¿Pueden falsificarse las emociones?

Aunque en la película La mejor oferta revolotea el misterio, el suspense, la intriga, los personajes inquietantes y el arte, el epicentro de la historia es

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¿Pueden falsificarse las emociones?
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    Aunque en la película La mejor oferta revolotea el misterio, el suspense, la intriga, los personajes inquietantes y el arte, el epicentro de la historia es el mundo interior del personaje: sus sentimientos. Es una película intimista y de sentimientos. Para hablarnos de ello, a medida que avanza la historia van sucediendo hechos externos a modo de círculos concéntricos que van aportando piezas para que avance la historia: 1) las subastas y el amigo; 2) la tasación, la casa, la mujer con agorafobia; 3) el joven mecánico; 4) la conquista, el amor. Y todo ello es para ir acercándonos poco a poco al centro de la diana y conocer el interior del personaje protagonista, Virgil.

    Todo corazón tiene una historia. ¿Cuál es la de Virgil? ¿Y la nuestra?

    La primera escena del film se abre con la palabra “arcón”: encabeza un largo listado de  del inventario que realiza Virgil en un sótano oscuro donde huele y descubre una obra de arte que califica como una falsificación. Tal vez es una casualidad, pero Virgil es como un “arcón” cerrado, que intuimos está a punto de ver la luz pero no sabe si descubrirá algo auténtico o una falsificación. Virgil es muy cuidado por fuera –vemos la exigencia de sí mismo en el cuidado de sus cabellos, el exquisito vestuario, los múltiples guantes, las formas en el lenguaje, en la mesa…–,  pero muy poco cuidado por dentro. De niño creció en un orfanato y el vacío de amor de madre y de mujer en su corazón lo intenta llenar con un “arcón” que ha creado él mismo en el interior de su casa, como si de su corazón se tratase, oculto al mundo, en el que va coleccionando retratos de mujeres.

    La contemplación de estas mujeres de óleo llena su alma desde su mirada artística y de hombre. El propio Virgil afirma en una escena que tiene a las mujeres tanto respeto como temor. Pero a estas mujeres de su “arcón” puede contemplarlas sin temer nada. La vida le presenta la oportunidad de conocer a Claire, una mujer que, por la enfermedad psicológica que presenta, muestra más miedo que él, y ese corazón de Virgil, cerrado a cal y canto al amor, encuentra en esa mujer una grieta por donde va descubriendo no sólo a ella, si no a sí mismo y su capacidad de amar.

    ¿Diferenciamos en la vida lo falso de lo auténtico?

    “Todo puede falsificarse, plagiarse, incluso la vida misma: las emociones, la alegría, la enfermedad, el amor. Toda falsificación tiene algo de auténtico”. El guión insiste en estas premisas en boca de los personajes y  al mismo tiempo ocurren hechos que despiertan los sentimientos de Virgil, quien se deja llevar por el susurro que producen y no se plantea si la historia que transcurre y en la que se encuentra inmerso es auténtica o es una falsificación. Únicamente percibe la autenticidad de su propia experiencia –obsesión, deseo, enamoramiento, sentimientos…– enfrentándose a un mundo interior desconocido pese al riesgo de fracaso que supone.Lo que deseamos ver pesa más que lo que en realidad vemos

    ¿Lo auténtico facilita y lo falso dificulta? ¿O lo auténtico dificulta y lo falso facilita? ¿Hay una verdad única? ¿Completa? ¿Se puede diferenciar? Por ejemplo, la agorafobia que presenta Claire parece una dificultad, pero al mismo tiempo es una facilidad para él, le produce una curiosidad que supera al miedo y acaba en deseo por conocerla. La casa de Claire, aunque abandonada, con cierto misterio y llena de arte también es una facilidad para él, ya que se encuentra cómodo en un escenario entre obras artísticas que domina y ello le da seguridad para acercarse a ella.

    También ocurren acciones concretas por parte de Claire que me llaman la atención, como cuando Claire se hiere el pie y se sienta frente a él como El niño de la espina, la escultura clásica que Virgil seguro que conoce y sabe qué significó la naturalidad, la fidelidad de aquel joven muchacho que ve ahora reflejada en Claire; o el momento en que Claire se sumerge en la bañera, cuando ella confiesa haber sido abandonada por su primer y único novio, evocando la imagen de Ofelia bajo las aguas. El personaje de Ofelia de Shakespeare, ofrece sencillez, inocencia de deseos y pensamientos, delicadeza en sentimientos y en actos, candor, capacidad para el afecto. Y presentimos que Virgil, por sus conocimientos también lo sabe. Es muy posible que haya más escenas que imitan/falsifican obras de arte, les invito a buscarlas.

    En el caso de Virgil, como en la vida misma, tenemos tendencia a asociar y a confundir este tipo de escenas, -imágenes afines a nuestra historia o imaginario-, como indicios y señales de algo auténtico y no como falsificaciones.  

    La apertura al amor

    Virgil es capaz de descubrir una falsificación de una obra de arte antes que el microscopio. En cambio, no es capaz de descubrirlas en la vida. Y al resto de los mortales es muy posible que nos pase lo mismo en determinadas situaciones, donde lo que deseamos ver pesa más que lo que en realidad vemos, como muy bien estudió la psicología de la percepción.

    Las peripecias y hechos externos se van sucediendo en la película para contar la historia y concluir el desenlace, pero en ese momento, Giuseppe Tornatore, guionista y director del film, todavía entra un poco más en la profundidad de los sentimientos de Virgil y es entonces cuando sin saber la forma en que lo va a resolver, me acuerdo de Cinema Paradiso y presiento la esencia del final. Se dimensiona, no el argumento, sino lo vivo.

    Falsificación o autenticidad… Viendo a Virgil entramos en el plano donde las almas sufren, para recordar que sufrir y vivir son quehaceres de una importancia insospechable. Virgil ha vivido una experiencia. Su alma dolida pero abierta de par en par ahora espera a alguien. El “arcón” de Virgil se ha abierto para siempre al amor.

    Es posible que tras el visionado de la película busquemos en las galerías de nuestro corazón y buceemos entre las falsificaciones vividas y lo auténtico que nos quedó.

    El arte de vivir
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