La venganza fría de Varoufakis: este alemán es culpable del fracaso del Deutsche Bank

Los problemas que está sufriendo el banco alemán señalan disfunciones serias en el plan germano. Hay cuestiones éticas y políticas en juego, pero sobre todo subraya una gestión nefasta

Foto: Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán. (Ede/Olivier Hoslet)
Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán. (Ede/Olivier Hoslet)

No deja de tener ribetes de justicia poética que la misma semana que Varoufakis lanza DIEM25, el Plan B para Europa, hayamos conocido la débil situación del Deutsche Bank y las nefastas consecuencias a las que puede arrastrar a la banca europea, y con ella a los estados que conforman la UE.

En Deutsche Bank confluyen dos problemas, uno relacionado con la desconfianza del sector financiero sobre la capacidad del banco alemán para pagar los intereses de sus bonos contingentes convertibles (CoCos), tras anunciar unas pérdidas de casi 6.800 millones de euros en 2015. Este es el elemento que más se ha resaltado, ya que es el que más preocupa a los inversores, que pueden ver cómo se evaporan los beneficios que habían previsto.

Deutsche Bank es una mezcla de riesgo excesivo, de conductas éticamente reprobables, de sueños de grandeza de sus gestores y de avaricia

El segundo, más importante, tiene que ver con los problemas que han llevado al banco germano a esta situación. Hablamos de una entidad que ha sido multada por las autoridades británicas con 2.252 millones de euros por manipular las tasas de interés, que ha de afrontar multas por conductas ilegales en EEUU, que también ha sido sancionada por Bruselas y que tiene 6.000 pleitos abiertos.

Y esto es solo parte de un historial que se corona con la paralela subida sin freno de los bonus de sus responsables, al mismo tiempo que aumentaban sus niveles de riesgo y las sospechas de que sus balances contables no reflejan la realidad.

¿Dónde están las críticas a la gestión?

Dicho de otra manera, Deutsche Bank dista mucho de ser la mejor prueba de eficiencia en la gestión: es una mezcla de riesgo excesivo, de conductas éticamente reprobables, cuando no delictivas, de sueños de grandeza de sus gestores y de avaricia desatada. Fruto de todo ello es que quizá no pueda hacer frente a sus pagos, justo, como diría Varoufakis, lo que se le reprochaba a Grecia y llevó a su intervención.

Se atacaron nuestra incapacidad congénita para trabajar debida a tanto sol y nuestra connatural falta de ética: los del sur éramos así

Bien puede decirse que son problemas distintos, empezando por que se trata de una entidad privada y no de un Estado. Y es cierto, pero solo en parte. Se trata de un banco privado cuando las cosas van bien, pero cuando se tuercen, y debido a esa extraña asunción de que existen entidades demasiado grandes para que quiebren, el común de los mortales, que no tiene relación alguna con entidades como Deutsche Bank o Lehman Brothers o tantas otras, acaba pagando la fiesta. Y, en segundo lugar, son instituciones diferentes, pero llama la atención que las críticas respecto de la gestión de unos fueran tan feroces, y no hayan existido respecto de la que está teniendo lugar en el banco alemán. Al fin y al cabo, desde esta perspectiva, todo se reduciría a lo mismo, a que determinadas personas no saben dirigir y están poniendo en riesgo el sistema.

Yanis Varoufakis.
Yanis Varoufakis.

 

Es imposible para los países del sur no encontrar resonancias en esta situación, y más aún si se recuerdan cuáles fueron los argumentos que se utilizaron, y se siguen utilizando, contra nosotros. El rescate del sector financiero español, que nos está costando años de crisis, de numerosos dramas personales y de gran inestabilidad vital, y que fue realizado para que los deudores de las cajas pudieran cobrar las deudas en que estas habían incurrido, estuvo tejido de acusaciones contra la corrupción y la ineficiencia de los gobernantes nacionales, contra nuestra incapacidad congénita para trabajar debida a tanto sol, contra nuestra connatural falta de ética, y desde la convicción de que éramos seres imperfectos que debían ser controlados y supervisados por personas eficientes que nos llevaran por el camino moralmente correcto, el de devolver todo lo debido, porque nosotros solos no sabemos hacer las cosas. Y, en el caso griego, fue lo mismo, solo que mucho peor.

Schäuble, sólido como una roca

Ahora llega lo de Deutsche Bank, como antes supimos de Volkswagen, o del cierre del Maple Bank de Fráncfort por lavado de dinero, ejemplos de gestión privada lamentable con serias consecuencias sociales. Y uno esperaba que Schäuble, el ministro de Finanzas alemán, se aplicase el mismo discurso que aplicó a los políticos del sur: si no sabe cómo está su principal banco, si no es capaz de advertir las señales que indican que el riesgo se ha sobrepasado, si carece del valor o de los conocimientos para ejercer una tarea eficaz de supervisión, lo lógico es que se dedicara los calificativos que dirigió a los demás, y que hubiera puesto en marcha los mecanismos institucionales necesarios para corregir los problemas, o que hubiera dejado paso a otro. Pero no lo hizo, y cuando todo ha comenzado a estallar, ha seguido la táctica de Zapatero: si el socialista, perezoso e ideológico presidente español afirmó cuando estalló la crisis que nuestro sistema bancario era más sólido que ninguno, Schäuble ha salido a decir lo mismo, esto es, que el Deutsche Bank es sólido como una roca.

Sería honesto que Schäuble diera la cara, se aplicase los estereotipos estúpidos que dedicó a los demás y reconociera que su país tiene un problema

Se puede argumentar que Deutsche Bank es una entidad privada, pero eso es algo poco realista. En primer lugar, por la propia naturaleza del negocio bancario, que hace necesaria la supervisión. Y en segundo lugar, porque hay que poner en duda que los bancos demasiado grandes para caer sean estrictamente privados cuando sus problemas los podemos terminar pagando todos los demás. La titularidad del banco deja de ser relevante cuando sus ineficiencias tienen un coste mundial.

La venganza fría de Varoufakis: este alemán es culpable del fracaso del Deutsche Bank

El Plan A está fracasando

De modo que lo honesto sería que Schäuble diera la cara, se aplicase los estereotipos estúpidos que dedicó a los demás políticos (¿qué tal algo así como “los alemanes somos unos cabezas cuadradas”?), y reconociera que su país tiene un problema y que él forma parte del mismo. Si los políticos españoles (o los griegos, o los portugueses, o los italianos) son los responsables de que nos vaya mal, Merkel y él también lo son de los problemas alemanes. Pero no lo hará, porque no es posible. Este es el mismo hombre que ha afirmado que si en algún momento los griegos salen de la crisis, le tendrán que hacer un monumento, el mismo que junto a Dijsselbloem clamó contra las deficiencias de la política que había llevado a la bancarrota al Estado griego, el mismo que actuó de forma desagradable contra los débiles pero que no ha sabido enbridar a los fuertes.

De modo que sí, el Plan B de Varoufakis no podía haberse hecho público en un momento más irónicamente adecuado. Porque quizá sea irreal, o quizá no, pero lo que se ha subrayado estos días es que el plan A no funciona. El caso Deutsche Bank subraya la falta de sentido común, de perspectiva y de conocimientos en la gestión de quienes están al frente. Y eso incluye a los directivos del banco alemán, a Merkel y a Schäuble. Y de fondo, la crisis griega, que sigue sin solventarse con las medidas que se tomaron desde la UE, y el ministro de Finanzas germano advirtiendo a Portugal de que no tolerará ninguna desviación.

Tribuna
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