Tú no tienes la culpa de estar deprimido: la tienen los escritores de autoayuda

Los pensamientos positivos o las ideas autoindulgentes como receta para salir de estados depresivos son un engaño y en muchas ocasiones, contraproducentes

Foto: Una mujer en un agujero oscuro. (iStock)
Una mujer en un agujero oscuro. (iStock)

Un lector nos cuenta en su email: “(…) y hace más de un año que me encuentro mal. No tengo ganas ni de levantarme de la cama. No tengo ganas de hablar y cada vez salgo menos de casa. Me siento triste casi todo el tiempo, a veces lloro sin saber por qué

De verdad que he intentado salir de ese estado. He leído muchos libros de autoayuda y sé que todo depende de mi fuerza de voluntad. Sé que ser optimista y usar frases motivadoras me va a funcionar. Pero no lo consigo y cada vez estoy peor. Me siento culpable por no conseguir animarme. ¿Qué hago mal, por qué no logro remontar motivándome y siendo positivo?

A todos nos encantaría que se cumpliera una especie de 'Ley de Atracción' y que repitiendo mensajes optimistas todo nos saliera bien

Tú no haces nada mal: los crueles son los escritores de libros de autoayuda que venden la falsa idea de que basta utilizar mensajes positivos para salir de las crisis psicológicas graves. Los que te han contado eso saben que es mentira. De hecho a ellos no les funciona. Ni siquiera predican con el ejemplo: sus métodos no les hacen más felices. Escritores de autoayuda “arrepentidos”, como Michelle Goodman, están empezando a denunciar la discrepancia entre las promesas de felicidad que hacen en sus libros y la triste realidad de su vida cotidiana.

La idea de que “pensar en positivo” cura depresiones es simple pensamiento mágico. El psicólogo Giorgio Nardone, por ejemplo, lo denuncia en su libro 'Psicotrampas'. A todos nos encantaría que se cumpliera una especie de 'Ley de Atracción' y que repitiendo mensajes optimistas todo nos saliera bien. Con esa esperanza los hombres del paleolítico pintaron mamuts y bisontes esperando encontrárselos a la salida de la cueva. Era una idea tierna, pero jamás funcionó.

No fallas tú, falla el método

No te sientas culpable porque no te funcione una táctica ineficaz. Nardone presenta datos de un fenómeno que muchos terapeutas conocemos por experiencia: cuando una persona deprimida intenta pensar de forma optimista la mayoría de las veces acentúa su estado melancólico. Hay una razón para ello: en los momentos de bajón, solemos funcionar por comparación con el resto de seres humanos. Tratar de pensar de forma positiva y no lograrlo cuando creemos que otras personas lo han conseguido usando esa táctica nos entristece. Cuando estamos mal nos agobia nuestra imposibilidad de acceder al 'país del bienestar'. Por eso es importante que investigues y veas que no es culpa tuya, que es el método el que falla.

Es un estado transitorio. (iStock)
Es un estado transitorio. (iStock)

Deja de compararte con los que en este momento están felices. Como decía mi abuelo, la vida no es igual para todos. La falacia de estos libros está en que confunden causas y efectos. Nos dicen que nos fijemos en los pensamientos eufóricos que caracterizan a las personas que están bien. Y nos intentan hacer creer que ahora se sienten satisfechos gracias a que en los malos momentos estuvieron alegres y esperanzados. Es una hipótesis 'comenubes' falsa: no solemos tener suerte porque mostramos buen estado de ánimo, sino que más bien mostramos buen estado de ánimo porque ahora tenemos suerte. No empieces la casa por el tejado: creer que el optimismo iluso va a hacer que las cosas te vayan bien es como pensar que comprar yates de lujo te va a llevar a hacerte rico. Cambia a la vez tu vida y tu estado de ánimo: después serás feliz.

La melancolía, la rabia, el temor, el cinismo y el comportamiento retador son fenómenos que nos ayudan a cambiar lo que no funciona

Acéptalo: tienes que pasar por emociones desagradables para poder cambiar tu mundo a mejor. La ensayista Barbara Ehrenreich en su obra 'Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo' es una de los pensadores que han reivindicado el potencial de estos necesarios sentimientos “negativos”. A todo esto, ¿no te parece inquietante que en los libros de autoayuda se denomine así a las emociones rebeldes que transforman la realidad? Ehrenreich nos recuerda en su libro que la melancolía, la rabia, el temor, el cinismo y el comportamiento retador son fenómenos psicológicos que nos ayudan a cambiar lo que no funciona en nuestras vidas. La negatividad es siempre el principio del cambio. No podemos saltarnos los pasos previos e ir directamente al final feliz, digan lo que digan los autores que estás leyendo.

Enfádate con lo que te está amargando la vida: la cólera es más antidepresiva que la tristeza. La depresión es ira interiorizada. Cuando no somos capaces de enfrentarnos a los que pisan nuestros derechos, nos cabreamos con nosotros mismos y entramos en síndrome de indefensión. Gabriele Oettingen, profesora de Psicología de la Universidad de Nueva York, muestra en sus investigaciones que pensar en positivo y evitar el desasosiego por nuestra situación lleva a las personas a sentirse mejor en el presente, pero también les hace perder motivación para cambiar sus malas circunstancias. La razón es que si disfrutamos de una experiencia que estamos deseando como si ya la hubiéramos conseguido, desaparecen la desazón y el entusiasmo necesario para lograr nuestro objetivo.

Sentimientos transitorios

Alégrate de no conseguir engañarte a ti mismo: solo demuestra que no eres un iluso. Hace unos años, los psicólogos W.Q. Perunovic, J. Wood y J. W. Lee realizaron un experimento en el que pedían a un grupo de personas intentar interiorizar una frase clásica del positivismo naif: "Soy una persona encantadora". Después, evaluaron el estado anímico de los participantes. Y comprobaron que las personas que empezaron el experimento con baja autoestima acabaron sintiéndose mucho peor que al principio. A las personas inseguras que atraviesan momentos difíciles de la vida el pensamiento 'comenubes' les hace sentirse más indefensos. Las alabanzas irreales nos suenan a compasión y nos entristecen, da igual que las hagan los demás o que nos las repitamos nosotros mismos.

Enfádate con lo que te amarga. (iStock)
Enfádate con lo que te amarga. (iStock)

Sé realista y quítale dramatismo a tus sentimientos: son transitorios. Tus emociones fueron adaptativas, pero la carga de desesperanza que les da la depresión las ha hecho limitadoras. Crees que vas a estar así siempre y no es cierto. El terapeuta Aaron Beck (entre otros psicólogos) nos revela que el sentimiento depresivo se basa en creencias catastróficas irracionales. La enfermedad te hace pensar negativamente acerca de ti mismo (“No valgo para nada”), de lo que te rodea (“Nadie me quiere de verdad”) y del futuro (“Me voy a quedar así para siempre”) Estas elucubraciones no son ciertas, vienen de errores cognitivos que dispara la depresión: te centras solo en lo malo y maximizas sus efectos, anticipas acontecimientos negativos que no han sucedido y muchas veces no ocurrirán pero te hacen caer en el nihilismo, clasificas todo en blanco o negro sin ver los grises,… Analiza estos errores de pensamiento y verás que, poco a poco, tus respuestas son menos melodramáticas. Lo que sientes son reacciones normales ante una circunstancia determinada: la depresión. No te pasa nada extraño, tu salud mental no peligra. Eres una persona sana que está atravesando un mal momento.

La depresión funciona como un “círculo vicioso”, romperlo por cualquier parte es el principio de la curación. Y ponte en manos de un profesional

Deja de preocuparte, ocúpate. Vuelve, poco a poco, a manejar tu propia vida. Procura estar activo, aunque te falte motivación para comenzar actividades. Cuida los aspectos de tu vida que estén en tus manos: higiene y orden, búsqueda de placeres sencillos, ritmos de sueño y alimentación, etc.: la depresión funciona como un “círculo vicioso”, romperlo por cualquier parte es el principio de la curación. Y ponte en manos de un profesional: existen varias técnicas de eficacia probada que sí te ayudarán a dejar atrás ese “perro negro” Así le llamaba a la depresión Winston Churchill, una de las muchas personas famosas (Miguel Ángel, Monet, Lincoln, Bertrand Russell, Steve Jobs, Uma Thurman…) que superaron el problema y siguieron adelante con sus vidas.

Si quieres leer algo sobre este tema que te ayude a salir del círculo vicioso del “Optimismo Iluso” te recomiendo el libro del psicólogo Eparquio Delgado 'Los libros de autoayuda ¡Vaya timo!'.

Psicoterapeuta y divulgador. Intento echar una mano. A veces ayudando a la persona a cambiar la forma de procesar lo que le está sucediendo. Otras veces ayudándola a cambiar lo que le está sucediendo.Creo que el 90% de lo que nos preocupa no va a suceder nunca; que el humor y la ira son dos grandes recursos psíquicos infravalorados y que es buena táctica hacer un buen “casting” del prójimo antes de que los sentimientos nos atonten.Mi método se basa en que cada persona es (al menos) un mundo. Y en los momentos de crisis, cada persona es muchos mundos. Por eso aunque los síntomas sean universales, hay que buscar problemas y soluciones particulares. Twitter: @Luis_Muino

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