Cómo controlar el enfado antes de que él nos domine

¿Qué tal ha empezado el día? ¿Prisas, tráfico, un compañero se ha empeñado en amargarle la mañana, tal vez su cónyuge? Si ha sido así, quizá

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    ¿Qué tal ha empezado el día? ¿Prisas, tráfico, un compañero se ha empeñado en amargarle la mañana, tal vez su cónyuge? Si ha sido así, quizá no sea una buena idea leer ahora las noticias. Puede ser que alguna le enfade aún más. Mejor esperar un rato.

    A lo largo del día muchas situaciones generan enfado. Pero en realidad, enfadarse no es malo. Eso sí, siempre que este malestar no empiece a ser habitual. Porque si eso ocurre, debemos tener cuidado. Corremos cierto peligro. Más del que quizás conocemos.

    Riesgos de enfadarse cada vez con más frecuencia

    Y es que aunque el enfado sea esporádico siempre es una fuente de riesgo. Genera emociones impredecibles y poderosas y a veces nos vuelve agresivos. Hace unos días el tenista David Nalbandian pateó un cartel publicitario al perder su servicio en la final de Queens. Un juez de línea resultó herido. Pidió disculpas y dijo: “No quería hacerlo. A veces te enfadas, no puedes controlar y pasan ese tipo de cosas”. Puede entenderse, pero el mal está hecho.

    Casos así son frecuentes. ¿Basta siempre con el arrepentimiento para solucionar los daños de un arrebato? Sabemos que no. Por eso al enfado hay que mantenerlo a raya. Y más sabiendo que funciona como una batería y se recarga con el uso. Cada vez se activa más fácilmente y con más intensidad. Los esfuerzos por controlarlo se vuelven cada vez más ineficaces.

    Pero al primero que daña es al que lo padece. Muchos estudios han dado buena cuenta de los riesgos y perjuicios de vivir en un estado permanente de enfado. Veamos los más importantes:

    *Afecta al estado emocional. Se ha demostrado que los que se enfadan asiduamente son más propensos a padecer intranquilidad, ideas recurrentes, ansiedad, depresión, insomnio, etc.

    *También puede afectar gravemente a la salud física. Numerosos estudios, como el realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y recogido por Goleman en 1996, demuestran que cuando los episodios de ira y enfado son frecuentes se incrementa enormemente la probabilidad de padecer enfermedades coronarias. Aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Se alteran los niveles de adrenalina y noradrenalina, etc.

    *Pero por si fuera poco, puede instaurarse en la personalidad hasta acabar desarrollando un patrón de Tipo A, propio de personas hostiles, agresivas, de habla fuerte rápida, con tendencia a explosiones, impacientes... ¡Qué pena!

    ¿Cómo mantener la ira a raya?

    Está claro. Aprender a manejar la ira es necesario. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Es bueno liberar el enfado?

    Hasta hace poco, casi no había investigaciones sobre los efectos de las diferentes formas de expresar enojo. Recientemente en el departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UNED, se ha realizado un estudio con 327 mujeres. Se comprobó que expresar enfado y ira es mucho más sano que reprimirla ya que, aunque se alteren los parámetros biológicos, estos se reequilibran más rápidamente que si se reprimen.

    Así mismo, contamos hace poco con un estudio de la Universidad de Harvard, realizado con más de 23.000 varones. Durante 2 años se analizó el comportamiento de éstos al enfadarse. Comprobaron con sorpresa que los que exteriorizaban su enfado moderadamente tuvieron un 50% menos de infartos que los que reprimían completamente su ira. Interesante resultado.

    Así que según estos datos, reprimir el malestar nunca es una buena opción. Entonces, ¿qué hacer? Luchar contra el enfado no siempre resulta fácil. Los especialistas coinciden en señalar la eficacia de algunas técnicas:

    *Entender el motivo del enfado. Debemos intentar localizar qué es lo que despierta nuestra ira. ¿Cuántas veces estamos enfadados sin saber por qué?  

    *Tras ello, debemos buscar alternativas y tomar decisiones que nos lleven al bienestar.

    *Expresar el enojo de manera tranquila es buena opción. Pero cuando nos enfadamos tanto normalmente hay que mejorar la comunicación. También la forma de solucionar problemas.  

    *También entrenar técnicas de reestructuración cognitiva para intentar cambiar la forma de pensar. Se debe controlar la expresión verbal, fuente de pensamientos irracionales o el empleo de palabras extremas: “Siempre que toca a mi”, “nunca me eligen para lo bueno”…

    *Pero cuando la ira nos domina es necesario cambiar de entorno o actividad. Entrenar estrategias que ayuden a interrumpir el recuerdo de lo que nos enfada. Salir, tomar distancia, poner la radio, cantar con fuerza, cambiar de actividad, etc. Volver sólo al sentirse calmado.

    *Entrenarse en relajación, respiración o imaginación: es siempre una buena decisión. Se puede recurrir a ello en cualquier situación de estrés, enfado o ira.

    *El humor también se ha mostrado altamente beneficioso en el control del malestar. Ayuda a poner distancia a relativizar lo que nos enfadan. También el ejercicio físico ayuda.

    *Y cuando todo falla, lo mejor es acudir a un especialista. Cuando la ira está fuera de control, afecta las relaciones, a la vida. Por qué renunciar a ellas. Mejor un médico o un psicólogo.

    Pero una cosa es controlar el enfado cuando ya domina nuestra mente y otra muy diferente es reprimirlo y ni siquiera llegar a sentirlo. Alcanzar este estado de paz es el objetivo.

    Lograrlo es posible. El budismo, la meditación, el yoga, el mindfulness, son caminos válidos. Se ha demostrado que la práctica regular de estas disciplinas ayuda a controlar emociones negativas y fortalecer otras necesarias para alcanzar una vida plena.

    Y esta práctica no es ninguna tontería. Nuestra vida actual nos hace generar muchas emociones negativas y estas pueden acabar pasándonos factura. Nadie está libre. ¿No fue acaso Zidane, ese hombre tranquilo, correcto y educado, quién transformó su imagen por el enfado de un solo partido? Qué pena. Hasta en eso debemos agradecer su ejemplo.

    Claro que hay otros personajes del deporte, siempre enfadados, a los que su profesión acabará matando. Probablemente por un infarto. Eso al menos, sugiere la investigación más reciente…. Aunque quién sabe. Puede que alguno de ellos hoy lea esta sección y recapacite. Ojalá.

    Diván Digital
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