Que no te engañen: la suerte (y no solo tu esfuerzo) decide el éxito como emprendedor

¿Influye la suerte a la hora de tener éxito como emprendedor? Muchos creen que es cuestión casi exclusivamente de tu trabajo. En realidad, la suerte es el factor fundamental

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Mi amigo, excompañero de trabajo y colega en esto del emprendimiento, Miguel Ángel Díez Ferreira, publicó ayer en este diario una columna sobre la escasa importancia de tener suerte o no para montar una 'startup'. Es un tema sobre el que llevamos mucho tiempo debatiendo y en el que tenemos opiniones muy diferentes. Opuestas, de hecho. Yo creo que la suerte es absolutamente esencial para tener éxito en casi cualquier cosa. Y me gustaría explicarlo comenzando con una cita de Napoleón: "Dadme generales con suerte".

Me considero una persona con muy buena suerte en general, he tenido algunos éxitos profesionales razonablemente importantes, y aún así creo que una parte muy grande del mérito se debe al azar. El psicólogo Daniel Kahneman se dedicó muchos años a estudiar una particularidad del funcionamiento del cerebro humano que se llama Heurística.

Básicamente, usamos ciertas reglas o atajos para llegar a conclusiones, generalmente válidas pero que en determinadas circunstancias nos hacen cometer errores graves. Un ejemplo es la claridad de las cosas que vemos. La mayoría de las veces una regla heurística basada en lo claro que vemos algo nos funciona a la perfección para juzgar la distancia entre dos objetos. Sin embargo, cuando la visibilidad no es tan buena y los bordes de los objetos son borrosos, tendemos a sobreestimar la distancia. Y, contrariamente, cuando en un día excepcionalmente claro vemos algo que está a mucha distancia, creemos que está cerca.

Centenares de investigaciones demuestran que sobrevaloramos nuestras probabilidades de éxito y minimizamos las del fracaso

Todos estos errores comunes se agrupan bajo el término de 'sesgos cognitivos'. Hay una larga lista de estos sesgos compilados por los investigadores. Por ejemplo, el sesgo de confirmación, que es la tendencia natural a buscar o interpretar datos de manera que confirme nuestra opinión. Estos sesgos suelen venir en pares, pero últimamente los psicólogos creen que vienen en grupo, configurando una especie de sistema inmunológico psicológico. Funciona para que no creamos que nuestras vidas no tienen sentido ninguno, y su efecto es darnos una seguridad aplastante en nosotros mismos.

Centenares de investigaciones demuestran que sistemáticamente sobrevaloramos nuestro atractivo, inteligencia, ética, probabilidades de éxito (tanto laboral como de que nos toque la lotería...), y que minimizamos las probabilidades de que nos ocurra una desgracia (cáncer, bancarrota, ser engañados...).

Todas estas cosas hacen que todos pensemos que cuando algo nos va bien es porque nos lo merecemos, cuando muchas veces nuestra mente, o nuestro sesgo de confirmación, nos dice que cuando hemos triunfado es que lo merecemos mientras que si nos va mal, se debe a factores externos. Así, la mala suerte es mencionada como un factor habitual de fracaso pero la buena suerte es mucho menos valorada como factor de éxito.

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De manera general, podemos decir que hay un tipo de suerte genérica que eleva nuestro nivel de posibilidades de éxito, que es la de la familia que te ha tocado. Si has nacido en una familia con un nivel cultural elevado, sin privaciones materiales, y con acceso de forma relativamente sencilla y con poco esfuerzo a determinadas cosas, tu vida va a ser fundamentalmente más exitosa que si no has nacido en ese ambiente.

El ejemplo más fácil es el conocimiento de idiomas. Hablar correctamente un idioma extranjero requiere generalmente pasar tiempo en un país extranjero, actividad que suele ser hecha por gente que pertenece a familias que tienen recursos para ello. La chica de quince años que va a pasar un año de intercambio en EEUU, con sus padres pagando el coste, no ha hecho ningún mérito objetivo para poder ir, simplemente ha tenido la suerte de nacer en su familia.

El haber nacido en la familia 'correcta' es un elemento azaroso que proporciona una ventaja

Por otro lado, estar dentro de determinados ambientes proporciona un círculo de contactos (para bien y para mal, se suelen plasmar en el encontrar un buen empleo gracias a un enchufe) que proporciona, aparte de oportunidades, un colchón que hace que en general se tenga menor aversión al riesgo, y por tanto más oportunidades. De nuevo, el haber nacido en la familia 'correcta' es un elemento azaroso que proporciona una ventaja.

Al margen de los aspectos más básicos que nos pueden facilitar las cosas, existen otro tipo de suertes que se manifiestan de formas más complejas. Cuando hablamos de la necesidad de estar en el lugar y momento adecuados para lanzar un negocio, no estamos definiendo nada más que una manifestación del azar. El que fracasa por lanzar una idea un par de años antes de que el tiempo de esa idea llegue, no es peor emprendedor que el que acierta con ese momento.

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Como decía Picasso, "la inspiración llega, pero es mejor si te pilla pintando". Hay que pintar, pero hay que acertar con el momento. Obviamente, si aciertas, tu sesgo de confirmación te dirá que eres un genio de los negocios, y si no, que has tenido mala suerte.

Lo mismo pasa con las suertes de elementos más blandos, como la elección de socios. Un buen socio te arregla la vida, uno malo te la destruye, pero en el momento incial ambos parecen igual de buenos. Si tu socio es un desastre y te engaña, tuviste mala suerte, pero si todo funciona, de la suerte no se acuerda nadie.

Juan Dominguez fundó Viajar.com en 1999, fue parte Ya.com, y en la actualidad es fundador y CEO de Adglow.

Tribuna

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