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Las primeras separaciones
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Rebeca Recio

Relación Padres e Hijos

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Las primeras separaciones

Las primeras separaciones entre padres e hijos forman parte de un proceso muy difícil para ambos.Para un niño es complicado separarse por primera vez de sus

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Las primeras separaciones

Las primeras separaciones entre padres e hijos forman parte de un proceso muy difícil para ambos.

Para un niño es complicado separarse por primera vez de sus padres y de su hogar. El paisaje que conoce desde que nació cambia dando lugar a un entorno nuevo para él. Mientras estaba en casa era fácil predecir las rutinas del día o las reacciones de sus padres, pero le llevará un tiempo acostumbrarse a sus nuevos cuidadores, así como habituarse a que su mayor fuente de seguridad y bienestar, sus padres, no estén disponibles temporalmente ¿Cómo no va sentirse desorientado, temeroso, preocupado, o triste? La percepción de control que nos da lo conocido disminuye, generando en el niño una sensación de inseguridad muy real.

Al mismo tiempo, al llegar a la escuela aumentan las demandas hacía el niño. Debe estar sentado, prestar atención, adaptarse a los ritmos que impone el colegio, seguir las instrucciones que marca la profesora, etc.

Ante todos estos cambios, es normal que el niño sienta y exprese los sentimientos desagradables que de ellos derivan.

La forma en que el niño puede comunicar sus dificultades son variadas: algunos lloran y se resisten a separarse, otros se niegan a ir al colegio, en ocasiones aparecen retrocesos en aprendizajes adquiridos hace tiempo (control de esfínteres, etc.), otros somatizan su angustia en forma de dolores.

Aunque estas expresiones son incómodas y pueden generar preocupación en los padres son normales, siempre que no se prolonguen en el tiempo. Son la manera que tienen los niños de decir que echan de menos a sus padres y que los retos a los que se están enfrentando son duros.

Socialmente se valora el que los niños no lloren y se adapten a los cambios de forma rápida y sin causar problemas, pero de esta forma estamos pidiendo al niño que no sienta nada al separarse de las personas más importantes de su vida o al menos que no lo exprese. ¿Es esto posible?

En la actualidad, los periodos de adaptación que se llevan a cabo en los colegios permiten una mejor adaptación al cambio. Otras pautas para ayudar a una adecuada separación serían anticipar al niño información sobre el jardín de infancia o pasar por delante e indicarle que ese es el colegio al que va asistir.

También sería útil que el pequeño pueda llevar a la escuela un juguete o foto que le guste mucho. Este objeto tendrá la función de transportar hasta el colegio un trocito de su casa, aportándole seguridad y regulándole a nivel emocional. También puede ayudar contarle un cuento sobre un niño que empieza el colegio o crear escenas de juego con contenido similar. Esto permitirá al niño acercarse de manera progresiva a su dificultad y expresar las emociones que le puedan surgir.

Llegado el momento de la separación, es muy importante avisar al niño de cuándo nos marchamos. En ocasiones, con el objetivo de evitar el disgusto o la rabieta del pequeño, se le priva de la posibilidad de despedirse, hecho que puede ser vivido por el menor como un abandono. Una despedida adecuada sería darle un beso y un abrazo (sin prolongarlo excesivamente) e indicarle cuándo vamos a volver a buscarle (por ejemplo,cuando termines de comer).

¿Cómo se sienten los padres?

Es difícil separarse de alguien con el que has compartido una experiencia tan intensa como el embarazo y la maternidad-paternidad. Los adultos sabemos que nuestros hijos dependen de nosotros para sobrevivir y eso es mucha responsabilidad. Por eso, dejarlos al cuidado de otras personas es la experiencia de delegar más costosa a la que nos enfrentamos, pudiendo generar un profundo sentimiento de culpa.

Nos preocupamos de si estará bien atendido, de si lo entenderán, de si se sentirá bien, etc. Confiar en nuestra elección, habiéndonos asegurado que las personas que dejamos a cargo de nuestro hijo son personas fiables, sensibles y afectivas nos permitirá descansar. Sin dejar, eso sí, de estar atentos a posibles cambios en el comportamiento de nuestro hijo, ya que él será la guía que nos permitirá saber si estamos actuando de manera adecuada.

También puede angustiarnos la posibilidad de que se malogre la relación intima y exclusiva que hemos creado con él, siéndonos difícil aceptar que personas hasta ahora extrañas se relacionen de forma especial con el niño. Son temores normales, pero podemos estar tranquilos, los padres son insustituibles. Además, el que nuestro hijo sea capaz de vincularse adecuadamente con otras personas refleja un buen maternaje a nivel relacional.

Por otro lado, también son habituales sentimientos de libertad y alegría por la recuperación de parte de la propia vida, ya que durante algunos meses hemos representado el rol de padre/madre casi de forma exclusiva.

Las emociones que genera la separación son muchas y variadas. Además como en el resto de ámbitos de la paternidad, derivan de dos roles, como padres y como individuos, por lo que nuestra tarea más importante consistirá en conjugarlos de manera satisfactoria y responsable.

Las primeras separaciones entre padres e hijos forman parte de un proceso muy difícil para ambos.