El exgobernador del Banco de Inglaterra alerta del gran problema del capitalismo
  1. Alma, Corazón, Vida
  2. Tribuna
Esteban Hernández

Tribuna

Por

El exgobernador del Banco de Inglaterra alerta del gran problema del capitalismo

Mervyn King avisa en 'El fin de la alquimia' del peligro que supone la conversión del plomo en oro que practican los bancos. Pero subraya un riesgo que es todavía peor

placeholder Foto: Mervyn King, durante una intervención en la BBC. (Jeff Overs/Reuters)
Mervyn King, durante una intervención en la BBC. (Jeff Overs/Reuters)

Mervyn King fue gobernador del Banco de Inglaterra de 2003 a 2013. Le dio tiempo a conocer tanto la época de bonanza macroeconómica como la de la recesión, y por su cargo ha sido un testigo de primera mano de las tensiones que se han vivido, de los problemas que se afrontaron y de las soluciones que se han tratado de aportar. Es el autor de 'El fin de la alquimia', un libro que publicará el 20 de septiembre Deusto en nuestro país. Es un texto valiente, en la medida en que trata de poner sobre la mesa el núcleo de los problemas y no sus aspectos accesorios, al mismo tiempo que se aleja de los libros que suelen escribir quienes tuvieron parte activa en la crisis, esos en los que sus autores nos ofrecen su lectura sobre lo que pasó mientras dejan caer que menos mal que ellos estuvieron allí, porque si no las cosas hubieran ido mucho peor.

King, por el contrario, ofrece una mirada de largo alcance sobre las disfunciones del sistema y sobre cómo podrían afrontarse. Su perspectiva no es rupturista y se maneja dentro de la ortodoxia, pero eso no le impide realizar un diagnóstico que identifica con precisión los problemas. El primero de ellos es lo que llama la alquimia del dinero y de la banca, “la transmutación de depósitos bancarios con un valor seguro -dinero- en inversiones de riesgo ilíquidas”. King se refiere, como explica Lorenzo Bernaldo de Quirós en el prólogo, a que “un sistema bancario de reserva fraccionaria permite una casi ilimitada creación de crédito sobre una base de capital muy pequeña. Los bancos prestan mucho más de lo que les permitirían sus reservas si sus préstamos tuviesen que estar respaldados en su totalidad por estas. Ahí está la génesis de todas las bancarrotas bancarias”.

Esto significa, sin entrar en detalles, que los bancos pueden prestar mucho más de lo que tienen en sus reservas. Por ejemplo, los Acuerdos de Basilea III, promovidos por el G-20, fijaron una reserva fraccionaria del 3%, lo que implica que por cada tres euros que tengan en los activos pueden conceder 100 en préstamos (y eso sin contar con la capacidad multiplicadora que han encontrado en los nuevos instrumentos financieros). Como es fácilmente comprensible, al introducir tanto dinero en el sistema a través del crédito, el riesgo aumenta de modo notable.

El segundo problema es que esta alquimia se ha practicado a gran escala, porque los bancos han crecido y se han concentrado, y ahora son menos y más potentes. Como señala King, “el tamaño del sector bancario estadounidense medido en términos del total de activos ha crecido desde alrededor de un 20% del PIB anual hace 100 años, hasta alrededor de un ciento por ciento, en la actualidad. En el Reino Unido, la expansión es más pronunciada: del 50% del PIB hasta el 500%. Esta expansión se ha producido sobre todo en los últimos 30 años, y ha venido acompañada de una creciente concentración: las principales instituciones han sido las que más se han extendido. En el Reino Unido, el volumen de activos de los 10 principales bancos supone más de un 45% del PIB”.

La reticencia a admitir que el problema es de solvencia y no de liquidez yace en las respuestas al colapso bancario de 2008 y en los problemas de la eurozona

El tamaño ha sido y es una obsesión para las entidades bancarias, porque les permite financiarse a menor coste e incluso ofrecer préstamos más baratos a sus consumidores, porque pueden resistir mejor la presión de los competidores y les es más sencillo conseguir más beneficios y porque si son lo suficientemente relevantes, las instituciones saldrán a su rescate cuando las cosas se tuerzan, eso que suele abreviarse en la expresión “too big to fail”.

Parches, no soluciones

El tercer problema es lo que se hizo después de que la crisis se manifestara. Desde entonces, el sector oficial ha estado hiperactivo tanto a escala nacional como internacional, afirma King, y los reguladores se han hecho más estrictos respecto a las libertades concedidas a los bancos relativas a su financiación, su estructura y sus conductas. “Ha aumentado la cantidad mínima de capital social que un banco debe usar para financiarse, conocida como 'requisito de capital', y los bancos también tienen que mantener un nivel mínimo de activos líquidos en relación con los depósitos y con otra financiación de corto plazo que pudiera fugarse del banco en un plazo de 30 días, lo cual se conoce como 'ratio de cobertura de liquidez'. Los reguladores son también conscientes de la necesidad de mirar más allá de las fronteras del sector bancario tradicional para ver si están apareciendo elementos de alquimia en el sector de la 'banca en la sombra', así como de realizar pruebas de estrés para ver si los bancos son capaces de soportar las pérdidas en que incurrirían en escenarios adversos particulares”.

Los mecanismos de previsión nunca serán lo suficientemente sólidos como para anticipar los movimientos futuros

Se han hecho muchas cosas, pero la mayoría son parches, porque los problemas sistémicos siguen asomando por el horizonte. “Tratar los síntomas más inmediatos de las crisis tomando medidas de corto plazo para mantener la confianza del mercado -normalmente lanzándoles grandes cantidades de dinero- solo perpetuará el desequilibrio subyacente. Casi todas las crisis financieras empiezan con la creencia de que la provisión de más liquidez es la respuesta, solo para que el tiempo revele que bajo la superficie hay problemas genuinos de solvencia. La reticencia a admitir que el problema es de solvencia y no de liquidez -incluso si la provisión de liquidez es parte de un puente hacia la solución adecuada- yace en el corazón de la lenta respuesta de Japón a sus problemas tras el estallido de la burbuja del precio de los activos a finales de los años ochenta, de las respuestas de los diferentes países al colapso bancario en 2008 y de la continua aflicción de la eurozona”.

Además, advierte King, este conjunto de medidas tampoco es suficiente, porque la incertidumbre siempre va a estar ahí. Los mecanismos de previsión nunca serán lo suficientemente sólidos como para anticipar los movimientos futuros: ya no estamos en la economía de las cosas, sino que es, dice gráficamente King, “la economía de las cosas que pasan”.

Los 'empeñistas' para todas las estaciones

A este conjunto de males endémicos, y a la imprevisibilidad típica de la vida económica, el exgobernador del Banco de Inglaterra opone una nueva solución técnica, la conversión de los bancos centrales en “empeñistas' para todas las estaciones” en lugar de en esos prestamistas de última instancia en los que se han convertido. “Un 'empeñista' (o prestamista de casa de empeños) es alguien que está dispuesto a prestarle a casi cualquiera que deje en prenda una garantía que cubra el valor del préstamo”. Con este giro, King pretende que el sistema consiga tres objetivos, “asegurar que todos los depósitos están respaldados por efectivo real o por un derecho contingente, ambos garantizados sobre reservas en el banco central, asegurar que la provisión de aseguramiento de liquidez es obligatoria y se paga por adelantado y diseñar un sistema que, en efecto, imponga un impuesto sobre el grado de alquimia en nuestro sistema financiero: los intermediarios financieros privados deberían soportar los costes sociales de la alquimia”.

La corriente dominante en macroeconomía, al considerar cualquier otra forma de análisis ilegítima, deja de iluminar zonas clave del panorama económico

Más allá de la utilidad de su propuesta, lo significativo es el diagnóstico. Esto es economía, lo cual supone que cualquier idea diferente será sometida a un montón de disquisiciones teóricas sobre su bondad o maldad, será más refutada que alabada y encontrará muchos detractores y algunos partidarios. Podría decirse que en 'El fin de la alquimia' lo significativo, más que la solución, es el diagnóstico, la identificación de una serie de problemas serios que amenazan con llevarnos inevitablemente, de seguir por este camino, a otra recesión.

Un mundo inflexible

Y el problema más serio de todos los que señala el libro ni siquiera es este diseño del sistema, sino la constatación de que carecemos de la flexibilidad necesaria para cambiarlo cuando se demuestra ineficaz. King lo explica de esta manera: “Pocas de las soluciones anteriores al actual desequilibrio de la economía mundial son nuevas, pero las que están tras ellas lo son. A lo largo del último medio siglo, la corriente dominante en macroeconomía ha desarrollado una impresionante caja de herramientas para analizar las oscilaciones en la demanda agregada y la producción. Pero al adoptar tan estrechamente la idea del comportamiento de optimización, y al considerar cualquier otra forma de análisis ilegítima, ha dejado de iluminar zonas clave del panorama económico. El comportamiento de optimización es un caso especial de una teoría más general de comportamiento bajo incertidumbre. Y en situaciones de incertidumbre radical, donde es imposible optimizar, se requiere un nuevo enfoque”.

No salirse del marco ortodoxo es un mal típico de las ideologías y revela anquilosamiento: se cree que solo hay una fórmula que hay que seguir hasta el final

Este es el gran escollo: se supone que el principal activo de nuestro mundo son las ideas y la capacidad de innovación que estas generan. Desde luego, no es así en economía: hasta la fecha, como bien subraya 'El fin de la alquimia', todo lo que se ha hecho ha sido poner parches, tratando de no tocar el núcleo de las disfunciones, cuando se precisaban cambios más profundos. Esto es llamativo, porque pone al descubierto una rigidez tremendamente dañina, esa que aqueja a quienes toman las decisiones: hemos construido un sistema demasiado pendiente de las certidumbres teóricas, las que funcionan bien sobre el papel, pero cuyos efectos en la realidad son muy distintos. No salir del marco estrecho en el que han decidido desenvolverse no es un problema ideológico en el sentido de que revele tensión entre posiciones de derecha e izquierda, pero sí lo es en tanto revela uno de los males típicos de los entornos ideologizados: su anquilosamiento, la sensación de que solo existe una fórmula que hay que seguir hasta el final.

El papel y los hechos

Hay una idea subyacente en la gran mayoría de los análisis, y es que nuestro sistema posee la racionalidad suficiente como para modificar su rumbo cuando las cosas se tuercen. Lo que la crisis ha demostrado es que no es así: cuando los hechos se enfrentaron a las ideas escritas en el papel, en lugar de escribir cosas nuevas, se optó para añadir más líneas a lo ya redactado. Esa rigidez es el gran problema de todos los sistemas que se anquilosan. Gran parte de ese descrédito del capitalismo que señala King en su libro proviene exactamente de aquí.

Banco de Inglaterra Depósitos Recesión Reino Unido Bancos centrales G20 Banca Supervisor bancario
El redactor recomienda