La importancia de ayudar a los niños a gestionar las emociones negativas
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Sandra Toribio Caballero

Relación Padres e Hijos

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La importancia de ayudar a los niños a gestionar las emociones negativas

No cabe duda de que si hay algo que los padres y madres intentan evitar a toda cosa es el sufrimiento de sus hijos e hijas.

La dificultad de  los adultos para gestionar las emociones

Sin embargo, no siempre es fácil ponerle nombre a lo que sentimos. Es algo a lo que desde pequeños nos tienen que ayudar los adultos. Por ejemplo, “estás enfadado porque mamá no te ha hecho caso”, o “es normal que estés triste porque ya no vas a estar en clase con tu profe”, o “¡qué alegría que hayas ganado el concurso de pintura!”, son frases con las que padres y madres ponen en palabras los sentimientos de los hijos. A veces resulta más fácil poner en palabras las emociones positivas: desde pequeños se nos enseña a estar contentos cuando recibimos una buena nota o a expresar gratitud cuando recibimos un regalo. Sin embargo, hay algunas emociones que tardan más enseñarse, como es el caso de la angustia. No es común escuchar a un niño pequeño decir: “Estoy angustiado”. ¿Por qué, si los adultos tenemos bien registrado qué significa esto? Quizás tenga que ver con que determinadas emociones negativas son especialmente difíciles de gestionar por los propios adultos. Además, algunas emociones, como el miedo, la alegría o la tristeza, son más fáciles de explicar que otras porque normalmente son producidas por un hecho en concreto. Por ejemplo, si un niño o niña pasa al lado de un perro grande y de repente éste se pone a ladrar, es normal que se asuste y tenga miedo pensando que quizás le quiera morder.

Si no puedo nombrar las emociones, me será más difícil gestionarlas y habrá más riesgo de somatizaciones

Pero emociones como la angustia son mucho más difusas, no son necesariamente desencadenadas por algo en concreto, sino que más bien tienen que ver con determinados estados más generales. Por ejemplo, si el profesor o la profesora (con quien, podemos suponer, hay un fuerte vínculo) se marchan de baja y viene un sustituto, a priori, como adultos, podríamos suponer que este hecho en sí no tiene por qué ser estresante: es normal que los adultos necesiten coger bajas en según qué circunstancias. Sin embargo, quizás para un niño o niña, esta situación pueda resultar tremendamente angustiosa: “¿qué le habrá pasado a mi profe? ¿Cómo va a ser ahora con éste nuevo? ¿hasta cuando va a quedarse?”,… Y esta situación no “encaja” con las emociones más básicas: no es necesariamente miedo, ni enfado, ni tristeza. Es algo mucho más complejo.

Catalogando los sentimientos

¿Por qué es importante que padres y madres ayuden a sus hijos e hijas a gestionar las emociones? Es fundamental que los adultos puedan ayudar a los niños y niñas a poner en palabras sus emociones, y no sólo las más básicas. Cuanto más rico sea el abanico que se utilice con ellos desde que son pequeños, mejor preparados estarán de mayores para poder hacer frente a las múltiples y complejas situaciones con las que se irán encontrando. Al igual que si sólo dispongo de martillo sólo podré “clavar clavos”, si sólo dispongo en mi vocabulario de alegría-tristeza-miedo-sorpresa-enfado, habrá muchas situaciones que no podré “catalogar”. Y si no puedo nombrarlas, sin duda me será mucho más difícil gestionarlas y habrá más riesgo de somatizaciones cuando esos niños y niñas vayan creciendo.

[1] Martínez Ibañez, J. J. (2013). Las dos edades de la mente: Vicisitudes del funcionamiento mental. Ágora Relacional.

[2] “El cerebro, teatro de las emociones”. Entrevista de Eduard Punset a Antonio Damasio. Extraído el 18 de Marzo de 2013. http://www.eduardpunset.es/419/charlas-con/el-cerebro-teatro-de-las-emociones.

[3] Paul Ekman. Consultado el 18 de Marzo de 2013.  https://paulekman.com/.