Lo que hay detrás de los robots y no se atreven a contarte

Los CEO de los principales bancos afirman que habrá mucho menos trabajo en el sector por la inteligencia artificial. Los antimonopolistas, que regresan en EEUU, tienen otra teoría

Foto: Vikram Pandit, en 2010, cuando era CEO de Citigroup. (Efe)
Vikram Pandit, en 2010, cuando era CEO de Citigroup. (Efe)

Vikram Pandit, CEO de Citigroup Inc. durante los años de la crisis, se sumó al consejero delegado de Deutsche Bank y aseguró que la tecnología destruirá el 30% de los empleos bancarios en los próximos cinco años. Pandit, que ahora dirige una empresa de inversión, tiene claro que muchos de los empleos del sector serán prescindibles a causa de las innovaciones ligadas a la inteligencia artificial y la robótica.

No son los únicos. El director general de operaciones de Bank of America Corp., Tom Montag, ha afirmado que su empresa seguirá reduciendo costes gracias a las novedades tecnológicas. En el Reino Unido, donde el 3,1% de la fuerza laboral trabaja en el ámbito financiero, las predicciones que se manejan son peores: desaparecerán el 50% de los empleos. El plazo de ese proceso va desde los 5 hasta los 20 años, pero el fin del camino está marcado. El aprendizaje automático o el 'cloud computing' han forzado ya a muchos trabajadores a buscar nuevas tareas, dentro o fuera de los bancos, y se trata de algo imparable.

La principal razón de que los salarios estén bajando y las empresas contraten a muchos menos trabajadores no son los robots

Esta creencia es cierta. Muchos empleados del ámbito bancario, como de muchos otros sectores, van a perder su empleo. Lleva años pasando y seguirá ocurriendo, solo que los robots no tienen nada que ver. Quizá en el futuro, cuando esas posibilidades que tanto alaban se concreten en algo palpable, la inteligencia artificial barrerá el trabajo de la faz de la Tierra. Pero eso será entonces, y ahora es ahora.

Tres causas operativas

La principal razón de que los salarios estén bajando y las empresas contraten a muchos menos empleados no son los robots. Tiene que ver con causas diversas. Una de ellas, y no es la menor, está relacionada con las dificultades que las pymes encuentran para tener éxito, entendiendo este como la simple permanencia en el mercado, lo cual hace que una de las fuentes tradicionales de trabajo remunerado decaiga. Otra, y también importante, es la financiarización, una de cuyas consecuencias más evidentes es la generación del valor para el accionista, esto es, el recorte de gastos en salarios y en número de empleados de forma que esos excedentes puedan dedicarse a retribuir a los principales poseedores de acciones (y de paso, a los directivos). Y otra es la creciente ola de fusiones y adquisiciones, es decir, la tendencia de las grandes empresas a absorber a sus competidoras y así aumentar su cuota de mercado y lograr una posición privilegiada.

Muchas empresas están en la carrera por convertirse en monopolios. Como decía Peter Thiel, la competencia es para los perdedores

Todas estas acciones tienen un punto en común: el deseo de casi todas las firmas de ser dominantes en su sector y, si es posible, de convertirse en monopolios. Quizá porque, como decía Peter Thiel, la competencia es para los perdedores, o quizá porque saben que cuando se puede acotar un terreno, es mucho más fácil obtener mayores ganancias.

Antitrust

Existe un creciente movimiento antimonopolio en EEUU, un país que posee una tradición sólida en este sentido, aunque su presente sea mucho más endeble. Las últimas empresas señaladas han sido Google y Facebook, pero hay muchas otras cuya cuota de mercado les permite marcar las condiciones de funcionamiento de su sector. En el país estadounidense, ámbitos tan dispares como la cerveza, las gafas de sol, la comida para perros o el sector de la gran distribución están en manos de empresas que imponen sus condiciones al resto. En los últimos años, el dinero circulante ha permitido, vía Wall Street, que un número importante de firmas hayan ganado cuota de mercado mediante la adquisición de las compañías competidoras.

No es que los robots estuvieran acabando con el trabajo, es que, por así decir, los empresarios ni siquiera los estaban comprando

Las condiciones en que ofrecen el dinero hoy los bancos centrales ayudan a que las fusiones y adquisiciones sigan funcionando a un ritmo sostenido. Y esto es un problema, advierten los antitrust, porque un sector concentrado no sólo genera precios más caros y artículos de peor calidad, y deteriora las condiciones laborales, sino que destruye el tejido productivo de un país, sino que otorga un poder enorme a las firmas monopolísticas, también político.

Ni productividad ni eficiencia

Esto afecta especialmente al mundo laboral. Según afirma el economista Simcha Barkai en un estudio, esa concentración corporativa es la causa de que los trabajadores estén perdiendo posibilidades de empleo, poder adquisitivo y tiempo de ocio. Las explicaciones ortodoxas aluden a que la automatización es la explicación primera de este cambio en el mundo del trabajo, pero Barkai lo niega. Mediante el análisis de los datos de la Oficina de Análisis Económico del gobierno estadounidense, el economista concluyó que las empresas de más peso habían conseguido ganancias sustanciales pero habían invertido muy poco en los salarios de los trabajadores y aún menos en la adquisición de esos equipos tecnológicos destinados a sustituir a sus empleados. No es que los robots estuvieran acabando con el trabajo, es que, por así decir, ni siquiera los estaban comprando.

Esa concentración corporativa, afirman Bruce A. Blonigen, de la Universidad de Oregon, y el economista Justin R. Pierce, tampoco tiene efectos apreciables en la productividad o en la eficiencia. Lo que las fusiones y adquisiciones sí conseguían, era que la firma resultante ganase más dinero. Entre otras cosas, porque al adquirir cuota de mercado, adquirían una posición dominante que les permitía aumentar los precios, reducir los costes, incluidos los laborales, presionar a los proveedores y gozar de mayor influencia sobre los reguladores.

Los bancos

En el caso de los bancos es muy evidente: adquirir a un competidor permite cerrar sucursales, despedir empleados y ganar clientes, al mismo tiempo que vender los locales, y atender con menos personal a muchas más personas. En este proceso no hay robotización en marcha. Lo más cercano es la sustitución de los cajeros por los cajeros automáticos y la deriva de servicios que prestaban las sucursales hacia la consulta por Internet, pero eso son instrumentos que ya llevan años instalados.

Cuando las empresas poseen una cuota de mercado sustancial, adquieren una posición privilegiada que les hace inmunes a las normas

Cuando señalan que la robotización es inevitable, lo que quieren subrayar es que lo son las concentraciones, y que vamos a presenciar cómo menos empresas acaparan mayores cuotas de mercado en más sectores, lo que les permite prescindir de muchos puestos de trabajo.

Dinero, influencia y poder

Por decirlo de otro modo, están hablando de poder. Y esta es la causa de que los antimonopolistas estén ganando presencia en EEUU. Cuando las empresas poseen una cuota de mercado sustancial, adquieren una posición privilegiada que les hace inmunes a las normas. No se trata sólo de que se conviertan en “demasiado grandes para caer”, sino que, aseguran los antitrust, cuentan con el dinero y la influencia política suficientes para que la ley les respalde, para modificar precios y salarios, y determinar la suerte de regiones enteras.

La realidad es que las 60 personas más ricas tienen más dinero que la mitad de la población mundial. Imagina lo que puede causar la tecnología en 20 años

Y ese es también el gran problema de los robots y de la inteligencia artificial. Si se desarrolla sólo la cuarta parte de lo que nos prometen, lo hará en este contexto, por lo que no puede causar otro efecto que hacer aún más veloz y más profunda esta tendencia en la que los más grandes tienen más y los demás menos. Lo vio muy claro Yuval Noah Harari: “Este proceso no es algo del futuro, está comenzando a ocurrir. Dentro de diez años los coches serán autónomos, más baratos, menos contaminantes y más seguros. En Madrid puede haber 50.000 taxistas y tienen cierto poder económico y político, porque si el Ayuntamiento hace algo que no les gusta pueden ir a al huelga o pueden votar a otro partido. Pero dentro de un tiempo no van a tener ningún poder, porque serán cinco personas los que sean los propietarios de esos coches y del algoritmo que les controla, y ellos estarán sin trabajo. La realidad hoy es que las 60 personas más ricas tienen más dinero que la mitad de la población mundial. Imagina lo que puede causar la tecnología en 20 años”.

Tribuna

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