La verdadera razón por la que apenas están contratando. Y será peor todavía

La alta concurrencia y la sobrecualificación de los opositores son constantes que se repiten en cada convocatoria de empleo público

Foto: Los CEO de distintas multinacionales antes de comenzar una conferencia en la reunión del B20, en Sidney. (Reuters)
Los CEO de distintas multinacionales antes de comenzar una conferencia en la reunión del B20, en Sidney. (Reuters)

La sociedad española se sorprendió de que más de 10.000 aspirantes se presentasen a 159 puestos para la Guardia Civil, pero aún más de que muchos de ellos fueran titulados universitarios. Quizá llame la atención que la Benemérita sea más popular que en épocas recientes, pero no por la tendencia en sí, ya que la alta concurrencia y la sobrecualificación de los opositores son constantes que se repiten en cada convocatoria de empleo público.

Hay quien insiste en que estamos ante buenas noticias, ya que es mejor que no haya mucho trabajo público, que es demasiado rígido para sus detractores, y porque de este modo los funcionarios pueden ser gente realmente preparada, “no como hasta ahora, que entraba cualquiera”.  Sin embargo, lo que nos dicen los colectivos profesionales es justo lo contrario, que se precisa con urgencia más personal si queremos un servicio con una calidad mínima.

Los colectivos profesionales aseguran que se precisa con urgencia más personal en el sector público si queremos un servicio con una calidad mínima

El terreno de la seguridad es un buen ejemplo, porque necesitamos más policías, más guardias civiles, y más jueces (y eso sin hablar de un ejército en cuadro). Tenemos a poca gente realizando muchas tareas, y eso es siempre un gran problema: la sobrecarga laboral suele afectar de forma evidente al desempeño profesional, y la falta de motivación y el escaqueo para que otros hagan los trabajos más difíciles se convierten en moneda común. Además, esa dinámica intensifica la competencia por lograr mejores puestos o por una retribución mejor, lo cual genera tensiones internas que deterioran las relaciones y perjudican la calidad del trabajo.

Contratación en el sector público

Algo parecido están viviendo en Italia, también sometida a la oleada de recortes que imponen los tecnócratas de Bruselas. El Secretario General del sindicato Consap en Sicilia, Igor Gelarda, ha advertido de que algunos compañeros dependían de Cáritas para poder comer, porque su sueldo tenía una parte fija y una variable, y cuando ésta no hacía acto de presencia, ellos tampoco llegaban a fin de mes. Tener a la gente mal pagada o saturada de trabajo no ayuda a que éste se realice mejor, y tampoco a que se dé mejor servicio a aquellos a los que se debe proteger. Uno prefiere que además de los policías, los médicos, los maestros, los bomberos y los que recogen las basuras, entre tantos otros, tengan un salario decente y unas condiciones laborales que les ayuden a realizar sus funciones. Por más que puedan parecer diferentes, ambos problemas proceden del mismo mal, la negativa a invertir en recursos humanos por parte de los gestores públicos.

Tener a la gente mal pagada o saturada de trabajo no ayuda a que éste se realice mejor, y tampoco a que se dé mejor servicio

Mucha gente desprecia estas apreciaciones, señalando que este no es tiempo de funcionarios, que eso es cosa del pasado: tener a personas en un puesto seguro de por vida consigue que pierdan tensión, y el paso siguiente, inevitable, es que se acostumbren a la ley del mínimo esfuerzo. De modo que cuando los colectivos profesionales dicen que falta personal en la Administración, lo que quieren decir en realidad es que aspiran a trabajar menos. La segunda objeción es que son demasiado costosos para unas cuentas estatales en horas bajas. Tenemos tanta deuda que no podemos emplear más recursos en generar gasto.

Pero esas críticas pasan por alto dos puntos. El primero tiene que ver con el aparente efecto perverso de la permanencia en el empleo, como si el trabajo fijo terminase siendo contraproducente. No sé en qué sentido el empleo estable puede hacer que el desempeño profesional de un médico o de profesor empeore, pero si se llegara a pensar que ese es el problema, la solución sería sencilla: bastaría con cambiar la ley y establecer otro tipo de contratos. Del mismo modo, para el caso de que hubiera funcionarios cuyos resultados estuvieran por debajo de las necesidades, existen ya mecanismos legales que permiten corregir esas actitudes.

Oposiciones en Madrid, en las que se ofertaron 350 plazas de maestro. (EFE)
Oposiciones en Madrid, en las que se ofertaron 350 plazas de maestro. (EFE)

El debate equivocado sobre los funcionarios

La segunda alude a algo muy evidente, como es que esos puestos de trabajo siguen siendo necesarios. El cumplimiento de los servicios obliga a contratar personal, sólo que ahora se externaliza la gestión en empresas privadas que son las que cobran de Estado, Comunidades o Ayuntamiento, en lugar de hacerlo directamente los empleados. Lo cual suele ser una mala idea, especialmente allí donde no hay filtros. Si eres un político de los del 3 o el 5%, no puedes cobrar la comisión de cada funcionario que has contratado, pero sí puedes poner la mano para que caiga un sobre de la empresa que presta el servicio (y eso cuando no es de un pariente del cargo de turno), y no están los tiempos como para dar oportunidades.

Los modernos métodos de gestión han insistido en dos factores centrales, bajar los sueldos y reducir el personal

Sin embargo, enfocar el asunto desde el debate sobre más o menos funcionarios es poner el acento en el lugar equivocado, porque la falta de personal en las empresas privadas, y especialmente en las más grandes, es un problema que empieza a ser más que molesto. Cualquier cliente de un banco (algo que todos, de un modo u otro, estamos obligados a ser) que tenga que realizar algún trámite en la sucursal puede atestiguar el pequeño infierno en el que se ha convertido realizar cualquier gestión: casi todos se han puesto a cerrar oficinas y a ahorrar en personal, y el resultado es un cliente cada vez peor tratado, en muchos sentidos.

El contratante de un seguro médico privado puede dar fe del deficiente funcionamiento de muchos de ellos (ni comparación con los servicios que daban hace apenas una década), que se parecen cada vez más a la antigua Seguridad Social. Por no hacer la lista larga, no mencionaremos las compañías de luz, gas o teléfono o tantas otras, como las de comida rápida o las de distribución.

Un grave error de gestión

Los modernos métodos de gestión han insistido en dos factores centrales, bajar los sueldos y reducir el personal, lo cual implica contar con muchos menos recursos para realizar bien el trabajo. Lo peculiar en este sentido es que muchas de ellas ganan bastante dinero a final de año, por lo que no están obligadas a recortar, pero prefieren engordar las cuentas de resultados que cuidar al cliente. Es obvio que es un error a medio plazo, pero también lo es que a corto los directivos se llevan sustanciosos bonus a final de año, y uno empieza a pensar si no exactamente el tratarnos mal como clientes lo que, como dice Steve Denning, les permite llevarse el dinero a su casa al cierre del ejercicio, y ello a pesar de que esa actitud pueda acabar con su empresa.

Para el caso de que hubiera funcionarios cuyos resultados estuvieran por debajo de las necesidades, existen ya mecanismo para corregir la situación

En fin, que si uno echa un vistazo al panorama laboral, se encuentra con que la correcta realización de los trabajos exige contar con mucho más personal del que se está contratando, pero, por unos motivos u otros, a menudo nada sensatos, no se hace. Ninguno de los grandes poderes quiere contratar la mano de obra que es precisa, y sólo algunas pymes se atreven a dar el salto adelante para tratar bien a su cliente.

Así las cosas, uno piensa si ese cambio tecnológico que no paran de anunciarnos (el último, a través de un informe repartido en la reunión del G20 en Australia, según el cual, afrontamos una crisis del empleo brutal y global) no es en primer lugar un cambio en las formas de gestionar las empresas que aprovecha la excusa de las nuevas tecnología para contratar menos gente, obviando la calidad y la atención de los productos y de los servicios que venden.

En todo caso, tales cambios están haciendo daño al sur de Europa y especialmente a España: aquí estamos sin industria, sin empleos en agricultura ni en ganadería, sin ser una potencia en innovación y ahora sin ladrillo. Entre los problemas que tenemos y los que nos crean quienes nos dirigen, las cosas se están poniendo feas. Y eso lo saben los políticos listos. Por eso el primero en dar visibilidad al asunto de los policías italianos ha sido Beppe Grillo.

Tribuna

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