HISTORIAS EJEMPLARES DE LA HISTORIA

La fuga de Francis Drake, un valiente a tiempo parcial

San Juan de Ulúa fue una de las fortalezas españolas en el “nuevo mundo” más formidables de su tiempo y testigo de hechos históricos sin precedentes

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La fuga de Francis Drake, un valiente a tiempo parcial
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    San Juan de Ulúa fue una de las fortalezas españolas en el “nuevo mundo” más formidables de su tiempo y testigo de hechos históricos sin precedentes durante los siglos posteriores a su construcción. Enclavada en un pequeño islote localizado frente al actual puerto de Veracruz, en el estado mexicano del mismo nombre, es uno de los lugares mas visitados del planeta.

    El adelantado Juan de Grijalva tomó para la corona española este islote en el año 1518. Su nombre deriva de la voz Nahual Gulhua y lo de San Juan (como era preceptivo en aquel tiempo) le fue puesto al haber arribado los españoles el día de la festividad de Juan el Bautista.

    El puerto de San Juan de Ulúa, ubicado en Nueva España, tenía una importancia estratégica vital para la católica monarquía española, pues el tráfico de productos que la península despachaba para abastecer a través del Atlántico a la población de ese Virreinato americano lo hacía prácticamente indispensable y, por ende, muy vulnerable a los “amigos de lo ajeno”. La verdad sobre el nuevo “cuerno de oro” se estaba haciendo insostenible de ocultar conforme pasaba el tiempo. Los buques españoles ya no podían hacer mucho mas por disimular lo que al cabo de medio siglo era ya un secreto a voces.

    Algo mas al norte, en un reino de brumas y lluvia incesante, se desarrollaban acontecimientos que germinarían en un enfrentamiento a gran escala, entre la que sería la potencia marítima por excelencia durante los siglos siguientes y la mejor infantería conocida hasta la fecha. Las hambrunas eran “el pan nuestro de cada día” en una isla con escasos recursos propios y con un contencioso fratricida de largo recorrido sustratado en una sangría civil de sesgo religioso aún sin resolver en los albores del siglo XVI.

    Isabel I de Inglaterra, una reina sanguinaria

    Cuando asoma a la historia de Inglaterra Isabel I (la Reina Virgen), que desde 1558 hasta 1603 ostentaría durante cuarenta y cinco años su prolongado y belicoso reinado, se dan dos hechos de armas singulares que marcan indeleblemente las relaciones entre ambas naciones y dan lugar a una nueva forma de guerra de “baja intensidad”. La novedosa aportación inglesa al “arte de las armas” no es otra que una aplicación muy sui generis del concepto de “libre comercio”, auspiciado, eso sí, desde los salones de palacio.

    En aquel entonces una flota inglesa digna de tal nombre, no existía, dado lo cual había que franquiciar el inventoA partir del año 1585 el antagonismo entre las dos potencias se torna mas sombrío y la coartada de fondo –la beligerancia religiosa– maquilla un nuevo concepto militar reciclado para el caso y debidamente parapetado tras las consignas religiosas y que redituaría pingües beneficios a la insaciable voracidad de una inteligente reina con algunas deficiencias estéticas. Es el comienzo organizado, estimulado y debidamente tutelado por la corona inglesa para los ataques indiscriminados de la piratería sobre cualquier territorio o mercante español. En aquel entonces una flota inglesa digna de tal nombre, no existía, dado lo cual había que franquiciar el invento.

    En los años precedentes algún asalto esporádico como el del francés Jean Fleury a las embarcaciones enviadas por Cortés con el tesoro de Moctezuma, poco o nada habían alterado el creciente flujo de mercadería e incalculables tesoros que fluían a través del Atlántico. Mas ya puestos en faena, los ingleses habían comenzado a hacer algunos pinitos con desigual resultado.

    El ataque pirata a San Juan de Ulúa

    Allá por el año 1568, un catorce de septiembre para ser mas precisos, la pareja de perillanes compuesta por Hawkins y Drake se dejaron caer –después de sortear una durísima tormenta–, por San Juan de Ulúa. Los mareados ingleses arribaron prácticamente por inercia a la playa aledaña a la fortaleza donde estaban cómodamente instalados los españoles. Dado que los españoles no querían rendir tan crucial y estratégica fortaleza, y el numero de defensores era escaso aunque bien dispuesto, los ingleses dieron por buenas las “tablas”. 

    Previamente ya habían visitado Cartagena de Indias (en la imagen), siendo puestos en fuga por la decidida acción del gobernador, Martín de las Alas, después de someter durante ocho días a la ciudad fortaleza a un duro bombardeo. A la vista de su poca capacidad de persuasión, escasas habilidades militares y un hábil contraataque de los sitiados, se dedicaron a recoger algunas piñas y bananas y capturar algún nativo despistado.

    A todo esto, este dúo de pillos había roto unilateralmente la paz que su reina había firmado –con bastante poca pasión por cierto– con el rey español. Algunos días mas tarde, y después de disfrutar de una semana de asueto retozando por las playas de la zona, vino el destino a darles un susto que lamentarían durante largo tiempo.

    Una flota de la Armada Real Española conducida por Francisco de Luján apareció en el momento mas inoportuno para estos colegas de correrías. Ya enzarzados, a las primeras de cambio, Drake se dió a la fuga sin más, en un pequeño bergantín artillado, La Judith. Hawkins se batió honorablemente hasta la noche a pesar de la enorme desventaja, Llegado este punto, se retiró al amparo de la oscuridad. Eran dos piratas sí, pero con estilos diferentes. La enemistad entre Hawking y Drake se tornaría irreconciliable. No es para menos, era un cobarde con buenas apariencias.

    De los mil hombres que desembarcaron en San Juan de Ulúa, sólo cien regresarían a Inglaterra. La victoria de los españoles fue aplastante y se recuperó un cuantioso botín previamente capturado por los ingleses tras un año de tropelías.

    Quien siembra vientos, recoge tempestades

    Con el tiempo Drake le contó a su reina una versión edulcorada para consumo interno. Siendo Hawking mucho mas preciso en sus argumentaciones y mas ajustado a los hechos reales dio una versión contradictoria. Drake no perdonaría a su tío y mentor que le dejase en evidencia delante de la reina, su odio creció enteros.

    Drake arrojó por los acantilados de Galway, en Irlanda, a mas de cuatrocientos soldados españoles desarmadosLos métodos de Drake dejaban mucho que desear. Su incomparable estilo de caballero inglés –título puramente nominal al que nunca hizo honor– abarcaban desde la quema de iglesias y lugares de culto con una saña especial a su crueldad con los vencidos, que se hizo mítica.

    Llegó a arrojar por los acantilados de Galway, en Irlanda, después de una rendición formal, a mas de cuatrocientos soldados españoles desarmados. Estos soldados integraban una fuerza mayor que desembarcó Ayala en una de sus incursiones a Irlanda para ayudar a los católicos locales. Hoy los agradecidos irlandeses mantienen ese pequeño cementerio como territorio sagrado y la embajada española cuida de su mantenimiento regularmente.

    Con el tiempo y rehabilitado por la reina atacó en las proximidades de Galicia, La Coruña y Redondela, además de Lisboa, San Juan de Puerto Rico y Panamá, cosechando repetidos fracasos que le hicieron perder interés a los ojos de su monarca. Fue desposeído de todos los honores y murió tras una cruel enfermedad similar al dengue con una fiebre hemorrágica que convirtió su tránsito en algo infernal.

    Dado de baja en su misión terrestre por designio divino, fue embutido en un sarcófago de metal y lanzado al fondo del mar en la bahía de Plymouth, para su descanso final y la tranquilidad de sus miles de victimas.

    Empecemos por los principios
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