Los "Jobitos" y los "slim fit", la herencia que ha dejado Steve Jobs en la empresa actual

Las formas de gestión del innovador más celebrado en el siglo XXI están siendo cuestionadas: ha generado tras de sí un reguero de imitadores que resultan perniciosos para las firmas

Foto: Steve Jobs, en 2005, anunciando el iPod Nano. (Justin Sullivan/Getty Images)
Steve Jobs, en 2005, anunciando el iPod Nano. (Justin Sullivan/Getty Images)

'Steve Jobs' es una de las películas de la temporada, por el personaje que retrata y por su autor, Aaron Sorkin, famoso desde 'El ala oeste de la Casa Blanca' y artífice de ese fantástico biopic sobre Zuckerberg que lleva por título 'La red social'. Pero también porque vuelve a situar la figura de Steve Jobs en el debate público desde una nueva perspectiva. El gran innovador, el emprendedor del siglo XXI, deja espacio a la persona detrás de los focos, con sus contradicciones íntimas y con su peculiar forma de gestionar sus empresas y a sus empleados.

La película está sirviendo, entre otras cosas, para cuestionar los métodos de Jobs a la hora de construir equipos, dado su deficiente trato a colaboradores y colegas y su actitud altiva, exigente y malencarada, y para que volvamos a preguntarnos si la presión y el miedo son las mejores formas de conseguir que los trabajadores den el máximo de sí. Sin embargo, el tema va mucho más allá de las discusiones teóricas y del enjuiciamiento de Jobs como mito cuasi religioso de la era tecnológica, para centrarnos en las formas y actitudes que reinan en la empresa contemporánea.

La dureza es rentable, porque en esta industria ser egocéntrico es mucho más una ayuda que un estorbo

BBC News ha publicado un reportaje en el que analiza si el modo de gestión de Jobs funciona y si es efectivo a la hora de sacar el máximo rendimiento de los empleados. Como suele ser usual en estos textos, aunque hay posturas encontradas, la mayoría de los consultados dictaminan que hay mejores formas de desarrollar el talento de las personas que las voces y la presión. La realidad, sin embargo, suele circular por caminos muy distintos de los teóricos, y es ahí donde la influencia de los modos de gestión del entorno tecnológico, del que Jobs es uno de los padres, se deja sentir de un modo pernicioso.

La arrogancia funciona

El testimonio de una de las consultadas en el reportaje lo pone especialmente de manifiesto. Sarah (nombre ficticio), empleada en una firma jurídica internacional, asegura que la dureza es rentable, porque “en esta industria ser egocéntrico es mucho más una ayuda que un estorbo”. No se trata exactamente de ser agresivo, matiza, pero sí de hacer notar que se está presente, a menudo mediante opiniones que son expresadas con voz firme y en tono elevado, algo que ella hace no sólo para formar parte del entorno, sino para no ser excluida de él. Luke Johnson, un 'venture capitalist' también entrevistado por la BBC, coincide en que los egoístas y las personas a las que les gusta asumir el mando con un punto de arrogancia son los que acaban triunfando.

Lo que describen no tiene que ver con que el líder de la compañía haya adoptado formas de gestión rudas y enérgicas, sino con que los empleados que pretenden hacer carrera son los primeros que interiorizan esos modos y los que los exhiben cada vez que tienen ocasión. No son Steve Jobs, son pequeños “Jobitos” que emulan las formas de comportamiento de sus referentes.

Julio se reía abiertamente de su forma de caminar, decidida y con las piernas un poco arqueadas, “como si acabaran de descender del caballo”

A este tipo de personajes que pululan por las empresas contemporáneas los denominé “Slim fit”, después de hablar con Julio, un profesional español expatriado que se refería así a gente con la que se encontraba a menudo en su compañia. Julio los describía, con un tono entre irónico y cansado, como tipos esbeltos, “con un ligero tinte moreno en la cara que no llega a ese propio de la gente del campo, algo que denotaría falta de clase, peinados con la raya indefinida y algo desordenada, y con una barba cuidada, un pelín más larga que la de Steve Jobs”. Julio se reía abiertamente de su forma de caminar, decidida y con las piernas un poco arqueadas, “como si acabaran de descender del caballo”, y de su uniformidad estética, ya que todos vestían con ropas de corte moderno que les quedaban como un guante, especialmente las camisas ajustadas de tonos claros que permitían apreciar su forma atlética y su torso musculoso. Los llamaba sarcásticamente “slim fit”, por esta forma de vestir, que encajaba perfectamente con su actitud, la de personas dominantes, seguras de sí mismas, deseosas de tomar el mando, auténticos guerreros corporativos.

Haciendo marca de sí mismos

Los “slim fit” y su sensación de que el vínculo entre seguridad en sí mismo, autoafirmación, imagen y altivez es un camino para el éxito, son una de las herencias que han dejado en el mundo del management y de la empresa contemporánea héroes tecnológicos como Jobs. Desafortunadamente, no les falta razón. La gran empresa y el trabajo cualificado en ella se han convertido en un espacio en la que el empleado debe venderse interna y externamente, y la arrogancia tiende a ser considerada como prueba de que alguien es válido: sugiere ambición, resolución y actitud arrolladora. Son personas que hacen marca de sí mismos por caminos resolutivos.

Eran ellos los que realmente realizaban el trabajo para que estos “Jobitos” tuvieran tiempo de lucirse

Sin embargo, estos “Jobitos” son altamente perniciosos para la organización, y especialmente si tienen éxito, porque producen la sensación de que en la empresa lo único que cuenta es la apariencia. Generan desapego y cinismo en la medida en que transmiten la idea de que la valía y el desempeño profesional no tienen demasiada importancia, que el trabajo bien hecho es irrelevante, que el talento carece de valor y que el pragmatismo lo aportan la ambición y la altivez.

Como me confesaba Julio, algunos empleados de su compañía, entre los que se contaba, tenían la sensación de que eran ellos quienes realmente realizaban el trabajo para que estos “Jobitos” pudieran tener tiempo de lucirse en Twitter, en LinkedIn o elevando el tono de voz en las conversaciones de pasillo. La innovación de Jobs y del entorno que le rodeaba también consistió en hacer creer a egocéntricos arrogantes que el futuro era irremediablemente suyo.

Tribuna
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