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¿Salvarías a tu perro o a tu mujer en caso de accidente? La elección está clara
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Héctor G. Barnés

Empecemos por los principios

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Héctor G. Barnés

¿Salvarías a tu perro o a tu mujer en caso de accidente? La elección está clara

Todos sabemos que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero también, que según la Biblia, la mujer fue creada a partir de la costilla de Adán.

Foto: Una instantánea de Rosie tomada días antes del fatal accidente.
Una instantánea de Rosie tomada días antes del fatal accidente.

Todos sabemos que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero también que, según la Biblia, la mujer fue creada a partir de la costilla de Adán, por lo que puede decirse que nació de las propias entrañas del hombre. Por eso, y aunque les costaría reconocerlo en público, muchos miembros del sexo masculino tendrían serias dudas a la hora de decidir en una situación de emergencia a quién salvar antes, si a su mascota o a su mujer, por mucho que lo políticamente correcto dicte que lo lógico es echar una mano a esta última, que para eso es un ser humano.

Sin embargo, hay quien no tiene ninguna duda al respecto. Es el caso del británico Graham Anley, cuyo yate sufrió un grave accidente esta semana, cuando se encontraba de camino a Madagascar tras haber zarpado del puerto de Londres. El yate golpeó contra un arrecife y comenzó a hundirse, por lo que los tres integrantes de la expedición (la mujer, el hombre y el perro) tuvieron que abandonar la embarcación con premura. Anley se vio en la tesitura de elegir entre salvar a su mujer, Cheryl, o a su perro, Rosie, un Jack Russell de nueve años. Y decidió que Rosie seguramente necesitase su ayuda más que su mujer, así que la perra fue la primera en abandonar el barco. Un bonito gesto de amor animal que quizá Cheryl no vea tan heroico.

Primero nadó con Rosie hasta la costa y más tarde volvió a por su mujer

La historia ha sido relatada por el comandante Geoff McGregor del Instituto de Rescate Marítimo del Norte de Londres, que fue el encargado de auxiliar a la accidentada tripulación, a la que encontró ataviada con chalecos salvavidas (incluida Rosie, que asimismo llevaba incorporada una bengala en su prenda). “Cuando ocurrió el incidente, Graham envió un mensaje de petición de ayuda y activó el EPIRB (un faro GPS) y fueron inmediatamente forzados a abandonar el barco”, explicó el comandante. “Primero nadó con Rosie hasta la costa y más tarde volvió a por su mujer, cuya cuerda salvavidas se había enganchado al mecanismo de dirección del banco”. Lo que habría provocado que, en caso de hundimiento, habría sido arrastrada al fondo.

¿Preferencia o sentido común?

Afortunadamente, los tres miembros de la tripulación salieron ilesos del accidente. Como recuerda la prensa británica, aunque la historia pueda parecer sorprendente, no conocemos los detalles suficientes como para condenar a Anley por su falta de escrúpulos, ya que es bastante posible que la vida de Rosie estuviese en un peligro mayor que la de Cheryl. Al fin y al cabo, un ser humano es capaz de comprender lo que está ocurriendo y aguardar con paciencia a que llegue la ayuda, pero un animal puede lanzarse al agua sin pensarlo dos veces y de esa manera imposibilitar toda opción de rescate. Incluso es posible que fuese Cheryl quien sugiriese a su marido la idea de socorrer primero al perro y más tarde a ella. La familia no ha querido realizar ninguna declaración al respecto a la prensa.

En cualquier caso, y dependiendo de la intención de cada cual, esta historia puede ser interpretada como un acto de heroísmo o una irresponsable decisión (o material para el consabido chiste machista). Aunque también puede dar lugar a una reflexión sobre la importancia que las personas damos cada vez en mayor grado a los animales de compañía, en algunos casos por encima de los propios seres humanos. No cabe duda de que el respeto a la vida animal es uno de esos valores que hay que defender, aunque son sus límites los que han de ser sometidos a discusión. Pero esta historia también puede dar lugar a otra reflexión ulterior: a no juzgar con dureza a nadie hasta que no se disponga de la información suficiente para hacerlo. 

Todos sabemos que el perro es el mejor amigo del hombre. Pero también que, según la Biblia, la mujer fue creada a partir de la costilla de Adán, por lo que puede decirse que nació de las propias entrañas del hombre. Por eso, y aunque les costaría reconocerlo en público, muchos miembros del sexo masculino tendrían serias dudas a la hora de decidir en una situación de emergencia a quién salvar antes, si a su mascota o a su mujer, por mucho que lo políticamente correcto dicte que lo lógico es echar una mano a esta última, que para eso es un ser humano.

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