Estudiar en Harvard por cero euros

Soy una fan absoluta de la formación continua. Desde que dejé el colegio, prácticamente no recuerdo un momento en el que no haya estado enrolada en

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    Soy una fan absoluta de la formación continua. Desde que dejé el colegio, prácticamente no recuerdo un momento en el que no haya estado enrolada en algún tipo de aprendizaje. Primero de diferentes idiomas, después de temas que podían enriquecer mi trabajo, mejorar mi currículum y aumentar mi valor como profesional en el mercado, más adelante relacionado con mis intereses personales…

    Siempre he considerado que la formación es la mejor inversión. Lo es para un Gobierno, que así se asegura tener unos ciudadanos preparados para afrontar el porvenir y proporcionar al propio país un futuro mejor. Lo es para los padres, que la mejor herencia que le pueden dejar a un hijo son los medios para valerse por sí mismo de la mejor manera posible y unos sólidos valores como ser humano. Lo es para uno mismo, sobre todo en un contexto como el actual, en el que es tremendamente fácil quedarse obsoleto y que el mercado laboral te eche.

    Volver al cole después de unos años sin estudiar es una experiencia de lo más enriquecedor. Primero, porque poner al cerebro a trabajar de nuevo en modo aprender es como hacerle un lifting; sin duda, es el mejor modo de rejuvenecerlo. Segundo, porque verte de nuevo rodeado de personas interesantes e inteligentes que no comparten necesariamente tu entorno laboral es estimulante y enriquecedor, y te permite cambiar el chip y ampliar miras. Tercero, porque en un mundo en el que cumplir años es cada día más imperdonable, mostrar un currículum en el que se demuestra el deseo de aprender y evolucionar es un plus de cara a posibles empleadores. Así lo reconoce mi amiga Sara, que ha ocupado durante muchos años distintos puestos en Recursos Humanos (hoy, Personas & Talento):

    –No te voy a engañar: los currículos que nos llegan de personas de más de 45 años se miran con cierto reparo. Pero si la persona en cuestión sabe idiomas, demuestra ciertas habilidades tecnológicas y sigue preocupada por formarse, se la ve con otros ojos. Hay gente de 50 mucho más inquieta que los de 30, pero para tener una oportunidad tiene que mostrarlo ya desde el currículum. 

    Las bondades de los cursos masivos online

    La buena noticia es que la formación ya no es tan cara como lo era hace unos años. No sólo proliferan las escuelas, que ofrecen títulos de lo más variopinto a diversos precios, on y offline, sino que ahora han llegado los MOOCs. ¿Aún no sabes lo que son? Pues son Massive Open Online Courses o cursos abiertos masivos que se ofrecen a través de la web. Su principal particularidad es que son gratis y que en muchos casos están ligados a universidades de prestigio.

    No hay más que darse una vuelta por Coursera para ver que estamos hablando de una auténtica revolución. Desde este MOOC imparten cursos gratuitos de Harvard a Yale (una de las últimas universidades de la Ivy League o Liga Enredadera, consideradas las más prestigiosas de Estados Unidos y del mundo entero), pasando por Stanford o el MIT. Profesores de estas universidades imparten sus clases a través de vídeos y, posteriormente, los alumnos tienen la posibilidad de interactuar entre sí, aunque no siempre con el profesor. Los MOOC no dan título oficial (de momento, aunque ya se está estudiando), pero ofrecen un excelente canal de formación continua.

    La formación ya no es tan cara como lo era hace unos añosEn estos momentos, en Coursera, que mantiene acuerdos con 33 universidades de diferentes países del mundo, se puede elegir entre un curso de Sanidad de la John Hopkins de Washington, de Derecho inglés por la University of London, de introducción a las finanzas por la Universidad de Michigan, cultura latinoamericana por el Tecnológico de Monterrey, o de una breve historia de la humanidad por la Hebrew University of Jerusalem, entre otras muchas posibilidades. Un auténtico filón.

    Al ser un fenómeno relativamente reciente –el término MOOC se acuña en 2008, pero es en 2012 cuando el fenómeno se populariza-, aún hay aspectos en experimentación. Como es el modo de compartir documentos (recientemente se produjo un colapso tecnológico porque un profesor propuso a sus alumnos trabajar sobre un Excel en la nube pensado para compartir entre 50 personas, cuando en su clase había 43.000). O la manera en que las propias universidades pueden integrar estos cursos en sus propias clases sin resultar una amenaza para los profesores.

    Me hubiese gustado compartir con vosotros hoy la experiencia de algunos usuarios de MOOCs, así que he lanzado la consulta en Twitter a ver si encontraba a alguno. Pero sólo me ha contestado @Claudiamova, que dice: “Es mi primera vez, pero estoy encantada con la interactividad entre los estudiantes”.

    Yo, por lo pronto, ya me he matriculado en el curso de introducción a hablar en público por la University of Washington, que empieza el próximo 24 de junio. Así que ya os contaré…

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