Mi hija, virgen hasta el matrimonio

¿En qué quedamos? ¿Somos las mujeres libres de acostarnos con quien nos apetezca o seguimos en la tónica del todas putas menos mi madre y mi hermana (y mi hija)?

Foto: Un joven padre, pensando en cómo proteger a su indefensa hija de los malvados hombres. (iStock)
Un joven padre, pensando en cómo proteger a su indefensa hija de los malvados hombres. (iStock)

Con la treintena, llegó a mi grupo de amigos, conocidos y gentes de alrededor un 'baby boom' desorbitado que nos tiene buena parte del tiempo libre hablando del futuro de nuestros retoños, la educación que queremos darles y los valores que nos gustaría llevaran por bandera. Me sorprende la cantidad de contradicciones que tengo que escuchar cada vez que sale el bendito tema de la igualdad. Cuando se habla de los hijos propios, de las hijas más bien, sale a la luz la verdadera opinión que tienen nuestros amigos de, por ejemplo, la sexualidad femenina.

Quiero pensar que, a día de hoy, pocas veces un adulto será tan osado como para afirmar en público que las mujeres no podemos tirarnos a quien nos dé la gana y cuando nos dé la gana. ¡Pero, ay, amigos! ¿Qué ocurre cuando la ecografía del futuro churumbel revela que será una niña? Que, entonces, padres de todos los rincones corean a los cuatro vientos que a su hija nadie le tocará un pelo, que no permitirá que se aprovechen de ella y que se llevará un disgusto tremendo cuando se entere de que ya no es virgen (pongo la mano en el fuego y no me quemo de que cada uno de los lectores de este texto han escuchado algo parecido en al menos una ocasión). Y yo, que no me corto un pelo, les pregunto si dirían lo mismo si fuera un niño. Y ellos, que se cortan aún menos, me recriminan que si mi bebé, que es varón, fuera una niña, no hablaría de esta manera porque, me guste o no, “no es lo mismo”. Y se quedan tan anchos.

No sé qué avances podemos esperar cuando la gente joven deja claro que a su hija la educará en represión sexual y que será paternalista por su bien

¿Entonces, en qué quedamos? ¿Somos las mujeres a ojos de los hombres libres de acostarnos con quien nos apetezca o seguimos en la tónica del todas putas menos mi madre y mi hermana (y mi hija)? Si en algo estamos todos de acuerdo, es en que acabar con el machismo depende en gran parte de la educación que recibamos. No sé qué avances inmediatos podemos esperar cuando gente joven, que está teniendo hijos en este preciso momento, deja claro que a su hija la educará en represión sexual —porque eso es lo que destila ese tipo de comentarios—, que será paternalista y que —esta es mi parte favorita— lo hará por su bien. Hablando en plata, que hay que protegerlas porque los chicos solo quieren meterla. Ellas, al parecer, no pueden querer solo que se la metan.

Este tipo de educación es perjudicial para ellas y para ellos. Los niños crecen sabiéndose privilegiados, superiores, y al hacerse adultos actúan en consecuencia. Son perfectamente conscientes de que la libertad de la que gozan cuando salen de fiesta con sus amigos se les niega a sus hermanas y compañeras. No hay que ser un lince para darse cuenta, los padres piden abiertamente que si se encuentran un hermano y una hermana, le echen un ojo, aunque ella sea la mayor. Que se preocupen de lo que está haciendo y que si pueden, vengan juntos a casa para que no tenga que volver sola, por poner un ejemplo.

La próxima vez que queráis llorar por la virginidad mancillada de vuestra futura —o recién nacida— hija, hacedlo en un lugar donde no pueda oíros nadie. No quiero que mi hijo escuche ese tipo de comentarios. Así, al menos, aunque no hagáis nada por acabar con el machismo, tampoco entorpeceréis a quienes sí intentamos educar en igualdad.

Con dos ovarios
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