Por qué los hijos pequeños suelen estar más sobreprotegidos

El prejuicio de que los hermanos pequeños suelen ser más caprichosos que sus mayores se encuentra muy extendido, y una investigación lo demuestra

Foto: Los menores de cinco años parecen más pequeños de lo que realmente son. (Corbis)
Los menores de cinco años parecen más pequeños de lo que realmente son. (Corbis)

El prejuicio de que los hermanos pequeños suelen ser más caprichosos que los que nacieron antes que ellos, por culpa de la sobreprotección de sus padres, se encuentra bastante extendido. Solemos explicar dicha situación a partir de nuestro sentido común: debido a que son los últimos en nacer, pensamos, requieren más atención de parte de sus progenitores que aquellos que ya no son unos bebés, por mucho que estos últimos tengan otras necesidades distintas.

Una nueva investigación da la razón, de manera bastante peculiar, a esta creencia. No se trata de que el paso de los años cambie la relación de los padres con sus hijos, sino que llegan a percibir físicamente a los recién nacidos de manera totalmente equivocada. En concreto, las madres llegan a ver a sus nuevos retoños 7,5 centímetros más pequeños de lo que realmente son, mientras que suelen acertar a la hora de calcular el tamaño de sus hijos mayores.

Así es la sorprendente “ilusión del bebé”

Este mecanismo psicológico que nos hace percibir de manera diferente a nuestros hijos recibe el nombre de “ilusión del bebé” (o baby illusion) y es más frecuente de lo que podríamos sospechar, sugiere el estudio, publicado esta semana en Current Biology. Los investigadores australianos utilizaron una muestra de 747 madres, a las que preguntaron si habían percibido algún cambio en sus hijos después de darles un hermanito.

Las madres fracasaron estrepitosamente a la hora de estimar el tamaño de sus hijos pequeñosLa respuesta fue afirmativa en el 70% de los casos. Casi todas esas madres se dieron cuenta de cómo, al volver a casa, de repente su hijo mayor parecía más grande de lo que recordaban. En realidad, como puso de manifiesto la segunda parta de la investigación, estaban infravalorando el tamaño del recién nacido. Algo que pudieron comprobar después de pedir a 77 madres que calibrasen la medida de sus retoños poniendo una marca en la pared, algo en lo que fracasaron estrepitosamente.

El estudio va aún más allá, ya que el tamaño determina, a su vez, la percepción que los padres tienen de sus hijos. Cuanto más pequeños parezcan, más atención les prestarán de forma instintiva, y cuanto más grandes se presenten ante sus ojos, más independencia tendrán.

La evolución, una vez más

Los investigadores sugieren que este error de apreciación se debe a un mecanismo adaptativo propio de la evaluación humana. Debido a que los hijos más pequeños son los que requieren un mayor cuidado y atención, estaríamos programados para ver a estos aún más vulnerables y desfavorecidos de lo que realmente son. Como ha recordado uno de las responsables de la investigación, Jordy Kaufman, esta ilusión contribuye a priorizar el cuidado de los más pequeños de la casa.

La teoría del orden de nacimiento intenta explicar las cualidades de cada uno de los hermanos“Nuestra explicación demuestra por qué el ‘bebé de la casa’ nunca deja atrás dicha etiqueta”, ha explicado el psicólogo a la BBC. “Para los padres, su hijo pequeño siempre será el ‘bebé de la casa’”. Incluso cuando estos ya han entrado en la edad adulta, los progenitores siguen sintiendo que el último en nacer es el que necesita más ayuda y por eso suele ser el principal candidato para sufrir de sobreprotección paterna.

Esta nueva investigación se enmarca dentro de la “teoría del orden de nacimiento”, que intenta explicar las diferencias en cuanto a inteligencia, desarrollo y éxito personal que tiene cada persona en función de la posición que ocupe entre sus hermanos. Esta teoría, que aún está rodeada de una gran polémica por sus implicaciones deterministas y por menospreciar aspectos sociológicos y ambientales, sugiere que ciertas características personales aparecen más a menudo entre los primogénitos, mientras que otras lo hacen en los hijos pequeños. 

Empecemos por los principios
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