"Todo parece ir bien en mi vida, pero yo estoy mal. ¿Qué puedo hacer?"

Algunas personas necesitan grandes cambios cada dos o tres años para experimentar los efectos euforizantes de la novedad, pero no hay que olvidar las pequeñas motivaciones diarias

Foto: No tengo ganas de hacer nada. (iStock)
"No tengo ganas de hacer nada". (iStock)

"Buenas tardes: Hace dos años dejé mi trabajo (me causaba muchísimo estrés), mi novio (sentía que no apoyaba en esa decisión) y mi casa. Al poco empecé mi propio negocio que no va mal. Pero desde hace dos meses soy incapaz de continuar con mi vida, todo me resulta agotador hasta el punto de estar perdiendo clientes y dinero por ser incapaz de enfrentarme a mi realidad. No me gusta nada de mi actual situación y siento que los pocos amigos que me quedan no me apoyan y me paso el día llorando, de mal humor y muy, muy cansada. ¿Por dónde se puede empezar a poner orden? Estoy muy perdida. Muchas gracias de antemano".

Hola. Intentaré darte algunas ideas para "empezar a poner orden". Espero que alguna te sirva de ayuda…

Sonja Lyubomirsky, profesora de la Universidad de Riverside, realizó hace unos años una investigación con ganadores de premios cuantiosos de lotería. Al entrevistar a estas personas se encontró con una sorpresa. Meses después de haber obtenido la retribución, los favorecidos por el azar no se sentían más felices que el resto de los mortales. En cuanto se les pasó la primera euforia, volvieron al estado de ánimo que tenían antes de ser agraciados. Un acontecimiento que todos creemos que cambiaría nuestras vidas no les había hecho más dichosos.

Felicidad sostenible

A partir de esta investigación, Lyubomirsky elaboró su "Modelo de la Felicidad Sostenible". La hipótesis de esta investigadora es que, en contra de lo que nos suelen inculcar, el estado de ánimo no se basa en grandes hitos. Tú lo has comprobado: ni alcanzar logros vitales (el negocio que has sacado adelante), ni liberarse de ciertas cadenas (la época en que dejaste tu trabajo y tu pareja) son decisivos para nuestro estado de ánimo cotidiano. La sociedad nos intenta hacer creer que hay una "felicidad aplazable" que conseguiremos "Cuando…". Seguro que tú te has imaginado radiante "cuando te cambies de trabajo", "cuando dejes a ese novio", "cuando consigas ganar dinero con esa empresa"… Y sin embargo no ha sido así.

El ser humano se acostumbra a un cierto nivel y necesita cada vez más experiencias positivas para sentirse satisfecho

Si quieres revisar esa estrategia de postergación, hay psicólogos que te muestran un enfoque alternativo que te llevaría a un estado de ánimo sostenible en el presente. El plan empezaría por rebajar tus sueños de felicidad asociados a tus objetivos vitales. Para eso tendrías que plantearte si tus expectativas de disfrute son realistas.

El psicólogo Allen Parducci, uno de los defensores de la teoría contextual de la felicidad, nos recuerda que el ser humano se acostumbra a un cierto nivel y necesita cada vez más experiencias positivas para sentirse satisfecho. Y eso puede llevarnos a elaborar metas no realistas para nuestro estado de ánimo. C.S. Lewis, en 'Las crónicas de Narnia', imagina el cielo como un lugar en el que las cosas buenas aumentan continuamente, donde la vida es una historia sin fin, "en la que cada capítulo es mejor que el anterior". Pero es algo que parece muy difícil de lograr aquí, en la Tierra. Sin embargo, conozco a muchas personas que compiten contra sí mismos en una continua carrera de felicidad personal. Dale una vuelta a tu autoexigencia a la hora de sentirte bien. Dediqué un capítulo de esta sección, por ejemplo, a hablar de autores que nos proponen aceptar los bajones puntuales para no caer en agujeros profundos: quizás te resulte útil echarle un vistazo.

Hedonismo cotidiano

También hablé en otro artículo de este Consultorio de investigaciones que muestran que la felicidad proviene del hedonismo cotidiano. Revisa también tu día a día: es posible que ahí encuentres una forma de empezar a mejorar las cosas. En su libro 'Los placeres ocultos de la vida' el historiador Theodore Zeldin da pistas sobre esos estímulos cotidianos que son los que verdaderamente sostienen nuestro estado de ánimo y en los que no solemos caer cuando nos autoanalizamos. El tipo de música que escuchas, la cantidad de luz con la que transcurre tu vida cotidiana o tus ritmos de sueño y alimentación influyen más en tu estado de ánimo de lo que tú crees. Llena tu vida de todo el hedonismo posible, como reclaman ZAZ en esta festiva canción.

Otra de las cuestiones que puedes revisar son tus motivaciones. Vivimos en una sociedad que fomenta, sobre todo, la motivación de logro, es decir, la satisfacción que conseguimos cuando logramos nuestras metas. Las breves líneas que me escribes están teñidas de perplejidad porque guiarte por ella y conseguir éxitos no te ha resultado suficiente para sentirte bien. Pregúntate si hay más motivaciones insatisfechas en tu vida. Para abrirte el campo de respuestas te voy a hablar de un motor vital poco conocido: la motivación de exploración. Marvin Zuckerman, psicólogo de la Universidad de Delaware, definió como "Apertura a la Experiencia" la necesidad que tienen muchas personas de explorar nuevos mundos que den color a sus vidas. Es una motivación que convierte en tediosa cualquier rutina, aunque en un principio haya sido euforizante. Los que tienen esta motivación necesitan que surja, cada cierto tiempo, un mundo nuevo que explorar, porque de lo contrario la vida transcurre "en blanco y negro".

Dos o tres años es un plazo típico para que aquellos a los que les impulsa la motivación de exploración encuentren un nuevo proyecto euforizante

En la infancia y la juventud esta motivación se suele ver satisfecha porque todas las experiencias son nuevas (primeros estudios, primera pareja, primer trabajo…). Pero en la madurez hay que buscar esas nuevas experiencias proactivamente. En las pocas líneas que me has escrito intuyo algo de ese hastío que produce la falta de un nuevo impulso vital. Además, dos o tres años es un plazo típico para que aquellos a los que impulsa la motivación de exploración encuentren un nuevo proyecto euforizante. Mira a ver si pueden ir por ahí los tiros.

Pensamiento irracional

Por último, hay autores que avisan que estos momentos de tristeza se ven acentuados por una forma irracional de ver el mundo. Hablé en otro artículo de alguno de esos sesgos mentales. Revisa si tu cerebro "rumia" continuamente ideas limitantes, como el "Pensamiento Sobregeneralizado" (tendencia a extraer conclusiones generales catastróficas a partir de hechos aislados), el "Pensamiento Culpable" (propensión a atribuirnos responsabilidad en acontecimientos negativos en los que nosotros somos poco importantes) o el "Pensamiento Best Seller" (predisposición a creer que necesitamos la aprobación de todas las personas significativas que tenemos alrededor). Si es así, autores como Aaron Beck o Albert Ellis te pueden servir de ayuda para eliminar esas trabas cognitivas.

En fin, aunque solo te conozco a través de unas líneas espero que algunas de estas ideas te sirvan de ayuda. Si alguna de estas estrategias te parece esperanzadora, úsala. Recuerda, también, técnicas de afrontamiento propias que te hayan resultado eficaces en otras ocasiones: las solemos olvidar y es posible que vuelvan a funcionar. Y si nada funciona, acude a un profesional: dejarse ayudar es muchas veces la técnica más eficaz.

Psicoterapeuta y divulgador. Intento echar una mano. A veces ayudando a la persona a cambiar la forma de procesar lo que le está sucediendo. Otras veces ayudándola a cambiar lo que le está sucediendo.Creo que el 90% de lo que nos preocupa no va a suceder nunca; que el humor y la ira son dos grandes recursos psíquicos infravalorados y que es buena táctica hacer un buen “casting” del prójimo antes de que los sentimientos nos atonten.Mi método se basa en que cada persona es (al menos) un mundo. Y en los momentos de crisis, cada persona es muchos mundos. Por eso aunque los síntomas sean universales, hay que buscar problemas y soluciones particulares. Twitter: @Luis_Muino

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