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El caso Affluenza o cómo librarse de la cárcel por una educación permisiva
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Iván Gil

Empecemos por los principios

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Iván Gil

El caso Affluenza o cómo librarse de la cárcel por una educación permisiva

El comportamiento de un menor de edad es normalmente el resultado de la educación, ¿pero puede ser utilizada para exculparlo de un delito?

Foto:  Ethan Couch, el joven absuelto de asesinato por imprudencia debido a la educación permisiva que recibió. (Facebook)
Ethan Couch, el joven absuelto de asesinato por imprudencia debido a la educación permisiva que recibió. (Facebook)

El comportamiento de un menor de edad es normalmente el resultado de la educación recibida, hasta el punto de que la responsabilidad de ciertos actos penales o civiles puede recaer sobre los progenitores. Una cuestión que un juez norteamericano ha reinterpretado de tal forma que decidió absolver a un adolescente confeso de asesinato imprudente alegando su falta de autocontrol y nula disciplina debido a su “educación permisiva”. Su familia, explicó el juez, siempre le proporcionó todo lo que pedía y le permitía hacer lo que se le antojase sin límite alguno.

En la sentencia exculpatoria del joven de 16 años Ethan Couch se recurrió al término pseudocientífico affluenza. Según sus teóricos, esta dolencia tiene que ver con una especie de comportamiento disoluto, falta de propósito y sentimiento de culpabilidad que experimentarían las personas ricas por su ambición desmedida, especialmente los herederos de grandes fortunas.

La decisión judicial ha generado un enconado debate entre la sociedad norteamericana, tanto en la prensa como en las redes sociales. Sobre todo por la gravedad del delito, ya que el joven conducía ebrio y causó un accidente de circulación en el que fallecieron cuatro personas el pasado mes de junio. Couch triplicaba las tasas máximas de alcoholemia. La pena mínima por este tipo de delito en el estado de Texas, donde se sucedió el accidente, oscila entre los dos y los diez años de prisión.

Cuando el verdugo se convierte en víctima (de su mala educación)

La mayoría de psicólogos infantiles y educadores han salido a la arena mediática para criticar la sentencia porque la affluenza no es una dolencia incluida en la última edición revisada del manual de referencia de los trastornos mentales, el denominado DSM-5, que periódicamente publica la Asociación Americana de Psiquiatría. Por otra parte, reconocidos profesionales como el profesor de psicología forense de la Universidad de Stetson, Christopher Ferguson, lamentaron que “tener una vida demasiado fácil, materialista y extravagante” fuese una circunstancia atenuante.

La familia siempre proporcionó al niño todo lo que pedía y no se le ponían límites a sus deseos

La mayoría de profesores que han avivado el debate tampoco entienden que la educación permisiva significa que los niños así instruidos son incapaces de comprender o controlar sus actos. Lo que ocurriría, dicen, es que, conscientemente, tienden a seguir conductas reprobables y más impulsivas por puro afán de gratificación. Sin embargo, todos ellos interpretan que la resolución judicial convierte al verdugo en víctima de su mala educación. Además, como puntualizó la psicóloga María Gresgam, los problemas derivados de la falta de control de los impulsos ocurren en todas las familias en los que no establecen límites claros, independientemente del nivel socioeconómico.

Para los legalistas se trata de una peligrosa sentencia que podría excusar los comportamientos imprudentes cuando pudiesen demostrarse estos patrones educativos. Los familiares de las víctimas se han paseado por varios programas de televisión mostrando su indignación argumentando que la riqueza de la familia influyó en la decisión judicial. “El dinero es lo que ha prevalecido en la decisión porque si se hubiese tratado de cualquier otro joven la sentencia habría sido distinta”, espetó a los medios un padre que perdió a sus dos hijas y a su mujer en el accidente.

Educación para el materialismo

El propio productor del filme que dio lugar a la popularización del término affluenza, John de Graaf, coautor también de Affluenza: How Overconsumption Is Killing Us—and How to Fight Back (Berrett-Koehler) mostró su consternación en un artículo publicado en la revista Time. “Nuestro objetivo con estas obras no era sentar una teoría psiquiátrica, sino hacer una crítica social sobre las consecuencias del materialismo obsesivo que hay en EEUU. Estoy indignado con la decisión de dejar en libertad a Couch e ignoramos nuestra parte de responsabilidad con el mundo y las generaciones futuras”.

Las peores consecuencias de esta educación en el materialismo, basada en el laissez faire, son que “estas familias no sólo se niegan a disciplinar a sus hijos, sino que también se niegan a que lo hagan sus profesores y hasta la policía o los jueces”, explicaba Suniya Luthar, profesora de psicología de la Universidad de Arizona, en unas declaraciones a la CNN que encendieron el debate en el resto de medios convirtiéndolo en un asunto de interés nacional. Cuando no se establecen límites, lamentó Luthar, “a los 16 años ya es demasiado tarde porque el joven ya está desbocado”.

Unos argumentos que están haciendo girar el debate en torno a los modelos educativos predominantes según el nivel socioeconómico de las familias. Y es que, aunque los comportamientos impulsivos predominen tanto en las familias de clase baja como media o alta, los recursos y el acceso a los bienes materiales, como en este caso los coches, hace que la falta de autocontrol se convierta en un mayor problema para los más pudientes. De hecho, el propio psicólogo que participó en la defensa menor, Gary Miller, alegó que “tenía coche y tenía dinero, algo poco frecuente en los jóvenes de su misma edad”.

El comportamiento de un menor de edad es normalmente el resultado de la educación recibida, hasta el punto de que la responsabilidad de ciertos actos penales o civiles puede recaer sobre los progenitores. Una cuestión que un juez norteamericano ha reinterpretado de tal forma que decidió absolver a un adolescente confeso de asesinato imprudente alegando su falta de autocontrol y nula disciplina debido a su “educación permisiva”. Su familia, explicó el juez, siempre le proporcionó todo lo que pedía y le permitía hacer lo que se le antojase sin límite alguno.

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