Reírse, el reto para afrontar la crisis
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Lola García

Trabajo y sentido común

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Reírse, el reto para afrontar la crisis

Ana tiene 36 años, está casada y ahora está en el paro. No encuentra un trabajo que se ajuste a sus expectativas. Su rostro refleja la

Ana tiene 36 años, está casada y ahora está en el paro. No encuentra un trabajo que se ajuste a sus expectativas. Su rostro refleja la situación de angustia y desesperación ante la situación actual. Solicita ayuda a el servicio de orientación sociolaboral del Ayuntamiento que le corresponde para que le ayuden a reorientarse tanto laboral como personalmente.

Una de las principales preocupaciones de los parados es la entrevista de trabajo, sobre todo cuando han realizado unas cuantas y los resultados no han sido favorables, la autoestima se resiente.

Preparamos un simulacro de diferentes tipos de entrevistas: dinámicas de grupo y entrevista personal, entrevista por competencias, en principio dejamos que actuaran como ellos lo harían. Ana asiste con ropa que no mejora o aviva su imagen, no va maquillada y el gesto de su boca es serio, apenas sonríe.

Ellos vivencian una situación tal cual la harían, y se analiza como se han sentido así y los miedos que han experimentado. Decidimos que era el momento de desbloquear los miedos que se dibujan a través de los pensamientos: “No me van a coger”, “La entrevistadora va a sentir que estoy nerviosa”, “No tengo la imagen que buscan” y se transforman en las emociones negativas de: ansiedad, miedo e inseguridad.

El siguiente paso es desbloquear todas esas emociones, ¿cómo? Provocando situaciones que generen la risa, el buen humor. Vamos a imaginar que la entrevistadora os hace preguntas absurdas que dan lugar a respuestas absurdas que desembocan en carcajadas de todos los asistentes. ¿Cómo se sentirán ahora?, más relajados, más creativos en dar las respuestas, más optimistas a continuar una entrevista con más seguridad.

Ana fue una participante que pasó de tener la comisura del labio hacia abajo a de repente desternillarse de risa de manera explosiva, lo que le sirvió para descargar toda la angustia y el malestar enfocándose únicamente a la situación absurda vivida. Su actitud cambió automáticamente porque se relacionaba más con los compañeros, y al día siguiente asistió maquillada y vestida con colores que embellecían su tez, y embellecían su figura. Su autoestima se estaba levantando.

El humor como terapia

Se admite en psicología que, cuando consideramos el lado cómico del mundo, se fortalece nuestro cuerpo y todavía más nuestra psique (Steve Ayan).

La terapia de la risa sorprendentemente inspiró la creencia popular de que la alegría no sólo mejora las enfermedades del cuerpo y de la mente, sino que también puede curarlas. En los últimos años, a la vista de muchos hallazgos prometedores, los profesionales hablan de un efecto protector y curativo del sentido del humor.

En la antigüedad clásica, Aristóteles reconocía en la risa “un ejercicio corporal de gran valor para la salud”. Esta apreciación general sigue vigente, aunque es difícil de demostrar científicamente la supuesta relación entre el buen humor y la salud. Los efectos inmediatos que acompañan a la risa son similares a los del ejercicio corporal: contracciones musculares, aceleración de los latidos cardíacos, aumento de la presión arterial, de la frecuencia respiratoria y del aporte del oxígeno. Pero ni la más sonora carcajada dura más allá de unos segundos.

En los años treinta del siglo pasado, mediante test fisiológicos, se demostró que la disminución del tono muscular después de la risa dura al menos tres cuartos de hora; el cuerpo queda distendido durante ese tiempo. En principio, se encuentra también disminuida la sensibilidad al dolor, debido quizás a una eliminación de endorfinas que desencadenan sensaciones placenteras en el cerebro al tiempo que atenúan la transmisión de estímulos dolorosos. Suele repetirse que una potente carcajada tiene el mismo efecto saludable que 15 minutos de carrera.

Otro aspecto hace referencia a las hormonas. Hay datos que hablan a favor de que la concentración sanguínea de cortisol, la hormona del estrés, disminuye en las personas con buen humor. Se ha demostrado que un nivel persistentemente elevado del nivel de cortisol disminuye las defensas inmunitarias; ese mecanismo intervendría así en la defensa contra la enfermedad.

¿Por qué no intentar reirnos más para afrontar la crisis y las adversidades? ¿Por qué no tomar las adversidades como retos en vez de como obstáculos y además a carcaja limpia?