"¿Cómo puedo ser prostituta?": la pregunta más rara (y triste) que nunca me han hecho

Cuando comencé a recibir mensajes en los que me preguntaban cómo podían ganarse la vida prostituyéndose, pensé que simplemente se habían equivocado. Pero no era así

Foto: Dos prostitutas rumanas en un burdel alemán. (Reuters/Hannibal Hanschke)
Dos prostitutas rumanas en un burdel alemán. (Reuters/Hannibal Hanschke)

Solo cabían dos posibilidades, a cada cual peor. Que se tratase de una equivocación, y que la autora del mensaje me hubiese confundido con otra persona o que, en realidad, la pregunta sí fuese dirigida . "Buenas noches, quiero trabajar como prostituta". Hay preguntas que simplemente no tienen respuesta, así que me limité a ignorarla, como hago con tantos de los cientos de correos que recibo a lo largo del mes. Si a algo termina acostumbrándose uno al trabajar como periodista es a recibir toda clase de sugerencias, dudas y peticiones.

La cosa no quedó ahí. A lo largo de los años, los mensajes se han sucedido. "Hola estoy muy interesada en el anuncio que vi por favor nos podemos contactar". "Hola buenos dias me gustaría trabajar con ustedes me interesa el trabajo". "Me interesa". Todos ellos están reproducidos literalmente, errores incluidos. La cuenta se eleva hasta casi una docena, que salvo alguna excepción —uno de ellos es un hombre, otro quiere saber si queda grabado tu número de teléfono si llamas a un prostíbulo— tienen una cosa en común: se trata de mujeres buscando prostituirse. Matizo. Mujeres o niñas. Uno de los últimos es de una adolescente que quiere hacerlo a espaldas de sus padres.

"hola buenos dias nesecito trabajar" (sic), escribe una de ellas. "Busco travajo" es el mensaje de otra

Si algo facilita internet, sin pretenderlo, es dirigir nuestra mirada allá donde en otras circunstancias no habríamos mirado Accidentes virtuales que descubren rincones sin iluminar de la sociedad, esos que por cuestiones de clase o pudor están fuera de nuestro alcance. Todo lo ocurrido tiene una explicación razonable: no es que estas mujeres pensasen que soy un proxeneta, sino que probablemente el titular de un viejo artículo les condujese a una confusión.

Hay una ambigüedad en sus preguntas, coherente con la mentalidad de alguien que está pensando en tomar una decisión que cambiaría para siempre su vida. La mayoría no suelen especificar su situación. Se trata de un parco "quiero hacerlo". En otros casos los signos los delatan. La mayoría de nombres y apellidos no son españoles. Las faltas de ortografía resultan reveladoras. "hola buenos dias nesecito trabajar", escribe una de ellas. "Busco travajo" es el mensaje de otra. Una última me pide que le contacte por Facebook: "Yo ando buscando trabajo pero no encuentro en ninguna parte. Y quisiera saver sobre el trabajo este. Como es? Y si puedo entrar. O que tengo que hacer para poder entrar". Busco su nombre en la red social. En la foto de perfil, aparece con sus dos hijos. Me gustaría pensar que no es ella, pero no existe otro perfil con ese nombre.

El gran e informe anonimato

No descarto que alguno de los mensajes recibidos sean 'fakes' para intentar que pique, pero algo me dice que no. Se trata en su mayoría de túneles subterráneos a una realidad privada que no se presenta ante nuestros ojos, que se encuentra en una tierra baldía intermedia entre el de la prostitución callejera y las experiencias de alto standing que tanto morbo genera en los medios de comunicación. Es el ámbito de la prostitución ocasional, que en muchos casos implica a mujeres de clase baja o, incluso, adolescentes, en busca de una vía de ingresos; también a trabajadoras de mediana edad que han agotado el resto de alternativas.

Una prostituta posa en Alkmaar, 40 kilómetros al norte de Ámsterdam. (Reuters/Paul Vreeker)
Una prostituta posa en Alkmaar, 40 kilómetros al norte de Ámsterdam. (Reuters/Paul Vreeker)

El informe 'Feminización de la supervivencia y prostitución ocasional' publicado por la Federación de Mujeres Progresistas a partir de 60 entrevistas resulta útil al poner en relación la prostitución con la mujer precaria como proveedora material. Una mujer de 30 años cuenta que "de vez en cuando, cuando no puedo llegar a fin de mes, pues me dedicaba a buscar si había alguna oportunidad. En esas redes de ahora". Otra española de 45 añade: "Lo he dicho siempre como en plan: ay, voy a dejar de trabajar en esta vida, porque si me puedo meter a pilingui… Pero, en plan de cachondeo". La cosa no queda ahí. "Y ahora más actualmente, en el tiempo que llevo en paro, que va a hacer ya dos años, en dos meses me quedo sin nada, pues sí me lo he planteado muchas veces. He llorado mucho por ello".

No pretendo escribir un texto abolicionista ni prosex, y aunque creo que tengo claro de qué lado me pondría si tuviese que elegir, espero no caer en un debate que con frecuencia oscurece ciertos matices. Lo que sí creo necesario es comprender esas realidades ocultas que no encajan en los tópicos, y recordar que es posible que las visiones complacientes que se están popularizando sobre la prostitución estén generando un efecto llamada que oculte su lado más oscuro. Gran parte del idealismo que se ha empezado a erigir alrededor de la prostitución como forma de empoderamiento personal se encuentra en sintonía con el positivismo mágico neoliberal que muestran los discursos de emprendedores estrella como Josef Ajram: que algunas mujeres hayan podido tomar las riendas de su "negocio" al margen de proxenetas no las convierte en la regla.

¿Qué empoderamiento hay en escribir a un extraño pidiendo prostituirse? ¿Qué lleva a alguien a escribir con su nombre preguntando por algo así?

Es el sesgo del superviviente, que provoca que demos más validez a las historias de éxito que a las de fracaso, pensando que si alguien no lo ha logrado ha sido por su incapacidad. Es el mismo que nos lleva a pensar que si montamos un negocio, aunque hayamos visto a gente perderlo todo, confiemos en que nosotros saldremos adelante. Dudo que la mayoría de esas lectoras que escribían pidiendo una oportunidad piensen algo así, pero sí que testimonios positivos como el que yo mismo presentaba en aquel artículo generan una ilusión de control que puede resultar peligrosa.

¿Qué clase de empoderamiento hay en escribir a un extraño pidiéndole trabajo de prostituta? ¿Qué lleva a una chica a escribir a una dirección de correo de internet con su nombre y apellidos reales pidiendo una oportunidad? La respuesta probablemente no pueda entenderse sin comprender la pobreza, la falta de información (y la desinformación), sin recordar que hay una prostitución ocasional que no figura en las estadísticas, que se realiza a menudo de forma privada, ciega para las autoridades y los relatos de éxito, vulnerable a la violencia y el abuso. Sospecho que si respondiese a sus mensajes nunca recibiría contestación, y simplemente se desvanecerían en el inmenso e informe anonimato de la red, dispuestas a seguir buscando hasta que finalmente lo logren.

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