La empecinada grieta sexual del informe PISA

Es sorprendente que este problema, de dominio público, no haya producido alarma social ni reacción alguna en la comunidad educativa

Foto: Varios estudiantes realizan un último repaso antes de iniciar la primera jornada de las pruebas de acceso a la universidad. (EFE)
Varios estudiantes realizan un último repaso antes de iniciar la primera jornada de las pruebas de acceso a la universidad. (EFE)

Una vez más los estudios sobre educación realizados por la OCDE sacan a relucir un dato que se ha venido repitiendo con constancia en los últimos años: la existencia de una grieta entre los sexos en el ámbito educativo.

No supone ninguna novedad. Sabemos desde hace años que el chico tipo está un año y medio por detrás de la chica tipo en lo que se refiere a leer y escribir; está menos comprometido en el colegio; su comportamiento es peor y es más improbable que acabe realizando estudios universitarios. Los chicos presentan tasas de fracaso escolar más elevadas que las chicas en todos los tramos educativos, especialmente si nos referimos a centros públicos. Todo parece indicar que el actual sistema de educación pública mixta se ha convertido en el lugar más contraproducente de la tierra para los chicos.

En relación con las niñas también es sobradamente conocido que su autoestima baja considerablemente en la adolescencia y que siguen por detrás de los varones en las materias relativas a matemáticas, tecnología, informática y ciencias. Las denominadas en inglés STEM (Science, Tecnologies, Engineering and Maths). En España, actualmente, el número de chicos titulados en estas materias duplica al de mujeres. Como muestran los datos del Instituto Nacional de Estadística, la opción científico-técnica es la más elegida por los hombres y la de ciencias sociales por las mujeres. En la Universidad Carlos III en el curso 2013/14, las alumnas de nuevo ingreso suponían un 22,50% en la Escuela Politécnica, mientras que en algunos Grados de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas representaban un 50% o un 60%.

Estos datos son sobradamente conocidos desde hace tiempo y confirmados a diario por los profesionales de la educación. Sin embargo, como ya señaló en 2011 el Consejo Escolar del Estado, es sorprendente que este problema, de dominio público, no haya producido alarma social ni reacción alguna en la comunidad educativa.

Los niños y niñas que han ido a colegios diferenciados tienden a inclinarse por estudios que tradicionalmente han pertenecido al sexo opuesto
En esta ocasión, la novedad del informe sobre igualdad de género en la educación de la OCDE radica en que por vez primera alude a la educación diferenciada (single-sex education) como posible herramienta para solucionar los estereotipos sexuales que aún existen en las escuelas. En concreto afirma que: “Las chicas en colegios separados por sexo obtienen mejores resultados en matemáticas y son más proclives a asumir riesgos en sus tareas escolares”.

Y es que son muchas las investigaciones rigurosas y objetivas que señalan que los niños y niñas que han ido a colegios diferenciados tienden en mayor medida a inclinarse por estudios y asignaturas que tradicionalmente han pertenecido al sexo opuesto y se hallan menos influenciados por los roles típicos tradicionales. Los chicos de centros diferenciados que se interesan por materias como arte, música o teatro son el doble comparados con los que atienden a centros mixtos, mientras que las niñas en los centros de educación diferenciada se muestran más positivas sobre sus propias habilidades y el control sobre su vida, además de tener expectativas más elevadas sobre su futuro.

En esta línea, la investigación desarrollada en la Universidad de California (UCLA) por  la Dra. Sax y sus colegas en el 2009, muestra cómo en matemáticas el 47% de las niñas de colegios diferenciados se sienten bien preparadas para acceder en la universidad a carreras relacionadas con matemáticas y ciencias en general, comparadas con el 36,6% de las chicas de colegios mixtos. Las chicas de colegios diferenciados consideran tres veces más la posibilidad de hacer una carrera de ingeniería que sus homólogas de colegios mixtos. Esto es un 4,4% frente a un 1,4%. Una diferencia similar existe en cuanto a sus habilidades informáticas, con un 35,8% en las niñas de colegios diferenciados frente a un 25,9% en las de colegios mixtos. Y desde el punto de vista intelectual, el 60% de las niñas de colegios femeninos muestran una clara confianza en sí mismas con elevadas expectativas, comparado con el 54% de las niñas de colegios mixtos.

Por su parte, el British Educational Research Journal establece que el 80% de las chicas tienen mayor autoestima y expectativas más altas en clases exclusivamente femeninas y el 65% considera que progresa más en matemáticas.

La feminista y pedagoga de la Universidad de Kiel Lore Hoffmann reconoce que, con la atención a las especificidades femeninas en las escuelas, se consigue que las chicas se interesen mucho más por las “típicas asignaturas de chicos, como la Informática, Química o Matemáticas, al estar orientadas según sus necesidades”. También Cussó, en su trabajo sobre Tecnología y género, propone clases separadas por sexos como práctica favorecedora del acceso de las chicas a las carreras técnicas.

En países como Estados Unidos o Alemania se han implantado clases diferenciadas por sexo que reciben amparo legal y reconocimiento de la Administración
Las ventajas de las escuelas diferenciadas para las niñas y jóvenes quedan también claramente patentes en el trabajo de la UNESCO Single sex schools for girls and gender equality in education, Asia-Pacific Programme of Education for All, 2007.

A la luz de estos datos, países como Alemania han aceptado la posibilidad de escuelas públicas donde se imparten clases de matemáticas sólo para niñas, con un excelente resultado, reflejado en el aumento del acceso de mujeres a carreras técnicas. Solo en Berlín existen ya 156 escuelas públicas de este tipo. Y en Baviera hay 86 colegios femeninos creados a instancia de los padres y financiados con fondos públicos.

En cuanto a los chicos, la investigación desarrollada en 2011 en la Universidad de Londres por la doctora Chowdhury, en la que compara la autoestima de alumnos de entre 12 y 16 años en colegios mixtos y diferenciados, llega a la conclusión de que los chicos en colegios masculinos tienen mayor confianza en sí mismos en varios campos: ámbito académico; deportivo; profesional; grado de sociabilidad; capacidad para hacer amigos y en la capacidad de tener relaciones románticas. El pedagogo de Heidelberg Mark Böhmann sugiere que, sin la distracción femenina, las payasadas y los modos de comportamiento machistas dan marcha atrás y el clima en el aprendizaje mejora: “Parecía como si algunos chicos hubieran invertido su rol” y considera que, para los profesores, la enseñanza separada les conduce a “una posición más consciente en torno a los sexos”, evitando en consecuencia cualquier tipo de discriminación en su comprensión y trato hacia los alumnos y alumnas.

En Estados Unidos, el estudio realizado en el 2004 por la National Association of State Boards of Education (organización sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es influir en las políticas educativas de EEUU para promover la excelencia de todos los estudiantes, la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación y asegurar el apoyo constante para la mejora de la educación pública) acaba concluyendo: “Los beneficios de la educación separada, tanto para los chicos como para las niñas, incluyen: mayor nivel en la lectura y comprensión lectora; una mejora en el aprendizaje de lenguas extranjeras; una disminución de los estereotipos sexuales; más tiempo dedicado al estudio y deberes en el hogar; y unas aspiraciones más altas. Los efectos positivos son enormes tanto para los niños como para las niñas, y muy especialmente para aquellos estudiantes pertenecientes a minorías…”.

A la luz de estos estudios, la educación diferenciada por sexo es probablemente uno de los asuntos más actuales en la lucha por la igualdad de oportunidades en el ámbito de la educación pública. En países como Estados Unidos, Australia, Reino Unido o Alemania, se han implantado clases diferenciadas por sexo que reciben amparo legal, apoyo social y reconocimiento de la Administración que las avala y autoriza, incluso en colegios e institutos públicos.  En estos países, estamos presenciando la implantación seria y definitiva de un nuevo modelo pedagógico, cuya fuerza arranca de sus propias ventajas, demostradas empíricamente, y de su fuerte aceptación social, al margen de ideologías, creencias o tendencias. El renacer de los colegios diferenciados es una de las innovaciones pedagógicas más poderosas e importantes de las últimas décadas, con un objetivo muy claro y definido: lograr la igualdad.

Sin embargo, nuestros políticos, sean del color que sean, siguen presionados por la corrección política y el miedo a reconocer que la atención a las diferencias sexuales en el aprendizaje es un instrumento eficaz en la lucha contra las discriminaciones que subyacen a las estadísticas de la OCDE. Así lo demostró la Secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomedio, en unas declaraciones realizadas en la presentación en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid del informe de la OCDE este jueves. A la pregunta de una periodista sobre la posibilidad de que los llamados colegios de educación diferenciada pudieran disminuir las distancias en el rendimiento de unos y otras, la número dos del ministerio señaló que “no hay ninguna evidencia científica de que mejore el rendimiento” con este modelo de enseñanza.

Ningún modelo es perfecto para todos los alumnos, ni el mixto, ni el diferenciado. Pero a la luz de las investigaciones señaladas (entre otras muchas) lo que es innegable es precisamente la existencia de abundante “evidencia científica” de que la educación diferenciada puede reducir la grieta entre los sexos en el ámbito escolar favoreciendo así una mayor y más real igualdad de oportunidades. Y aunque algunos se aferren a los dogmas y prejuicios quietistas que impiden el desarrollo de la ciencia y por lo tanto el avance social, como afirmó Galileo cuando cuestionaron sus investigaciones sobre el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, sólo nos queda afirmar que: "Eppur si muove".

 

*María Calvo Charro es presidenta en España de la European Association Single Sex Education y profesora de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III.

Tribuna
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