"Nos va mal en casa y por eso nuestros hijos están tristes e inseguros"
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Luis Muiño

El consultorio psicológico del siglo XXI

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"Nos va mal en casa y por eso nuestros hijos están tristes e inseguros"

Un lector nos explica que, a pesar de que cree que puede con todo, la enfermedad de su esposa y una mala racha laboral están afectando a su familia. Esta es nuestra respuesta

placeholder Foto: ¡Ánimo! Puedes con ello. (iStock)
¡Ánimo! Puedes con ello. (iStock)

Hola. Tengo varios frentes abiertos desde hace mucho y eso me está ocasionando últimamente mucho desasosiego, sensación de tristeza, pesimismo. En fin, creo que un poco de depresión. Para empezar tengo las empresas en suspensión de pagos, lo que puede tirar del patrimonio de la familia (miedo), después tengo a mi esposa desde hace 4 años con una enfermedad mental, que sin ser extremadamente grave si se tira muchísimas horas de cama. Esto me ha alejado de ella. La casualidad ha querido que mis hijos se estén criando en un ambiente que no es precisamente una feria, por la crisis y por la enfermedad de su madre. Los veo melancólicos, tímidos o inseguros. Mi hija, a veces, me imagino que por su manera de ser reflejo de lo anterior, sufre un poco de acoso en el colegio. Soy bastante equilibrado. Puedo llevar todo y estoy seguro que pasarán los problemas, pero ver a mis hijos tristones me descorazona e incluso estoy perdiendo la fe. He leído a muchos psicólogos (Viktor Frankl, por ejemplo). Hago mucho deporte, estudio inglés, pero creo que tantos años con pocas alegrías ya me están afectando. Saludos y gracias.

Hola. En primer lugar, quiero mostrarte mi admiración por la forma en que estás afrontando tu bache vital. Tu email demuestra compromiso y lealtad con las personas a las que quieres. Y esas son variables poco habituales en el mundo actual.

En otro capítulo del Consultorio hablé de la progresiva tendencia al individualismo de nuestra sociedad. Contaba allí que numerosos autores hablan de este abandono paulatino del colectivismo. El libro 'Generación Yo' de la psicóloga Jean Twenge es un ejemplo de estos análisis. En él Twenge desgrana síntomas de esta propensión a centrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas, en nuestro malestar… Tu carta es un ejemplo de todo lo contrario: me hablas de tu preocupación por tu familia y solo te preocupas de ti mismo para intentar ser fuerte y sostenerlos.

Nadie entiende las motivaciones que no tiene. Ser fuerte no es estar siempre bien, sino estar ahí

Tu vida está siendo guiada por lo que autores como Allan Luks ('The Healing Power of Doing Good') denominan motivación de contribución. He podido ver en terapia a muchas personas como tú, cuyo motor vital es echar una mano a los demás. Buscas sentirte útil, tener impacto positivo en la vida de otros, proteger y cuidar a los que quieres. Como te recuerda Luks, lo más importante es que valores ese impulso y confíes en las elecciones vitales a las que te lleva. La "filosofía de la sospecha" instaurada en nuestra sociedad individualista hará que muchos cuestionen tu motivación y la atribuyan a intereses fraudulentos. Es simple incomprensión: nadie entiende las motivaciones que no tiene. Recuerda siempre que tú estás afrontando tus duras circunstancias tratando de ayudar a los tuyos, algo que muchos no harían. Ser fuerte no es estar siempre bien, sino estar ahí.

Si decides, entonces, seguir cultivando tu anhelo de contribución, te voy a sugerir que eches un vistazo a autores que nos recuerdan que, para ser útiles, debemos dosificar nuestras fuerzas. En una de las primeras respuestas a lectores de este consultorio hablé del mal que generan los "Vendedores de Utopías Psicológicas" difundiendo la idea de que somos omnipotentes. Échale un vistazo a ese artículo o a esta divertidísima entrevista con el escritor Odin Dupeyron hablando de nuestro "exceso de Pensamiento Mágico Pendejo":

Estás leyendo mucho para fortalecerte y estás cultivando tu resiliencia. Y da la impresión de que en ese sentido poco puedo aportarte porque parece que has encontrado tus propios métodos. Solo quiero recordarte que, como ya he mencionado en otro sitio, la resiliencia no es infinita. Como nos recuerda con lucidez Dupeyron, no podemos con todo. Por eso muchos autores nos recuerdan la importancia de conocer nuestros límites de agotamiento psicológico y permitirnos caer de forma controlada.

Hay mucha mala literatura de autoayuda que tiende a culpabilizarnos por no ser omnipotentes. La escritora Susan Sontag cuenta en sus libros ("La enfermedad y sus metáforas", “El sida y sus metáforas”) el daño emocional que nos pueden producir esos “Vendedores de Utopías Psicológicas”. Si los creemos, es fácil pensar que nuestro estado de ánimo está completamente en nuestras manos y los acontecimientos externos no nos van a afectar. Sontag nos cuenta, a través de su experiencia personal, los riesgos de esta insensata sacralización de lo mental. Si creemos que lo psíquico puede controlarlo todo, nos sentiremos frustrados y desbordados. Como es tu caso, hay circunstancias que no pueden ser afrontadas extinguiendo la tristeza y la ansiedad.

La relajación del control interno

Como nos recuerda en sus libros el psiquiatra Boris Cyrulnik, la resiliencia no significa continua fortaleza. Al contrario: el término se refiere a aquellas capacidades que nos permiten caer y luego volver a levantarnos. De hecho, la metáfora más utilizada (como supongo que bien sabes) es la del junco, la planta que cuando sopla el viento se dobla para luego volver a enderezarse cuando amaina el temporal. Cyrulnik nos recuerda que, al contrario de lo que promueve el optimismo naif irracional, lo que hacen las personas resilientes es asumir su debilidad. No intentan ir de fuertes: asumen sus malos momentos y se hacen amigos incondicionales de sus bajones de estado de ánimo.

No ser capaces de asimilar nuestros límites psicológicos nos puede llevar a problemas de salud mental como la depresión

He hablado de autores que nos dan ideas para fomentar estos “potenciales imperfectos” en varios artículos de este consultorio. Por ejemplo: hay psicólogos que nos recuerdan la importancia de relajar nuestro control interno. Las personas que tenemos esa tendencia solemos pensar que llevamos las riendas de nuestra vida y podemos malear los acontecimientos. Como nos recuerda J. B. Rotter, el pionero del concepto, en muchas ocasiones esta idea es una buena estrategia mental. Pero en situaciones tan duras como las que tú estás viviendo es excesivamente autoexigente: te puede llevar a pensar que si tú eres fuerte los que te rodean estarán también bien. Una expectativa que en momentos tan dramáticos es difícil de cumplir. Hacerte "amigo incondicional de lo inevitable" (una frase muy utilizada por diversos psicólogos que trabajan la relajación del control interno) es una táctica mucho más adaptativa.

Científicos como la psicóloga Rachel Bachner-Melman estudian desde hace años la incidencia de la falta de aceptación de las "emociones negativas" (tristeza, ira, angustia...). Según ellos, no ser capaz de asimilar nuestros límites psicológicos nos puede llevar a problemas de salud mental como la depresión, el trastorno de ansiedad generalizada o los trastornos de alimentación. Estos científicos alertan sobre la tendencia social a inhibir las conductas de hostilidad y malhumor y a la aceptación estoica de los eventos vitales negativos. Reflexiona sobre estas aportaciones. Quizás llegados a este punto las que te puedan ayudar sean técnicas más realistas, que se basan en el repetido principio de "Tener la fuerza necesaria para cambiar aquello que está bajo nuestro control; la paciencia imprescindible para sobrellevar lo que no podemos cambiar y la inteligencia suficiente para distinguir lo uno de lo otro".

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