Cómo eliminar las barreras que nos impiden tomarnos las cosas con humor
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Daniel Peña

Psicólogos 4YOU

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Cómo eliminar las barreras que nos impiden tomarnos las cosas con humor

El hombre siempre conserva el suficiente sentido del humor como para reír de los males que no puede

El hombre siempre conserva el suficiente sentido del humor como para reír de los males que no puede evitar.

Goethe

La clave del humor es la sorpresa, la incongruencia y la ocurrencia de lo inesperadoLa risa es la causante de una cantidad importante de efectos positivos. Cuando nos reimos nuestro cerebro produce una serie de sustancias estrechamente relacionadas con el bienestar y que funcionan como protectoras ante los efectos negativos del estrés. Por si esto fuera poco, sabemos que la risa nos hace más resistentes al dolor, es decir, nos permite soportar el dolor con mayor eficacia, interesante ¿verdad?. Pues eso no es todo. La risa comparte algunos mecanismos neurales con el orgasmo, es decir que cuando nos reimos podemos... ¡no!, no es que podamos tener un orgasmo solo por reirnos, sencillamente podemos llegar a experimentar una intensa y agradable sensación de placer, que no está nada mal.

La risa aparece cuando algo nos sorprende. Si todo ocurre tal y como esperábamos es poco probable que nos haga reír. La clave del humor es la sorpresa, la incongruencia y la ocurrencia de lo inesperado. El humor aparece cuando algo en nuestro entorno o en nosotros mismos, que pensamos o esperamos que fuera de una determinada manera, se nos presenta de otra forma inesperada, deformado o de manera absurda. Por eso podemos reirnos de casi todo, aunque no todo tenga la misma gracia. Por tanto, para reirnos necesitamos estar dispuestos a romper nuestros propios esquemas y a permitir que los demás nos los rompan.

Si reir es tan bueno, y hacer reir no parece dificil, ¿porqué nos reimos tan poco?. Existen algunas características personales que podrían llegar a convertirse en auténticos enemigos de la risa. La primera es esa combinación de rigidez, perfeccionsimo y exceso de adhesión a las normas que en ocasiones las personas mantenemos. Este patrón suele hacer que nos sintamos frecuentemente irritables, enfadados y con un constante y difícilmente soportable mal humor. Generalmente adoptamos estilos de comportamiento como estos por necesidad, es decir, porque en algún momento nos hizo falta exigirnos controlar nuestro entorno y responsabilizarnos excesivamente de alguien o algo.

La segunda gran fuente de incapacidad para la risa tiene que ver con la vergüenza, con la timidez, con la excesiva sensibilidad a la crítica o a la evalaución negativa de los demás. Probablemente el temor a hacer el ridículo es el síntoma más característico de este patrón de comportamiento. Nos inquieta que pueden pensar de nosotros, especialmente cuando es negativo.

¿Quiere reirse más? Le proponemos un cambio encaminado a eliminar las barreras mentales que generalmente nos impiden tomarnos las cosas con más humor. Consta de dos elementos.

1. Una segunda mirada para ver el dibujo completo.

A menudo cuando perdemos el sentido del humor es porque hemos dejado de ver una parte de las cosas. Cuando uno se acerca demasiado a un cuadro, por muy bonito que sea éste, sólo puede ver una parte de él. Haga la prueba. Eso no es porque la fotografía o el cuadro hayan perdido su atractivo, es porque su forma de mirarlos no es la mejor. Con muchas situaciones de nuestra vida pasa algo parecido. No es que no podamos tomárnoslas con humor, es que las estamos mirando de una manera que a casi nadie le harían ninguna gracia. Cambie el foco, trate de ver la situación con algo de distancia, casi siempre hay algo de lo que reírse.

2. Perdiéndonos el respeto.

Para tener un buen sentido del humor usted debe ser capaz de encontrar formas alternativas, absurdas y distintas de mirar las cosas. La espontaneidad y creatividad son las claves del desarrollo de nuestro sentido del humor, por lo que el ridículo, la vergüenza y el exceso de control son sus peores amenazas. ¿Sabe de alguien que muriera de vergüenza? ¿Conoce a usted algún hospital para enfermos terminales de ridículo? ¿Ha oído hablar de la nueva ley internacional contra los chistes malos? Seguramente no, porque no existen. Y mientras que no existan puede estar usted tranquilo, puede hacer el ridículo tanto como quiera, a día de hoy no se han descrito casos de muerte por ridículo.

3. Reír, reír sin más.

Por último ríase mucho. El pensamiento y las emociones suelen aliarse para mantener nuestros estados de ánimo de una forma estable. Cuando estamos nerviosos  tendemos a pensar sobre las cosas de una manera más amenazante y a creernos más los pensamientos relacionados con el peligro, y pensar de esa forma suele provocar más miedo. Se forma así un círculo vicioso que se repite con cualquier otra emoción (tristeza, ira, etc.) ¿Por qué no aprovecharnos de esa capacidad? Sabemos muy bien que una parte importante de la experiencia emocional subjetiva se pone en marcha a partir de la expresión de nuestra cara. Sería algo así como el motor de arranque en un coche. Se trata de algo tan sencillo como empezar a reírse voluntariamente “a posta” y aunque no tenga demasiadas ganas ni razones para ello. Una vez haya empezado a reírse su cerebro estará en las mejores condiciones para generar pensamientos más divertidos y para atender más a las situaciones positivas, lo que a su vez le hará reír y se creará un círculo vicioso que le va a hacer partirse de risa.