De los "paquetes de horas" a no poder irte de tu empresa: las 2 nuevas tendencias laborales

Idaho ha aprobado una ley que hace mucho más difícil que un empleado pueda marcharse a otra firma. Es otro más de los cambios que tendremos que ver en el mundo del trabajo

Foto: Ramón Martín, un repartidor de Deliveroo, haciendo su paquete de horas
Ramón Martín, un repartidor de Deliveroo, haciendo su "paquete de horas"

El mundo laboral está tomando una extraña deriva, impulsada en gran medida por la aparición de compañías ligadas a la tecnología, como Uber, Amazon, Deliveroo o Airbnb. Pero estas no son las únicas formas en las que el mercado laboral está cambiando. La palabra más usada en los últimos tiempos en el management es VUCA, acrónimo de volatilidad, incertidumbre ('uncertainty' en inglés), complejidad y ambigüedad. Con ese término se quiere reflejar una realidad, la del mundo en el que nos movemos, que genera obvias consecuencias en el entorno del empleo. Nos obliga, más que nunca, a prepararnos, a ser más flexibles, a estar esperando siempre la disrupción. Es otra manera de decir que las cosas se están poniendo difíciles, pero que si nos responsabilizamos de nuestro destino, si somos capaces de anticipar lo que viene, todo estará en nuestros manos. Es un mundo complejo, lleno de riesgos pero también de oportunidades, y quien sepa intuir la dirección correcta saldrá muy beneficiado.

El contrato indefinido de las ocho horas irá desapareciendo y se pasará a contratar a los profesionales por 'paquetes de horas'

Este contexto, nos aseguran, conducirá a formas más flexibles de relación laboral. A partir de ahora, la mayoría de los empleados nos convertiremos en 'slashers', es decir, en “trabajadores independientes que no se atan a una sola compañía y cuya trayectoria está compuesta por multitud de proyectos”. Los profesionales deben convertirse en un producto o servicio que las empresas deseen contratar. Así, “el mercado laboral avanza hacia un modelo más independiente y flexible. El contrato indefinido de las ocho horas irá desapareciendo y se pasará a contratar a los profesionales por paquetes de horas. A partir de ahora, los profesionales deben ser capaces de crear su propio puesto de trabajo”.

Estas leyes ya no sirven

Esta distribución del tiempo laboral encaja bastante bien con las necesidades de las nuevas compañías, con un trabajador que se mueve por proyectos, que dedica horas a diferentes empleos, y que está siempre activo y dispuesto. La uberización del trabajo es, en síntesis, esto, y es el modelo hacia el que se trata de empujar a los sistemas legales occidentales.

El mercado laboral sin trabajo fijo, donde todos seamos autónomos y decidamos en qué empleamos nuestro paquete de horas, es el futuro

Como nos adentramos en un nuevo contexto, el de la cuarta revolución industrial, las normas que habíamos utilizado hasta la fecha ya no son útiles, nos dicen, porque entorpecen el desarrollo individual, ponen trabas al crecimiento y no sirven para aumentar la productividad. Son reglas que se oponen al talento. Y será mucho mejor que quienes saben moverse en el nuevo mundo tengan la oportunidad de elegir dónde quieren ir, cuánto tiempo de su vida dedican al trabajo y qué remuneración quieren conseguir. En este orden, el mercado laboral sin trabajo fijo, donde todos seamos autónomos y veamos en qué empleamos nuestro paquete de horas es el idóneo. ¿Correcto? Pues no.

El caso Idaho

Y no porque se entienda que este tipo de reorganización del mercado laboral es poco ética, fragiliza a la sociedad, aumenta la desigualdad o consideraciones similares. El problema es otro, como nos recuerdan los legisladores de Idaho, que han puesto en marcha un sistema legal que hace muy difícil a los empleados marcharse a otra empresa simplemente porque les paguen más o les ofrezcan mejores condiciones laborales. Las 'cláusulas de no competencia', que impiden a los trabajadores marcharse a otra compañía del sector, se han instaurado como norma en el Estado norteamericano, y no afectan sólo a empleados clave, a aquellos que cuentan con mayor responsabilidad y salarios estrella, sino a la totalidad de los trabajadores, según explica 'The New York Times'.

Uno de cada cinco trabajadores, sean ejecutivos o peluqueros, ha firmado, a menudo sin saberlo, un contrato con cláusula de no competencia

El motivo que lleva a adoptar esta legislación es descrito por Alex LaBeau, presidente de la Asociación de Comercio e Industria de Idaho, el colectivo que representa a las empresas de ese Estado: "Las compañías tratan de proteger sus activos en un mercado competitivo”.

La jerga legal

Pero no se trata únicamente de una normativa que opera a nivel local, sino de una tendencia que se está extendiendo mucho más allá de Idaho. Aunque hay Estados cuyas leyes favorecen el cambio de empresas prohibiendo estas cláusulas, lo cierto es que uno de cada cinco trabajadores estadounidenses, sean ejecutivos o peluqueros, ha firmado un contrato que la contiene. Y a menudo sin que los empleados sean conscientes, porque suelen estar sepultadas bajo un montón de jerga legal que pocas personas pueden entender.

Quizá bajo esta retórica del cambio no se encuentre más que la idea decidida de bajar los salarios

Es, por tanto, un contexto contradictorio porque por una parte se nos señala que debemos convertirnos en autónomos, buscar distintas opciones laborales y hacernos atractivos a los ojos de diferentes empleadores que puedan contratar nuestros “paquete de horas”, y por otra se insiste en que, para proteger sus activos, las compañías están obligadas a prevenir el cambio de empresa de los trabajadores que sí tienen un contrato. O quizá no lo sea tanto, y bajo esta retórica de los nuevos modelos de negocio y de la incertidumbre no exista más que la intención que describía Eric Peters, jefe de inversiones del hedge fund One River, la de “reducir los salarios a niveles de subsistencia”.

Un autónomo sale bastante más barato porque asume muchos costes derivados de la actividad y porque no cobra indemnización alguna si se prescinde de él, y un empleado sujeto a un pacto de no competencia se queda sin el instrumento más utilizado hoy para aumentar su salario: marcharse a otra empresa (o conseguir que, fruto de esa oferta, la compañía en la que trabaja acceda a subirle el sueldo). Lo mismo soy un malpensado y existe una clara intención de que nos adaptemos a contextos cambiantes, de que nos preparemos para la cuarta revolución industrial y que nos pongamos a la altura de los tiempos, pero francamente, todo suena a 'vamos a reducir costes'.

Tribuna

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