Saluda a los demás: las palabras que abren puertas
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Lola García

Trabajo y sentido común

Por

Saluda a los demás: las palabras que abren puertas

“¡Buenos días!, una vez más en este mes. Sepa usted que me debe a fecha de hoy 4,32 euros. Se lo digo porque quiero cobrarlo, puesto

“¡Buenos días!, una vez más en este mes. Sepa usted que me debe a fecha de hoy 4,32 euros. Se lo digo porque quiero cobrarlo, puesto que le he saludado cada día al entrar y salir de las oficinas”. Seguramente que en algún momento de tu vida has tenido un jefe que ni saludaba, o a ese compañero rarito que parece que ha nacido con esa cara de desagrado que se hace el despistado para no saludar, y siempre tienes que ser tú el que tome la iniciativa. Mi amigo Alberto me ha ayudado a crear este artículo gracias a su reflexión de las consecuencias negativas que puede tener el no saludarse en el trabajo.

Si se imaginan están situación, ¿qué piensan de ella?, ¿cómo se sentirían si algún día les llega a pasar? Entonces, ¿cuánto cuesta un saludo?, ¿cuánto nos cuesta ser cordiales? Lo saco a colación por todas las situaciones que a diario se viven y vivimos.

Cuántas veces hemos pasado por la recepción de un edificio o entrado a un ascensor y hemos dicho “hola” y el silencio nos ha hecho compañía. Desde luego tiene que haber de todo en este mundo, pero después, cuando estamos en los puestos de trabajo y vemos que existe un curso de mejora de liderazgo o desarrollo de las habilidades personales, queremos hacerlo. Pues bien, podemos empezar a poner en práctica muchas de estas cosas que son base de nuestra educación y que se trata de ser cordiales mejorando así nuestras destrezas personales.

Me refiero a cuando mandamos un correo electrónico y escribimos: “Buenos días”, y al terminar, “un saludo” o aquella expresión cordial que más nos guste y queramos usar para esa ocasión, puesto que el castellano como lengua es rica en posibilidades, hace que quienes nos rodean y con quienes tratamos a diario reciban la información de una forma más cordial. De esta forma, mejoramos el trato y abrimos oportunidades a relacionarnos mejor. Por ello, les animo a pensar en cómo mejorar en este aspecto, en el que sin duda todos podemos aportar.

Saluden y sonrían

El hecho de mejorar las relaciones hace que el día pueda ser más llevadero, incluso más alegre, entrando así en la dinámica de ser felices dejando a un lado el pensamiento de cómo poder serlo.El hecho de mejorar las relaciones hace que el día pueda ser más llevadero, incluso más alegre

Piensen en una cosa, den sin esperar porque de eso se trata. Saluden y sonrían, despídanse al marcharse porque de esta forma darán un punto de alegría a los demás y verán cómo los demás también se lo darán a usted. Claro está, sin tener en cuenta y darle importancia a las excepciones que siempre las habrá. Me dijeron un día “yo no saludo porque no me saludan” y a eso contesté: “A mí eso me da igual, yo siempre saludo porque es como me gustaría que me tratasen, si ellos no lo hacen es su problema y no el mío. Mi educación y cordialidad es la misma para todos”.

Si nos enfocamos a verlo con aquellos con los que trabajamos, con quienes pasamos gran parte de nuestra vida, tener un buen trato hace que nuestras vivencias sean mejores. Aquello que tratamos es como es, pero el cómo lo introducimos, cómo lo presentamos, influye en quien recibe la información y por tanto en cómo afronte la respuesta.

Para dar un mensaje negativo, primero es bueno tratar un tema positivo porque así el que tenemos que dar será recibido por nuestro interlocutor mejor. Por tanto, saludar influye de forma eficaz en nuestros interlocutores, puesto que estas primeras palabras las vemos como algo positivo y muchas veces como un punto de distinción: “es muy educado y saluda a todos al llegar”.

La cordialidad como fuente de felicidad

Hace tiempo me informé y descubrí que un mecanismo de defensa que tenemos ante muchos estímulos es dejar de prestarles atención y de aquí que en las grandes ciudades, en las que hay más cantidad de ellos, la gente sea más reacia a interactuar con el entorno y por tanto a saludar de forma abierta a quien no conoce. Pero pienso que es algo que tendríamos que intentar cambiar porque una base de nuestra sonrisa está en esos pequeños estímulos que nos rodean a diario.

La diferencia está, por ejemplo, en el camarero que nos pone todos los días el café. Si al entrar decimos “quiero un café” y luego “¿cuánto es?”, ¿tendría usted algún tipo de estímulo en estas dos frases? En cambio, la situación se vuelve diferente si decimos “¡buenos días! Cuando pueda me pone un café”, “¿podría decirme que le debo?… gracias, ¡hasta luego!”.

¿Cuál le hace sentir mejor?, ¿cuál le resulta más cordial y grata? Quizás, el próximo día el camarero le diga primero: “¡Buenos días! ¿Le pongo un café como el de ayer?”. Y esto haga que se sienta mejor los pocos minutos que pasa en la cafetería cada mañana antes de entrar al trabajo.

Entonces, apliquemos esto a otros campos, porque son muchos los momentos que tenemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos para ir mejorando. Derrochemos cordialidad, que a fecha de hoy no nos cuesta un céntimo. 

Muchas gracias por este rato que hemos pasado juntos y ¡hasta pronto!

*Dirigido a todos los jefes, compañeros y vecinos que no se dignan a saludar y crean un ambiente hostil, que ya es hora de humanizarnos, que de verdad no pasa nada, todo lo contrario, eres y haces más felices a los demás.