Los españoles estamos muy agobiados: el estrés y el puente de mayo

En las últimas dos semanas, tras la simple pregunta de qué tal me he topado con muchas respuestas  como “esperando a que llegue el Puente”, “soñando

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    En las últimas dos semanas, tras la simple pregunta de qué tal me he topado con muchas respuestas  como “esperando a que llegue el Puente”, “soñando con el Puente” o “arrastrándome hasta el Puente”. Como los responsables de estas contestaciones no son ni del tipo quejica, ni de los que en principio están mal en el trabajo, la cosa me ha hecho pensar. Lo comento con un amigo coach.

    –Está claro, Sonia. La crisis ha hecho dispararse el nivel de estrés de las personas. Que no te sorprenda.

    En realidad, no me sorprende. Pero sí me abruma conocer un estudio de la consultora Torres Watson, publicado el domingo en El Mundo, que revela que los españoles somos los más agobiados de Europa: el 74% dice estar preocupado por el estado de su economía a largo plazo. En 2010, este porcentaje era del 43%. O sea, que estamos perdida e inexorablemente estresados.

    Los motivos están todos los días en los periódicos. La economía parece seguir en caída libre sin que nadie tenga recetas para detener la sangría, las familias se comen sus ahorros para mantener a aquellos miembros que están en paro y han perdido la esperanza de volver a trabajar, los empleados viven con la espada de Damocles de los EREs mientras las empresas pelean por mantenerse a flote sin financiación… Los periódicos son estresantes. Los telediarios, pelis de terror. Y el cine empieza a estar carísimo para la mayor parte de los españoles mientras Hollywood vive su propia crisis.

    Si uno considera que le cae más trabajo que a los demás, hay que encontrar formas de decírselo a quien correspondaEn medio de todo este pesimismo, las personas que van todos los días a trabajar apenas si se atreven a quejarse: tener un empleo es oro. Sin embargo, la crisis está haciendo mella también en los ambientes laborales. Después de muchos años de adoptar novedosas políticas con el fin de retener a los empleados, ahora las preocupaciones son otras, más relacionadas con la cuenta de resultados. Los directivos son los primeros que sienten la presión de los accionistas, los proveedores, los clientes, sus propios jefes… Y la consecuencia directa es una marcha atrás, una vuelta a unos estilos de liderazgo más propios del siglo XX. Los jefes trasladan la presión a los empleados, les envían órdenes contradictorias, les plantean objetivos inalcanzables, les increpan por menos de nada y jamás les felicitan… Es como si los avances en la oficina de los últimos tiempos se hubiesen evaporado con la crisis como excusa.

    Como siempre, no se puede generalizar y hay empresas y empresarios que lo siguen haciendo muy bien porque, probablemente lo lleven en los genes. Son otros, los que llevan años esforzándose en hacerles caso a sus coaches, o a sus profesores de MBA o a los gurús de los libros de autoayuda para suplir sus carencias en la gestión de personas, los que flaquean en tiempos de crisis y arrastran consigo al resto del personal.

    ¿Y qué se puede hacer ante una situación como ésta? Busco lo que dicen los expertos en la materia y encuentro varios consejos. Para empezar, no esperar a que el reconocimiento por el trabajo bien hecho venga del jefe, porque eso va a tardar en volver a pasar: hay que sacarlo de uno mismo. De lo contrario, acabamos convertidos en víctimas. Y hablar. Si uno considera que le cae más trabajo que a los demás, que se están produciendo injusticias en la oficina o, simplemente, que el jefe no está a la altura, hay que encontrar formas de decírselo a quien corresponda antes de que la situación nos afecte personalmente.

    Buscar aquello que nos apasiona. Es decir, la vieja máxima de hacer algo por nosotros mismos más allá del trabajo o de la familia, algo que nos haga sentirnos personas por encima de todo. Dormir lo suficiente (¡quién pudiera!) sin llevarnos las preocupaciones a la cama. Valeriana, manzanilla, yoga, meditación…. Y, si todo lo demás falla, buscar trabajo.

    Todo esto está muy bien pero, la verdad, se nos podía haber ocurrido a cualquiera de nosotros. No obstante, es lo que hay. Si llegamos no a este Puente, sino a cualquier otro fin de semana arrastrándonos y estresados a tope, probablemente tengamos un problema. Y, como no sirve de nada echarle la culpa ni a la crisis ni al jefe, a lo mejor no nos vendría mal prestar algo de atención a lo que recomiendan los expertos. Igual funciona… De momento, ¡a por el Puente, antes de que también nos los quiten!

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