La fuerza de los prejuicios: "Al pasar por la calle, oía cómo se iban cerrando los coches"

En estos días ha saltado a los titulares de los periódicos un hecho acaecido en EE.UU que ha conmocionado a la opinión pública, sublevado a la

En estos días ha saltado a los titulares de los periódicos un hecho acaecido en EE.UU que ha conmocionado a la opinión pública, sublevado a la comunidad negra y recorrido una ola de indignación por todo el país: la muerte de un joven adolescente negro a causa de los disparos realizados por un autonombrado vigilante de barrio, apellidado Zimmerman, simplemente porque le conminó a que se detuviera  y no fue obedecido.

Esta lamentable y trágica muerte pone de actualidad un tema que los psicólogos han venido investigando desde hace años, como es la existencia de prejuicios raciales o de género en nuestra sociedad, la forma en que éstos condicionan nuestro comportamiento y la espinosa cuestión acerca de si existe una cobertura legal o social que los ampara.

Raza y violencia

El Presidente Obama abrió en su discurso una vía de reflexión social sobre las tres cuestiones. Veamos con detenimiento qué dijo al respecto, cuánto de sus afirmaciones se halla sustentado por la luz arrojada mediante las investigaciones psicológicas y qué cuestiones permanecen como interrogantes abiertos necesitados de reflexión social e individual.

Con frecuencia se trasluce cierta actitud moralizante que culpabiliza a la víctima

A Obama le preocupaba mucho cómo sería de nuevo percibida la comunidad negra tras las imágenes mostradas por la televisión de jóvenes de color volcando coches o destrozando el mobiliario urbano. Lo previsible era que para muchos estadounidenses dichas imágenes ayudarían a alimentar y confirmar el estereotipo contra los negros al ser presentados de nuevo como violentos frente a la opinión pública.

Las investigaciones de Psicología Social sobre los prejuicios y cómo éstos funcionan concluyen algo muy importante a considerar y Obama lo tuvo enormemente en cuenta en su alocución dirigida a los estadounidenses. Y es lo siguiente:

“No siempre es fácil para quien nunca ha soportado el prejuicio comprender completamente lo que significa verse como objetivo del prejuicio. No es fácil para un miembro relativamente seguro de la mayoría dominante que tenga una reacción empática. Tal vez se compadezca y desee que las cosas no fuesen así, pero con frecuencia se trasluce cierta actitud moralizante, cierta tendencia a culpabilizar  a la víctima”.

los estereotipos tienen una vertiente positiva en el sentido de que constituyen una manera de ordenar el mundo

Obama, con sensibles palabras, instaba a la población blanca a una respuesta empática para comprender la reacción emocional de la comunidad negra contrarrestando así el efecto adverso que conllevaría ver a jóvenes negros expresando su ira con comportamientos vandálicos por una sentencia absolutoria e injusta.

Reproduzcamos sus palabras exactas:

Este país tiene un pasado de violencia, de injusticia y por eso hay que entender la rabia e incomprensión de la comunidad afroamericana”.

Podemos pensar que a Obama le otorga una legitimidad adicional  saberse miembro de una minoría y protagonista de situaciones donde él mismo fue objeto de actitudes prejuiciosas. Y así nos lo relata:

Muy pocos afroamericanos no han tenido la experiencia de ser perseguidos en una tienda o caminar por las calles y escuchar cómo se iban cerrando las puertas de los coches. O entrar en un ascensor y notar como una mujer cierra apresuradamente su cartera y aguanta la respiración hasta que llega a donde quiere. Eso me pasó a mí antes de ser senador”.

Un proceso desadaptativo y potencialmente peligroso

Han de saber que los estereotipos no se construyen principalmente sobre experiencias válidas sino que se forman a partir de rumores e imágenes confeccionadas por los medios de comunicación o bien se generan en nuestra cabeza como medio de justificación de nuestros propios prejuicios y de nuestra propia crueldad.

Cuando generalizamos las características o los motivos a todo un grupo estamos estereotipando. Es decir, podemos pensar que todos los gitanos son ladrones o que todos los negros tienen un sentido del ritmo y bailan bien.

Todos los negros son iguales, pandilleros, delincuentes o potenciales delincuentes, drogadictos, etc.

Desde niños aprendemos a agrupar características idénticas. Los grandes investigadores como Aronson dicen que todos lo hacemos de una u otra manera. Y que los estereotipos tienen una vertiente positiva en el sentido de que constituyen una manera de ordenar el mundo y no puede considerarse en sí mismo un acto abusivo intencional. Los problemas sobrevienen cuando el  estereotipo nos impide ver las diferencias individuales dentro de un grupo de personas. Lo convertiría  entonces en un proceso desadaptativo y potencialmente peligroso. Por ejemplo si pensamos cosas del tipo: “Todos los negros son iguales, pandilleros, delincuentes o potenciales delincuentes, drogadictos, etc.”

El dedo en la llaga

Si esto es así: ¿Cuánto de nuestra reacción ante el otro vendría condicionada por nuestros prejuicios? ¿Proyectamos en el otro unos atributos que no tienen nada que ver con lo que la persona es e interpretamos su comportamiento en base a nuestras suposiciones?

Obama puso el dedo en la llaga sobre el complejo y sensible tema  de los prejuicios al aludir a la cobertura legal hacia las actitudes prejuiciosas. Probar que una persona no tiene “la intención de matar o un desprecio manifiesto hacia la vida humana” puede no ser incompatible con la existencia de actitudes prejuiciosas que determinen la reacción desmedida ante la conducta de otra persona y nos predispongan a reaccionar de una u otra manera.

Y reflexiona abiertamente sobre el tema:

Creo que sería útil estudiar algunas leyes estatales y locales para ver si están diseñadas de tal modo que puedan estimular este tipo de altercados y tragedias, como sucedió con Trayvon Martin”.

Por lo tanto, no debemos ser pasivos individual o socialmente ante los prejuicios. Ya que éstos pueden condicionar las atribuciones (positivas o negativas) que hacemos acerca del por qué una persona actúa de determinada manera o incluso podemos llegar a elegir estrategias confirmatorias sobre los propios prejuicios de forma que “nuestras creencias crean la realidad”. Los prejuicios nos restan capacidad para ver al otro con sus diferencias y esto es terriblemente peligroso.

Seamos pues conscientes y arrojemos luz entre todos sobre nuestros propios prejuicios y cómo éstos nos influencian para evitar en lo posible muertes hirientes como la de Trayvon Martin

Alma, Corazón, Vida
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