'Burnout' y 'boreout', dos peligrosos compañeros de trabajo
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Sonia Franco

Pase sin Llamar

Por

'Burnout' y 'boreout', dos peligrosos compañeros de trabajo

¿Eres de los quemados o de los aburridos por la crisis?­­–Brindo por lo afortunadas que somos. Todas tenemos salud, trabajo y somos razonablemente felices en lo

¿Eres de los quemados o de los aburridos por la crisis?

­­–Brindo por lo afortunadas que somos. Todas tenemos salud, trabajo y somos razonablemente felices en lo personal. Brindo porque nos dure.

“Todas” somos un grupo de amigas de toda la vida que procuramos reunirnos al menos una vez al año. La que brinda es María, una de las personas que conozco que se ha reinventado más veces en su vida (ahora es coach). A la salida del restaurante, se ofreció a llevarme a casa en coche.

–¿Te has fijado en que somos muy pocas las que podemos presumir de estar a gusto en el trabajo?

La miré extrañada.

–Pero, ¿no eres tú la que acaba de brindar por lo bien que nos va?

–Sí, sí, nos va bien. Ninguna está en paro. Pero la que no está quemada, está aburrida. Otra derivada de la crisis.

Se siente infrautilizada y, sobre todo, prescindibleMaría tiene razón. Entre las muchas consecuencias que la crisis está teniendo en el mercado laboral está el aumento de dos fenómenos opuestos, el burnout y el boreout. Por un lado, cada vez hay más gente que tiene que hacer el trabajo de dos o tres personas, a medida que las empresas despiden trabajadores que no sustituyen. Y por otro, la actividad de muchas compañías ha caído en picado, lo que implica que hay puestos de trabajo que, aunque no se han hecho redundantes (aún), se han quedado vacíos de contenido.

El resultado es que los primeros están quemados (sufren de burnout) y los segundos, aburridos (boreout). Y entre mis amigas se dan los dos casos.

Luisa trabaja en una agencia de viajes y tiene horario reducido desde que tuvo su primer hijo. Al principio, la empresa lo respetaba, pero la cosa no tardó en cambiar. Empezaron los despidos, pero no bajó el trabajo, así que Luisa se encuentra con que tiene que hacer la tarea de dos personas en la mitad de tiempo de lo que le lleva a una sola. Con el agravante de que no puede hacer horas extra porque tiene que llevar y recoger a los niños del cole. Así que no puede más: está tan estresada por el exceso de carga laboral, que no tiene paciencia con los niños y tiene la sensación de que no llega a nada. El resultado es que odia su trabajo y siente que no tiene control sobre su vida. En definitiva, no se siente en absoluto satisfecha.

A Toñi le ocurre lo contrario. Es arquitecta y trabaja en una empresa mediana en la que la actividad ha bajado mucho en los dos últimos años. De momento, no teme por su puesto de trabajo, pero reconoce que se aburre un montón. Resuelve sus tareas diarias en menos de dos horas y dedica el resto del tiempo a navegar por la red o planificar su próximo fin de semana. Sin embargo, asegura que llega a casa agotada y con sensación de angustia. Se siente infrautilizada y, sobre todo, prescindible.

Lo que los expertos les recomendarían tanto a Luisa como a Toñi es que se buscasen otro empleo pero, como les dijo María durante nuestra comida, “ni se os ocurra”. Ambas saben lo difícil que es encontrar no ya un trabajo motivador hoy en día, sino un trabajo a secas.

Entonces, ¿qué pueden hacer?

Si nos dejamos llevar por el pesimismo generalizado, estamos perdidosDe nuestro brainstorming de chicas salieron algunas ideas interesantes. Por ejemplo, en el caso de Luisa se habló de que tiene que hacer un esfuerzo para gestionar mejor su tiempo. ¿Cómo? La mejor opción es aprender a priorizar y para ello se puede recurrir a las listas. Si para cada día (o semana, o mes) uno jerarquiza lo realmente urgente, sigue por lo más importante para uno mismo, mete a continuación lo más importante para el jefe y deja para el final lo que puede esperar para el día siguiente, ya ha dado un gran paso. Si uno va pasito a pasito cerrando las primeras tareas de la lista y, muy importante, tachándolas, al final de la jornada tendrá la sensación de que ha cumplido, en vez de irse a casa convencido de que el día ha podido con él. Luisa, no del todo convencida, ha prometido intentarlo.

Para el caso de Toñi, surgió la idea de que pensase más allá de su puesto de trabajo habitual e intentase buscar tareas necesarias pero de las que nadie se hace cargo dentro de la organización. De este modo, sus jefes podrán ver que tiene iniciativa y que es válida no sólo para su empleo habitual. Esto le ayudará a sentirse más motivada, a aprender cosas nuevas y a diferenciarse de otros compañeros igual de aburridos (y prescindibles) que ella. A Toñi sí le gustó la idea y, de hecho, le vinieron a la cabeza un par de proyectos en los que podría enfrascarse desde el día siguiente.

Habrá que ver qué nos cuentan cuando nos volvamos a ver. Intenten lo que intenten, bien estará. Haya o no crisis, estemos quemados o aburridos, nos motive nuestro jefe o no, siempre se pueden hacer cosas –por pequeñas que sean­ por mejorar la situación de uno mismo. Si nos dejamos llevar por el pesimismo  generalizado, estamos perdidos.