Sueños cumplidos: un abogado emprendedor que da el salto a la ópera

Cuando Elena, amiga, compañera de máster y gran politóloga, me habló de su chico, pensé que tenía que contar su historia en este blog. Porque estoy

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    Cuando Elena, amiga, compañera de máster y gran politóloga, me habló de su chico, pensé que tenía que contar su historia en este blog. Porque estoy segura de que puede serviros a muchos de inspiración.

    Conocí a Carlos el pasado lunes en Bruselas y, entre mejillones, patatas fritas y cervezas belgas, me la contó él mismo. Carlos es abogado e hijo de abogado. Su carrera iba para clásica: universidad, ingreso en un bufete de los grandes, progresión meteórica. Tanto, que llegó el momento en que el siguiente paso era inevitablemente convertirse en socio. Pero, ¿era eso lo que él realmente quería?

    Carlos reconoce que cumplía con su trabajo (y debía hacerlo bien, a la vista de los resultados), pero que no le ponía pasión. Eso lo dejaba para su gran afición: la ópera. Desde los 13 años y junto a sus padres, acostumbraba a seguir obras y artistas, hasta entablar amistad con muchos de ellos.Sus compañeros de trabajo no lograban entender que dejase una meteórica carrera en el despacho por algo así

    Un buen día, mientras acababa un trabajo para un cliente, una idea empezó a germinar en su cabeza. ¿Por qué no conectar trabajo y pasión? Le dio muchas vueltas, habló con alguno de sus amigos del sector y los puntos empezaron a unirse: había un claro hueco en el mercado para representar a artistas de ópera de un modo realmente profesional, desde el conocimiento de los asuntos jurídicos, para alguien que no sólo entiende, sino que adora la ópera, y está dispuesto a dedicarle lo mejor de sí mismo.

    Así que Carlos elaboró un business plan y, tras contrastarlo y pulirlo con un par de personas de mucha confianza (una de ellas, una de las grandes sopranos españolas, dispuesta a ser su primera cliente), estaba casi listo para dar el gran paso.

    Pero primero debía contárselo a su padre. No sin cierto temor, porque su opinión le importaba mucho, Carlos le expuso su plan:

    –Veo que lo tienes muy claro. Creo que debes seguir adelante–, le contestó.

    Carlos respiró tranquilo. Lo siguiente era informar a los socios del bufete.

    –Algunos tardaron varios segundos en reaccionar. No lograban entender que dejase una carrera en el despacho por algo así.

    Tres meses después y tras haber zanjado todos los temas con clientes pendientes, Carlos cerró la puerta del despacho por última vez. De camino a casa, no sabía si reír o llorar. La sensación era la de haber dado un salto al vacío. Era un 15 de diciembre. Al día siguiente, Carlos (que aún no conocía a mi amiga Elena), llenó el coche de libros y puso rumbo a Tarifa.

    –Era como si necesitase sentir el viento, que me ayudase a dejarlo todo detrás.

    Hace ya dos años de todo esto y la empresa de Carlos, Carlos Marén Artists, ya es una realidad. “Esta empresa fue creada por nuestra pasión por la ópera y por nuestra admiración por sus intérpretes”, dice la página web. “Por lo tanto, nuestra labor se desarrolla desde el profundo respeto a los artistas, al proporcionarles un servicio de elevada calidad, que destaca por el tratamiento humano y personalizado”. Y añade un compromiso: un trabajo realizado con diligencia, ética, respeto y cercanía en el trato como los pilares sobre los que se establece la relación con los artistas.

    Sus clientes –entre los que figuran la soprano Isabel Rey, la mezzosoprano Ana Ibarra y el barítono Miguel Sola– están contentos y él es feliz.

    –Los que me conocían de antes me dicen que no parezco el mismo.

    Ahora, tras oír su historia, son muchas las personas que se animan a contarle sus sueños, inspirados por su valentía y honestidad.

    ¿Y tú? ¿Te has dejado algún sueño en el tintero? ¿No te dan ganas ahora de recuperarlo? ¿Por qué no nos lo cuentas?

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