Conspiraciones, tertulianos y gobiernos: así están tapando los 'Panama Papers'

Desde distintos lugares se está intentando ocultar las consecuencias de los papeles panameños. Algunos de los argumentos utilizados son ridículos, otros muy preocupantes

Foto: El millonario filántropo George Soros en el Foro de Davos. (EFE/Laurent Gillieron)
El millonario filántropo George Soros en el Foro de Davos. (EFE/Laurent Gillieron)

Estos días han circulado diversas teorías acerca de los Panama Papers, la exclusiva que han publicado El Confidencial y La Sexta junto con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Se han realizado múltiples interpretaciones respecto de su alcance se han realizado y se han podido escuchar versiones de lo más dispares, algunas muy negativas.

Como siempre que aparecen este tipo de asuntos, las reacciones oscilan entre la indignación popular, las advertencias de las autoridades a los posibles defraudadores y las preguntas soterradas acerca de quiénes están de verdad detrás de esta noticia, por qué se produce ahora y quiénes salen ganando. Es obvio que, en una sociedad como la nuestra, quiénes pueden estar interesados en que una noticia salga a la luz es un tema que no se puede obviar, pero lo es también que las suspicacias suelen utilizarse para sofocar el alcance de la información.

Los españoles lo sabemos bien cuando hablamos de corrupción: si aparecen datos que señalan a un partido, lo que más interesa a este partido es conocer quién los ha filtrado mucho más que poner fin al problema; las acusaciones de una parte son refutadas diciendo que los contrarios también sufren de los mismos males (“Vosotros tenéis los ERE, vosotros a Bárcenas”); o se argumenta diciendo que es un ataque interesado y falso para perjudicar a una formación en concreto o a una persona determinada.

Si eres corrupto y te pillan, lo que importa es que lo eres, no las intenciones de quien lo denunció

Pero todos ellos olvidan algo esencial: da igual quién lo haya filtrado y da igual cuáles sean sus intenciones, porque lo que importa es si esos datos son ciertos. Puede que un compañero de partido haya facilitado a la prensa las facturas que te inculpan en una malversación de fondos públicos, pero el ciudadano no tiene por qué juzgar cuáles son los propósitos detrás de esos papeles, sino si hay delito y si este nos perjudica. Si eres corrupto y te pillan, lo que importa es que lo eres.

La CIA, Soros y Rothschild

Con los 'Panama Papers' ha ocurrido mucho de esto: Putin insiste en que la CIA está detrás, Panamá que se trata de un hecho ilícito, los teóricos de la conspiración advierten de que esto es un ataque encubierto a los competidores del Occidente capitalista, otros advierten de que la caída de Panamá beneficia a Rotchschild y otros se lo atribuyen a los sospechosos propósitos de George Soros. Pero estos argumentos tienden a ocultar los datos más que a proporcionar información adicional, y suelen utilizarse para pasar por alto si estos son o no verdaderos.

Los paraísos fiscales conforman un entramado que hace posible que Warren Buffett diga públicamente que paga menos impuestos que su secretaria

No es esta la única manera en que se ha producido este ocultamiento "derivado", las hay más frecuentes. Y más preocupantes. El alcance de los papeles panameños ha sido minusvalorado desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, argumentando que poseer una cuenta en un paraíso fiscal es legal y que por tanto, en el fondo, no hay noticia. Faltaría la segunda parte, saber si esos individuos han incumplido las leyes nacionales, para conocer si la información es de verdad relevante. Pero esto va bastante más allá de unas personas en concreto: fijarse sólo en los nombres tiene interés periodístico, y sirve para dar conversación en los bares durante un tiempo y poco más. Los 'Panama Papers' son archivos de un solo despacho de abogados de un solo paraíso fiscal y hay cerca de cincuenta en el mundo. Según el último informe Oxfam 7,6 billones de euros se ocultan en ellos. Los paraísos fiscales son un gran problema para las economías mundiales, para los países y para el 99% de los habitantes del planeta, porque conforman ese entramado que hace posible que Warren Buffett afirme públicamente que “pago menos impuestos que mi secretaria”. O, por decirlo de otra manera, se han convertido en mecanismos que permiten a los que más tienen evitar sistemáticamente los sistemas impositivos nacionales, incluso legalmente, lo cual es bastante escandalosos en sí mismo.

La bandera de Panamá ondea en el barrio financiero de su capital. (REUTERS/Carlos Jasso)
La bandera de Panamá ondea en el barrio financiero de su capital. (REUTERS/Carlos Jasso)

“Cualquiera lo haría si pudiera”

Otra consiste en quitar importancia al asunto diciendo que quien puede tener el dinero allí hace bien, porque como vivimos en infiernos fiscales, cualquier persona razonable llevaría fuera su dinero para evitar la explotación horrible de los estados. La realidad es más bien la contraria, que las personas razonables no llevan allí su dinero; la gran mayoría de las cantidades que se domicilian en los paraísos fiscales proviene de las drogas, el tráfico de armas y de seres humanos, de la corrupción y de todo tipo de conductas ilegales posibles. A la gente razonable, los estados nos cobran un montón de impuestos directos e indirectos, y si intentamos sacar nuestros ingresos fuera, nos crujen. Son los delincuentes los que no pagan nada.

Todo el mundo quiere llevarse el dinero fuera para no tener que pagar impuestos. ¿Y por qué unos sí y otros no?

Un tercer modo consiste en señalar que la gente que critica estas acciones lo que tiene en realidad es envidia, que si ellos pudieran evadir también lo harían y que si se quejan es sólo porque ellos no tienen la posibilidad de contar con una cuenta en una paraíso fiscal. A esta clase de argumentos se les suele oponer la idea de que los impuestos son necesarios, que llevarse el dinero fuera es una forma de insolidaridad y que deben contribuir a sostener el bien común. Pero mi argumento preferido es seguir el camino propuesto: es cierto, todo el mundo quiere llevarse el dinero fuera para no tener que pagar impuestos. ¿Y por qué unos sí y otros no? ¿Por qué no hacemos un paraíso fiscal para todo el mundo? A partir de ahora podríamos cobrar nuestros sueldos en aquellos lugares donde exista la tributación más baja; fijaremos en islas remotas nuestros domicilios, aunque vivamos aquí, y nos evitaremos los típicos impuestos locales, y así sucesivamente. Si hay derecho para que unos lo hagan, hay derecho para todos, ¿no? Esta propuesta les hará mucha gracia a los bancos y a los fondos (muchos de los cuales tienen el dinero también en paraísos fiscales) que poseen deuda pública española, cuando el estado no recaude impuestos con los que devolverles lo prestado. Y les hará mucha gracia a los defraudadores, cuando no haya dinero para pagar la seguridad, las carreteras, los jueces y la gente empiece a pensar que para qué va a cumplir la ley, si no hay quien la haga cumplir. De modo que sí, a lo mejor es envidia lo que tenemos.

Y queda lo peor

Pero la mejor manera de tapar todo esto no es esgrimiendo esta clase de argumentos, entre banales, estúpidos y cínicos, sino la que se produce con insoportable frecuencia cada vez que alguna noticia de este tipo comienza a circular. Después de la revelación, las agencias tributarias nacionales solicitarán información, cotejarán datos y sancionarán a alguien, los ecos periodísticos se apagarán (al quinto día todo se habrá olvidado) y los gobiernos y las instituciones internacionales volverán a mirar hacia otro lado cada vez que se hable de los paraísos fiscales. Cada vez que se les ponga un micrófono delante dirán que es un gran problema, y después se olvidarán de él por completo. O mandarán a sus padres, como Cameron, o a sus mujeres para que abran una cuenta. O lo harán ellos mismos, como el primer ministro de Islandia.

Tribuna
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