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Aprendiendo a ser padres II: los límites
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Rebeca Recio

Relación Padres e Hijos

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Aprendiendo a ser padres II: los límites

Los límites son aquellas fronteras que delimitamos en nuestras relaciones y que nos permiten compatibilizar nuestro espacio individual (deseos, necesidades, opiniones, gustos, etc.) con el de

Los límites son aquellas fronteras que delimitamos en nuestras relaciones y que nos permiten compatibilizar nuestro espacio individual (deseos, necesidades, opiniones, gustos, etc.) con el de la otra persona, creando así un espacio común en que ambos podamos sentirnos reconocidos y respetados.

Aplicar las normas con amor y firmeza no es incompatiblePoner límites asegura nuestro bienestar y el de las personas con las que nos relacionamos, pero aunque el resultado es positivo, el proceso puede no ser agradable.

Establecer unos límites claros es parte fundamental de la educación, ya que permiten al niño conocer aquellas cosas que le están permitidas y las que no, hecho que le aporta una gran seguridad, ya que le permite conocer como funciona el mundo en el que vive.

En ocasiones estamos acostumbrados a relacionar el error o la corrección con el enfado. Pero aplicar las normas con amor y firmeza no es incompatible. De esta forma se posibilita que el niño sienta que hay algo que no ha hecho bien, pero que sus padres le quieren por encima de todo y confían en que pueda hacerlo mejor.

Cómo poner límites

Algunas pautas que nos pueden ayudar a poner límites de forma adecuada son:

Diferenciar entre la conducta, “no me gusta que pegues a tu hermano”, y la persona, “eres malo”. Esto permite que la persona no se identifique con la conducta inadecuada y pueda actuar de forma correcta en próximas ocasiones. Si generalizamos la conducta con expresiones como “eres un desastre” estamos marcando, de forma no intencional, una imagen permanente.

Es importante especificar la conducta erronea y la correcta: “no puedes sacar más juguetes hasta que no recojas los anteriores”. Esto permite al niño conocer de forma concreta aquellas cosas que se esperan de él.

Es muy útil explicarle como nos sentimos ante su conductaIncumplir las normas tiene consecuencias. El niño tiene que saber previamente que pasará si no cumple determinado mandato: “si no terminas la cena, no podrás comer el postre”. De esta forma le ayudamos a entender que sus acciones tienen un efecto sobre él y sobre el mundo que le rodea. No es igual que quite un juguete a otro niño, a que se lo pida. Al mismo tiempo, es muy útil explicarle como nos sentimos ante su conducta, ya que así le estamos dando la posibilidad de aprender que sus conductas van a influir en los sentimientos de los demás: “Si me quitas el juguete me siento triste y no tengo muchas ganas de seguir jugando”.

En ocasiones, les damos muchas oportunidades y esperamos para plantear la consecuencia, hasta que han incumplido la pauta en varias ocasiones: “Es la tercera vez que te digo que te pongas el pijama”. Nuestra paciencia se agota, por lo que la forma de decírselo quizá no sea la más adecuada.

La ira no sirve de nada

Pero para poner limites no es necesario estar enfadado, puedo mostrar que algo no me gusta de forma tranquila y firme. Será mucho más fácil que lo consiga si pongo el límite a la primera, que si lo hago cuando mi enfado está a punto de hacerme perder el control.

Trasmitir las pautas con seguridad permitirá que los niños entiendan que lo que estamos diciéndoles es importantePuede que los niños obedezcan cuando nos ven muy enfadados, pero ¿qué otros aprendizajes están teniendo? ¿Hay que perder el control para conseguir que los demás nos hagan caso? ¿Si la otra persona no se comporta correctamente están justificados nuestros gritos?

En ocasiones, cuando nos calmamos, no nos sentimos bien y podemos arrepentirnos de algunas palabras o actuaciones. ¿Cómo se sientes los niños? Trasmitir las pautas con seguridad, control y tranquilidad, permitirá que los niños entiendan que lo que estamos diciéndoles es algo importante y estaremos siendo un modelo adecuado de regulación emocional.

Mantener la calma y actuar de manera consciente y reflexiva requiere práctica y esfuerzo, pero no mucha más que la pérdida de control y posterior reparación. Cuando se establece una consecuencia debemos asegurarnos primero de que es realista. Normalmente, cuando están puestas desde el enfado, no suelen serlo: “Castigado sin tele, ordenador, móvil, etc". Y que es factible cumplirla: tenemos recursos, tiempo, podemos verificar que se cumple, depende de nosotros que se cumpla, etc.

Los padres como modelo

Es importante que seamos constantes. No es beneficioso que ante una misma conducta unas veces nos enfademos y otras no. La norma no depende de cómo se sientan los adultos en ese momento. Están llevando a cabo un cometido superior: educar. La norma ha de ser cumplida por todos o, si no es posible, cumplir el valor al que corresponde. Los padres somos su modelo y esta es una de las principales formas de aprendizaje.

No es beneficioso que ante una misma conducta unas veces nos enfademos y otras noExpresarlas de manera sencilla y clara, asegurándonos que entienden lo que les estamos diciendo. Por ejemplo: "no puedes comer fuera de la cocina". Ya que si iniciamos un discurso los niños tenderán a desconectar y a no hacer mucho caso a nuestras palabras.

Es esperable que los niños se enfaden, tengan rabietas, lloren o intenten convencernos cuando establecemos un límite. Es su forma de intentar ocupar una posición de poder que le permita llevar a cabo sus deseos. No podemos culparles por ello. ¿Quién no lloraría o tendría una pataleta, si la experiencia le enseñara que así puede hacer realidad muchos de sus deseos?

La intensidad de estas conductas irá disminuyendo a medida que los pequeños entiendan que los límites son claros y se cumplen.

Es inevitable que algunos días nos encontremos cansados o enfadados, y nos cueste más mantener la calma y hacer las cosas como queremos hacerlas. Podemos ser comprensivos con nuestros hijos y con nosotros, sabiendo que esa no era la manera en la que nos hubiera gustado hacerlo y reflexionando sobre cómo hacerlo mejor en la próxima ocasión.

La paternidad-maternidad es una tarea compleja y exigente, así como un continuo aprendizaje para hijos y padres. Revisar nuestros objetivos y la eficacia de los procesos que utilizamos para llegar a ellos, nos ayudará a realizarla de forma consciente y por tanto, más adecuada.

Centro de Psicología Psycos

Los límites son aquellas fronteras que delimitamos en nuestras relaciones y que nos permiten compatibilizar nuestro espacio individual (deseos, necesidades, opiniones, gustos, etc.) con el de la otra persona, creando así un espacio común en que ambos podamos sentirnos reconocidos y respetados.