La apuesta para ver quién bebía más en la que dos rusos gastaron 150.000 euros

Los rusos son famosos por su afición a las bebidas alcohólicas, pero es difícil beber tanto, y dilapidar más dinero, que estos dos súper ricos en Londres

Foto: El champán nunca se acababa. (Corbis)
El champán nunca se acababa. (Corbis)

Los rusos son famosos por su afición a las bebidas alcohólicas. El vodka está presente en cualquier reunión de amigos o de negocios y no hay trato que no se cierre con una botella encima de la mesa. Y no beben, como la mayoría de nosotros, para llegar a la embriaguez moderada, beben hasta la extenuación, hasta que no queda nada por ingerir.

Que se lo pregunten a los empleados de Kitsch London, el más lujoso club nocturno de Mayfair, que es, a su vez, el barrio más lujoso de la capital de Reino Unido. El reloj acababa de dar la medianoche cuando dos multimillonarios rusos llegaron al club y empezaron a pedir las bebidas más caras del establecimiento en una extravagante competición que dejó boquiabiertos a todos los que en ese momento estaban en el local.

Cada vez que uno de los multimillonarios pedía algo de beber, el otro realizaba un pedido superiorDe acuerdo con varios testigos, que han contado la historia al Daily Mail, la pareja de magnates, de unos 30 años, empezaron a competir por ver quién bebía más. Pero no se limitaron a pedir unos simples combinados: pidieron, sencillamente, las bebidas más caras que dispensaba el establecimiento. Cada vez que uno de los multimillonarios pedía algo de beber, el otro realizaba un pedido superior. Al final de la noche ambos lograron alcanzar cuentas similares, uno se dejó 64.279 libras, el otro 66.779, en total unas 130.000 libras: 150.000 euros.

Cuando el bar encendió las luces, a las 3 a.m, y los camareros llevaron las facturas a los derrochadores rusos, el ganador, que había gastado unos 2.500 libras más, dio un salto y agitó la factura en el aire. Las personas que les rodeaban no daban crédito.

Que corra el Dom Perignon

“Es una de las noches más extrañas que he visto nunca”, asegura un cliente del club. “Esos dos tipos estaban compitiendo entre sí para comprar más y más champán. Cada vez que uno compraba cinco botellas, el otro pedía seis, luego siete, luego ocho… Vi algo parecido a esto en St. Tropez, donde hubo también una ‘guerra de botellas’, pero nunca en Londres. Cada vez que pedían unas botellas, unas camareras sin apenas ropa se las traían rodeadas de bengala. Había tantas botellas y bengalas que parecía que era de día”.

Francamente, esa gente necesitaba algo de ayuda para beber todo lo que habían pedidoPor supuesto, el champán que pedían los rusos no era de clase media. Sólo bebieron Dom Perignon y Cristal Brut, y cada botella valía 325 y 420 libras, respectivamente. También pidieron mojitos, Peroni, whisky Chivas y Glenmorangie, amén de más de veinte Red Bull cada uno, que bien podrían haberles llevado directos al hospital.

Los rusos, en cualquier caso, no acabaron solos con el alcohol –habrían muerto, sin lugar a dudas–: estuvieron toda la noche rodeados de mujeres. “Había una multitud de chicas impresionantes alrededor de cada mesa y, francamente, esa gente necesitaba algo de ayuda para beber todo lo que habían pedido”, asegura uno de los testigos. “Al final de la noche, había un montón de botellas llenas en las meses, simplemente era imposible bebérselo todo”.

Mark Fuller y Serg Ivo, los dueños del establecimiento, que abrió hace solo una semana, han explicado que entre su clientela hay varios multimillonarios rusos y el local está diseñado de acuerdo a sus gustos. No en vano, Rusia es uno de los países con la oligarquía de super ricos más poderosa del mundo que, además, tiene una especial vinculación con la City londinense. En Reino Unido residen numerosos magnates rusos y, de hecho, las fortunas más importantes del país están en manos de empresarios del Este. La desigualdad es cada vez más patetente. En Gran Bretaña existen 10 veces más personas con un capital superior a los mil millones de libras que hace 25 años mientras las clases medias no dejan de perder adquisitivo. El 1% bebe Dom Perignon y el resto busca calderilla para, con suerte, poder tomarse una pinta de cerveza. 

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