Soy un directivo de 53 años y me la trae al pairo mi marca personal digital

Lo confieso: ni tengo 53 años ni me la trae al pairo mi marca personal, ni conozco a nadie que haya pronunciado la frase en cuestión.

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    Lo confieso: ni tengo 53 años ni me la trae al pairo mi marca personal, ni conozco a nadie que haya pronunciado la frase en cuestión. Pero reconocedme que es un titular provocador y que alguno ha llegado hasta aquí porque un poquito sí que se siente identificado con él…

    La buena noticia es que si tú eres una de esas personas, el hecho de que te hayas animado a leer este post indica que el titular no te describe al 100%: algo de interés por esto de la marca personal de la que tanto se habla sí que tienes. Y aunque hayas cumplido los 40 o los 50, estás a tiempo de adentrarte en el apasionante mundo del digital branding.

    Ahora miras de reojo el ordenador y dices "¡ya!" ¿Por qué voy a dedicarme ahora a crear una reputación online si he vivido más de la mitad de mi vida laboral sin ella? ¿Cómo, con el poco tiempo que tengo, voy a lanzarme si me cuesta hasta poner un whatsapp? ¿Qué narices voy a contar yo sin meterme en líos con mi empresa, mi mujer, mis amigos del fútbol? Uffff. No. No compensa. De hecho, se te ocurren 200.000 razones por las que no hacerlo:

    • Estoy muy ocupado dirigiendo mi empresa/departamento/equipo…
    • Me gusta que se me perciba como una persona distante, que no comparte detalles sobre sus gustos, aficiones o vida familiar.
    • No siempre opino lo mismo que mi jefe. ¿Qué pasa si me pillan en un renuncio?
    • ¿Cuál es el ROI (Return On Investment) de todo esto?
    • Soy un analfabeto tecnológico.
    • Mis empleados me tienen miedo. Si me hago su amigo en Facebook, ¿qué?

    A lo mejor tienes razón. Pero a lo mejor, no. Por si a estas alturas te sigue picando la curiosidad, voy a intentar darte unas pocas razones por las que tomarte la molestia (y que conste que no soy consultora, ni tengo una empresa de marketing digital, ni voy a ganar nada si te convenzo).

    IBM espera que el 57% de los directivos tenga un perfil social en los próximos cinco añosSi decides cultivar tu marca personal digital como directivo de una empresa concreta porque quieres ser percibido como lo que ahora se llama un “ejecutivo social”, estás de enhorabuena (siempre que venzas las resistencias de tu dircom, claro). Está demostrado que los clientes valoran positivamente encontrarse a los directivos de las empresas que siguen en Twitter, y que a los empleados les motiva sentir que sus jefes son personas normales, auténticas y vulnerables, dispuestas a mostrarse tal como son. Por este motivo, IBM espera que el 57% de los directivos tenga un perfil social en los próximos cinco años.

    Ahora bien, no hay que estar por estar. Si te limitas a retuitear notas de prensa de tu empresa, no generas contenido de interés o no participas en las conversaciones y muestras a tus seguidores que no les estás escuchando, apaga y vámonos. Mejor que sigas siendo un directivo analógico.

    Pero ahora pregúntate qué puedes ganar a nivel personal si decides plantarte en Twitter como Fulanito de Tal en vez de Director de Talytal. Para empezar, estar, escuchar y participar, te va a devolver a un mundo del que, aunque no lo sepas, estás excluido. Entenderás los peligros a los que se enfrentan sus hijos. Conocerás de primera mano por qué las redes sociales están transformando radicalmente el mundo corporativo. Ganarás atractivo en el mercado laboral como uno de los pocos ejecutivos cincuentañeros que se ha atrevido a abrazar el cambio. Tendrás la oportunidad de liderar la transformación que inevitablemente se producirá en tu empresa o, en su defecto, en la que te va a fichar porque su CEO no quiere saber nada de todo esto. Y sabrás de una vez por todas si eres de verdad ese líder que crees, porque en LinkedIn o Twitter te seguirán exclusivamente las personas que consideren que les aportas algo valioso.

    ¿Qué da miedo? Sí, pero es lo que hay. Ahora es tu turno.

    Sólo una cosa más: no te lances al tuntún. Esto también exige unos objetivos claros, una estrategia definida y una buena táctica. Pero eso lo dejamos para otro post. 

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