Ajedrez: ¿Dónde están los aliados de la campeona de ajedrez Anna Muzychuk?. Blogs de Con dos ovarios

¿Dónde están los aliados de la campeona de ajedrez Anna Muzychuk?

Si los que la aplauden secundaran realmente nuestra lucha, si los jugadores hombres renunciaran como ella a participar en el torneo, Muzychuk no tendría que perder sus títulos

Foto: La campeona de ajedrez Anna Muzychuk (Reuters)
La campeona de ajedrez Anna Muzychuk (Reuters)

En las últimas 24 horas he visto al mundo aplaudir la decisión de Anna Muzychuk, doble campeona mundial de ajedrez, de no participar en el torneo que se celebra en Arabia Saudí. La jugadora ucraniana alega que no quiere acudir a un país en el que es considerada persona de segunda. Se niega a tener que salir a la calle acompañada por un hombre y a vestir ocultando su cuerpo como si fuera algo de lo que avergonzarse. Las redes y los medios de comunicación se han poblado de mensajes en los que destacan las palabras “valiente” y “dignidad”.

Eso es todo lo que ha recibido, ni un acto de apoyo por parte de la organización, compañeros o de quienes realmente tienen en su poder cambiar las reglas del juego.

Anunciaba su decisión en un mensaje de Facebook en el que recalcaba que toda esta situación era molesta y decepcionante porque “a casi nadie le importa”. Así es. Estamos solas. Me pregunto dónde están los aliados. Me resulta incomprensible que el resto de jugadores – lo de la organización no tiene nombre – no se nieguen también a participar en un país que, efectivamente, no trata a las mujeres como si fueran personas. Me sorprende que no se opongan a competir en un lugar en el que sus compañeras no están seguras ni pueden sentirse cómodas durante el juego.

Si secundaran realmente nuestra lucha, si renunciaran como ella a participar en el torneo, Muzychuk no tendría que perder sus títulos. Pongo el foco en ellos porque ellos son el sistema. Hemos llegado a un punto en el que no basta con aplaudir desde la barrera. Quien no nos acompaña forma parte del problema y es tan culpable como la organización o quienes dictan esas leyes y normas que tanto nos perjudican.

Nuestros compañeros, quienes se hacen llamar aliados, miran a otro lado cuando realmente se les necesita. No es suficiente con acompañarnos a una manifestación o tuitear consignas feministas. Ser aliado es renunciar a sus privilegios para que nosotras podamos ocupar el lugar que nos corresponde. Si de verdad no se consideran machistas, no hay mejor forma de demostrarlo que negarse a participar en congresos, premios, competiciones o mesas de debate en programas de televisión sin mujeres o en lugares donde las normas no son las mismas para ambos.

Si los que la aplauden secundaran realmente nuestra lucha, si los hombres renunciaran como ella, no tendría que perder sus títulos


Siempre me ha llamado la atención que tengamos interiorizado salir a manifestarnos por cualquier conflicto o abuso, desde el cambio climático al maltrato animal, pero que cuando el tema va de igualdad se nos exija luchar en solitario. Que son “cosas de chicas”, dicen. Así suceden injusticias como esta: todo el mundo aplaude a una mujer que renuncia a defender sus dos títulos de campeona mundial por el machismo de un país pero a nadie se le ocurre decir “¡Un momento! ¿Es que no vamos a hacer nada por evitarlo?”. El mito del príncipe azul que rescata a la princesa solo lo aplican cuando hay un polvo como recompensa. Y claro, no es el caso.

Empezamos a educar a las niñas para que defiendan su posición y no teman actuar con firmeza si sus derechos se ven vulnerados, pero seguimos educando a los niños en que todo el campo es orégano y que son los reyes del mambo. Solo así se explica que con apenas una semana de diferencia, Anna Muzychuk se niegue a participar en Arabia Saudí por defender sus derechos mientras que Xavi declara que aunque en Qatar no hay un régimen democrático la gente es feliz. Es un ejemplo bastante representativo de cómo los hombres y las mujeres vemos el mundo. O mejor, de cómo los hombres se ponen una venda para no tener que renunciar a sus privilegios.

Dentro del torneo que nos ocupa encontramos más de estos ejemplos. Participantes como Paco Vallejo, ajedrecista español, han criticado la decisión de Muzychuk y defienden que las mujeres están jugando sin velo. Ignoran, no es casualidad, que ella ha especificado que no quiere salir acompañada a la calle ni estar en un país en el que es considerada menos que los varones. Lo que ocurra dentro del torneo es lo de menos. Imagino que como ellos no quieren renunciar a sus privilegios como hombres creen que nosotras tampoco querríamos renunciar a los nuestros como mujeres occidentales. Se cree el ladrón…

Según algunos de estos participantes el sensacionalismo y la polémica es lo que mueve a la campeona a renunciar a la oportunidad de mantener sus títulos y, con ellos, a un premio de 250.000$. La lógica del patriarcado les empuja a pensar que hacernos las víctimas es más gratificante que ganar un cuarto de millón de dólares y ver nuestra foto en los periódicos – esto con suerte, que hablamos de mujeres – sosteniendo medallas.

Son incapaces de ver que siempre somos nosotras quienes tenemos que elegir, renunciar o sopesar si nuestra dignidad debe estar por encima de nuestros objetivos. Reconocerlo les obligaría a posicionarse de nuestro lado para poder dormir tranquilos. Es más fácil tildar a quien se queja de histérica o exagerada que mirarse a uno mismo y preguntarse que pueden hacer para ayudar a cambiar la situación, aunque con ello tengan que renunciar a algo. Nada nuevo bajo el sol. No os sorprenda que alguno de ellos antes de abandonar el país comparta en Twitter que, a pesar de tener que ir acompañadas por la calle e ir tapadas quieran o no, las mujeres en Arabia Saudí son muy felices.

No queremos socios de boquilla. Ya tenemos bastante con la labia de los que nos entran en las discotecas. A Dios pongo por testigo que educaré a mi hijo para que jamás volvamos a decir: “Aliado el que tengo aquí colgado”.

Con dos ovarios

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