Lo más importante no son las respuestas que nos damos, sino las preguntas que nos hacemos

Las preguntas que nos hacemos o nos dejamos de hacer, son las que orientan nuestro caminar. Recordemos que toda pregunta es una llamada a observar y

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Lo más importante no son las respuestas que nos damos, sino las preguntas que nos hacemos
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    Las preguntas que nos hacemos o nos dejamos de hacer, son las que orientan nuestro caminar. Recordemos que toda pregunta es una llamada a observar y a fijar nuestra atención en algo determinado. Lo que es importante saber, es que donde va nuestra atención, también van nuestras emociones y se hace más real para nosotros. Esto quiere decir que el tipo de emociones que experimentamos a lo largo de la vida, tiene una estrecha relación con el tipo de preguntas que nos hacemos. Si yo por ejemplo, al enterarme oyendo la radio, viendo la televisión o leyendo un periódico, de algunas de esas cosas que a veces ocurren y que tanto nos consternan, me lleno de ira, de resentimiento y de frustración, es porque tal vez ante lo sucedido, me he hecho una pregunta que ha desencadenado dichas emociones.

    Recuerdo a un conocido que en un ataque de ira, tuvo una gran subida de la tensión arterial y un desprendimiento de retinaA veces y en ciertos momentos, muchos nos hacemos preguntas como: ¿Por qué hay tanta gente malvada? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto? ¿Por qué no hay justicia en el mundo? Este tipo de preguntas por muy lógicas que nos parezcan, ponen en marcha de forma automática emociones aflictivas. Si bien la ira, el resentimiento y la frustración, cubren nuestra egocéntrica necesidad de significancia, de importancia, de estar muy por encima de esas conductas realizadas por personas a las que consideramos “mezquinas”, estas mismas emociones también nos dañan más de lo que probablemente supongamos. Todavía recuerdo a un conocido que, en un ataque de ira, tuvo una gran subida de la tensión arterial y un desprendimiento de retina. Lo que le habían hecho a esta persona era injusto, de eso cabe poca duda y sin embargo, desde entonces tenía problemas de visión, a pesar de que ya llevaba cuatro operaciones.

    El tipo de preguntas que nos hacemos, tiene una enorme relación con el tipo de mundo en el que creemos que vivimos. Quien cree que vive en un mundo hostil, tenderá a hacerse preguntas que refuercen su forma negativa de ver las cosas. Quien cree que vive en un mundo amigable, tenderá a hacerse preguntas que orienten su atención a lo que de positivo también existe en el mundo.

    Albert Einstein, que no sólo destacó como físico sino también como metafísico, dijo: “La pregunta más importante a la que todos tenemos que responder es, ¿Vivimos en un universo hostil o en un universo amigable?

    Si queremos no ser parte del problema sino parte de la solución, podemos empezar a hacernos preguntas que pongan en marcha nuestra curiosidad y el interés por explorar, conocer y descubrir. Sólo así aprenderemos, mejoraremos como personas y ayudaremos a crear un mundo más amigable y equilibrado.

    Hay muchas cosas que están sucediendo en la realidad y que no las vemos porque no estamos atentos a ellas. El arte de preguntar nos entrena así en el arte de mirar.

    Decía William Blake, poeta, grabador y místico inglés del siglo XVIII:

    “Si las puertas de la percepción fueran limpiadas, la realidad aparecería como es: Infinita.

    El mundo en un grano de arena.

    El paraíso en una flor.

    La eternidad en una hora.

    Todo lo existente en la palma de mi mano”.

    Empecemos por los principios
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