Bale no trabaja 20 horas o por qué la huelga de futbolistas te afecta más de lo que crees

No se trata solo de una cuestión de sueldos, sino también de parcialidad de los contratos. Las mujeres son las que más sufren esta fórmula creada para una cosa y utilizada para otra

Foto: No miramos lo económico y sí blindar nuestra jubilación, ha manifestado Ainhoa Tirapu. (EFE/André Pichette)
"No miramos lo económico y sí blindar nuestra jubilación", ha manifestado Ainhoa Tirapu. (EFE/André Pichette)

Los próximos 16 y 17 de noviembre, si no hay ningún cambio de aquí a entonces, el fútbol femenino irá a la huelga al no haber llegado a un acuerdo para poner en marcha un convenio colectivo. Si las huelgas en general suelen levantar suspicacias conservadoras, no hablemos si esta la realizan mujeres, situación idónea para que el machismo construya alambicados razonamientos para negar el derecho de las jugadoras, como señalar que una mujer no puede cobrar una cantidad cercana al SMI porque no produce lo mismo que Messi y no sé qué tontadas más.

Si bien hay objeciones discutibles —no todos los clubs tienen el mismo desarrollo económico, en Segunda B y Tercera los futbolistas también tienen contratos a tiempo parcial—, la incomprensión que ha rodeado el asunto ha pasado de puntillas por uno de los elementos más problemáticos de nuestro mercado laboral actual, la parcialidad. Habrá quien diga que hay problemas más candentes, pero es una trampa argumentativa. Relativizar la importancia de determinadas reivindicaciones comparándolas con otras es el camino más corto para invalidar todas ellas.

Lo que piden las futbolistas también lo reivindican camareras, limpiadoras, profesoras, enfermeras o dependientas con trabajos parciales involuntarios

Si la huelga de las futbolistas es propicia para hacer pedagogía es porque su reivindicación está íntimamente relacionada con uno de los puntos negros laborales olvidados, quizá porque afecta mucho más a mujeres que a hombres y tenemos una fea tendencia a masculinizar el conflicto laboral y reducirlo a una mera cuestión de sueldo bruto. Porque lo que piden es cobrar más, claro, pero cobrar más consiguiendo la totalidad de la jornada laboral, una pretensión que se rebajó al 75% (30 horas semanales) durante la negociación. La media jornada (20 horas) dejaría un sueldo de 8.000 euros anuales, "muy por debajo del SMI", como afirmaba la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles).

Son futbolistas, pero podrían ser camareras, limpiadoras, profesoras, enfermeras, dependientas y otros trabajos feminizados donde predominan los contratos a tiempo parcial, uno de los caminos más cortos para la precariedad. Llueve sobre mojado, porque son precisamente los sectores peor remunerados. Trabajas menos horas (y no siempre: otro día hablamos del fraude de los contratos a tiempo parcial que en la práctica son empleos a jornada completa con sueldos a mitad de precio), cobras menos y, también, cotizas menos.

Un futbolista haciendo de futbolista. (@GarethBale11)
Un futbolista haciendo de futbolista. (@GarethBale11)

Sobre todo, si eres mujer: el 60% de los contratos a tiempo parcial son de mujeres, por el 40% de hombres. Médicos a tiempo completo, enfermeras a parcial. Oficinistas a completo, limpiadoras a parcial. La barrera entre géneros muestra las dinámicas que siempre desfavorecen a la mujer. No solo hay que mirar al techo de cristal, también al suelo de parqué.

La precariedad oculta

Lo avisaba hace poco el informe anual de la OCDE sobre el futuro del trabajo y lo volvía a repetir Oxfam. La gran amenaza laboral no son tanto los bajos sueldos o los trabajos temporales —¿no lo son también los indefinidos?— como una parcialidad fomentada por el crecimiento del turismo y la hostelería en particular y los servicios en general, sectores emergentes de la economía española donde los contratos a tiempo parcial campan a sus anchas. Es la letra pequeña de la recuperación económica. Reino Unido o EEUU se han acercado al pleno empleo, sí, pero a costa de la estabilidad de los trabajadores.

Un 71,2% de las mujeres tienen un contrato a tiempo parcial de forma involuntaria, por un 52,4% de los hombres

La parcialidad es una más de esas fórmulas que se inventaron para una cosa y se utilizan para otra. En teoría, se trata de un modelo que permitiría que mujeres con cargas personales o estudiantes pudiesen trabajar sin tener que dedicarse por completo a ello. La realidad es que, en España, el 52,4% del trabajo a tiempo parcial entre los hombres es involuntario… y un 71,2% en el caso de las mujeres. En definitivas cuentas, la mayoría de españoles que tiene un contrato de ese tipo no lo hace porque lo prefiera, sino porque no le queda más remedio.

Como a las futbolistas, que razonablemente aducen que no son futbolistas a tiempo parcial, sino que lo son todo el tiempo. Que yo sepa, mientras los deportistas de élite están rodando anuncios para su patrocinador personal o jugando al golf, tampoco dejan de ser futbolistas, así que quizá sería absurdo hacerle a Bale un contrato de media jornada.

Es una fórmula que no solo pasa factura en el presente, sino también en el futuro, reduciendo significativamente las cotizaciones a la seguridad social y, por lo tanto, la pensión posterior. Tanto es así que el Tribunal Constitucional declaró por unanimidad el pasado mes de julio "inconstitucional, nulo y discriminatorio" el cálculo de la pensión de trabajadores a tiempo parcial, una discriminación indirecta por razón de sexo "al evidenciarse estadísticamente que la mayoría de los trabajadores a tiempo parcial son mujeres, lo que ocasiona un impacto adverso sobre los trabajadores de un determinado sexo".

Si usted es un hombre y está respirando tranquilo al pensar que a usted no le va a afectar, empiece a preocuparse, pues puede ser el próximo. En 2007, había alrededor de 750.000 trabajadores a tiempo parcial. Once años después, la cifra ha aumentado casi hasta los 1.500.000. Ahora mismo, el trabajo a tiempo parcial representa el 14,9%, y subiendo. Así que es probable que en ese 100% de aumento haya algún que otro varón que ahora mismo se esté riendo de las futbolistas cuyas pretensiones ridiculiza. Hay una ley que en la precariedad no falla: primero vinieron por las mujeres, pobres e inmigrantes, luego vinieron por mí.

Mitologías
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