy"... Bla, bla, bla. Más mentiras. La única respuesta válida es la necesidad. Si tienes familia, ya no eres tú lo más importante. Pero, si estás tú solo, deja de mentirte. Y mueve ficha.

Nadie ni nada nos obliga a estar en un sitio que no queremos y no nos aporta. A esta edad, no tenemos la capacidad para decidir donde nos vemos en diez años. Pero sí tenemos la capacidad de escuchar, preguntar y rodearnos de la gente adecuada para que nos ayuden a educar nuestra forma de pensar.

Si no os gusta vuestro trabajo, empezad a preguntaros qué os gusta, y luego preguntadles a las personas que más respetáis profesionalmente sobre el camino que ellos siguieron y lo que harían ellos en vuestro lugar. Y moved el culo.

Muchas veces no somos conscientes de lo que implica un año de nuestra vida, del coste de oportunidad tan alto que supone hacer algo que no te apasiona. Ya no nos acordamos que de los 16 a los 18 años había un mundo.

En un año, hemos visto la empresa casi quebrada para, tres meses después, pasar a ser 25 personas. En un año, hemos conseguido que más de 100.000 personas conozcan Pompeii. En un año, hemos evolucionado de amigos a socios. Y casi lo dejo por un año de 'formación'.

Un año es un mundo. No os digáis lo contrario. Somos lo que nos toleramos. No os lo creáis, por favor.

En un año, hemos visto la empresa casi quebrada para, tres meses después, pasar a ser 25 personas

Tengo una anécdota grabada a fuego: en mi clase del máster había tres personas que eran brillantes. El resto, éramos mediocres. No eran más listos, ni trabajaban más. Simplemente contestaban a esta pregunta de forma distinta: "Oye, ¿tú por qué estás en esta compañía?" La mayoría respondía: "Para formarme, dos años y me voy". Los otros tres respondían: "Quiero ser socio de esta compañía". Y esa es la única razón por la que eran mejores. Les apasionaba y eran imbatibles. Ahí vi la luz.

Ese mismo día me pregunté qué hacía ahí, y decidí que lo iba a dejar. Llamé a mis socios, y les dije que me iba a ir de PWC, que estaba decidido. Antes de decirlo en mi casa, lo dije en la compañía, siendo muy consciente de que era la primera decisión de mi vida. Nunca había hecho nada para construirme, para hacerme a mí mismo, siempre me había dejado llevar. Pero a los 22 años me dije, "ya eres mayorcito, chaval".

Mi madre lloró durante dos semanas y me dije a mi mismo que trabajaría todo lo que fuese necesario para que estuviesen orgullosos de mi. Y doy gracias por haberlo conseguido.

Recordad, por favor:

  • El riesgo es no hacerlo. El riesgo está en dejar de tomar decisiones. El riesgo está en no equivocarte. El riesgo está en dejarte llevar.
  • Si tienes miedo, significa que algo dentro de ti te dice que puedes hacerlo. Jamás temerías ponerte a volar mañana, porque es imposible. Por lo que, si el miedo existe, es que puedes hacerlo.
  • Pregúntate por qué haces lo que haces, constantemente. Si no lo haces, otros lo harán. Y serán mejores que tú. Porque les apasiona. Y ese impulso es mucho más fuerte que el dinero o que la bronca del jefe.
  • Si tu decisión es emprender, hazlo con coherencia. Estás haciendo algo distinto al resto del mundo, por lo que tu vida va a cambiar. Y te tiene que apetecer. No pretendas cambiar el mundo llevando la misma vida que el mundo. No tiene sentido.
  • El objetivo de nuestra educación no es encontrar trabajo rápido, sino encontrar el trabajo donde vamos a sacar todo nuestro potencial. Si no lo has encontrado, mueve el culo hasta que lo encuentres. Y si no existe, créalo.

Riesgo. Booh. 

Tribuna

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