Cómo te engañan para que trabajes por menos dinero (o durante más horas)

En un nuevo libro sobre internet, Enric Puig Punyet describe un mecanismo esencial para que muchas personas acepten realizar más tareas y en ocasiones sin cobrar nada

Foto: Peter Thiel, uno de los instigadores de estas teorías. (Jacky Naegelen / Reuters)
Peter Thiel, uno de los instigadores de estas teorías. (Jacky Naegelen / Reuters)

El mundo laboral ha cambiado sustancialmente en los últimos años y vamos camino de que esa transformación nos lleve hacia un entorno en su mayor parte nuevo. Y en esa estructura naciente llama la atención la cantidad de trabajo mal remunerado, perteneciente a la gig economy o gratuito que se realiza. Además, este tipo de empleados suelen ser personas que tienen una notable cualificación, justo aquello que parecería protegerles de las situaciones de abuso.

No es así, y por muchas razones. Pero la principal está bien descrita en un texto de gran interés y elegantemente escrito, 'El Dorado, una historia crítica de internet' (Ed. Clave intelectual), de Enric Puig Punyet. En él se realiza un recorrida por los diferentes momentos de la red y las ideas que la alentaron. Pero también se subraya qué estrategia se está siguiendo para que tantas personas estén trabajando gratis para las redes sociales.

El mito detrás de la red

Según Puig Punyent, el mecanismo es similar al utilizado por los reyes españoles en la conquista de América. Los protagonistas de las expediciones del siglo XVI no contaban con financiación real para emprender sus aventuras, pero como esperaban conseguir un elevado botín de guerra, partían desde España en busca de grandes recompensas. Sin embargo, en cada nueva expedición lo único que se conseguía confirmar era la pobreza de los territorios explorados; salvo México y Perú, los resultados distaban mucho de lo imaginado.

Que exploradores, cronistas y militares creyeran en El Dorado era el único método mediante el cual un ejército podía entregarse tanto por tan poco

Fue en ese instante cuando el mito de El Dorado renació con enorme fuerza y se convirtió en el gran catalizador de la expansión española en Centroamérica. “Incitó a que los voluntarios realizaran los más altos sacrificios, poniendo sus vidas constantemente en riesgo. El Dorado fue un espejismo que propició un sistema fundamentado en muy buena parte en virtualidades, y un sistema que solo pudo mantenerse en pie por la confianza ciega de sus integrantes. Su persecución generó trabajo colaborativo y no remunerado que favoreció a un gran imperio en expansión, cuyas riquezas dependieron en gran parte de que las virtualidades siguieran retroalimentándose. El imperio español no supo si el El Dorado existía o no, pero probablemente poco le importó. Lo que sí requirió fue que conquistadores, exploradores, cronistas y militares siguieran creyendo en su existencia, pues era el único método mediante el cual un ejército podía entregarse tanto por tan poco”.

El nuevo motor del sistema

Hoy la historia se repite. “La web 2.0 ha implantado un nuevo imperio que se sustenta por un ejército de usuarios entrados a la causa por muy poco, pero con la esperanza de hallar la ciudad de oro. Estos sacrifican su propio tiempo confeccionando texto y vídeos más o menos elaborados a su su servicio, muy a menudo sin obtener nada a cambio. Y el motor que rige toda esta actividad desbordada es la promesa de que El Dorado existe: la utopía social de Xanadú y de la Nueva Atlántida se ha reformulado en utopía individual. Este es hoy el nuevo motor del sistema, sin el cual dejaría inmediatamente de funcionar. Su acción es lo que ha producido la devoción de los usuarios en masa y, como consecuencia, la inversión publicitaria de todos aquellos que quieran venderles algún producto o convencerles de algo”.

Estas empresas ganan mucho dinero gracias al trabajo ajeno y no remunerado. Es un gran negocio: los demás aportan su trabajo y sus datos y tú nada

Puig Punyent se refiere a una dinámica muy habitual en redes: hay 'youtubers' que ganan mucho dinero, y de los que recibimos noticias respecto de su popularidad y sus fortunas personales, pero son muchísimos más los que cuelgan sus contenidos en la red sin percibir remuneración alguna; en Spotify hay miles y miles de bandas de las que apenas unas pocas logran obtener un rendimiento mínimo; existen 'instagramers' que consiguen recursos notables, pero son la excepción. Del mismo modo, en Twitter hay 'influencers' con un gran número de seguidores, pero el común es que los tuits pasen desapercibidos o sólo lleguen al entorno cercano, e igual ocurre con Facebook. Sin embargo, todas estas empresas logran ganar dinero, a veces cantidades enormes, de un trabajo ajeno, no remunerado y no sujeto a contraprestación. Es un gran negocio: los demás aportan su trabajo y sus datos y tú nada.

El deseo profundo del nuevo Silicon Valley es que ese germen aspiracional y emprendedor nunca se apague

¿Por qué lo hacemos entonces? Puig Punyent señala una razón esencial. En este contexto de corporativización del yo, de haber entendido que debemos crearnos una marca personal para triunfar, se trata de un trabajo que se percibe como necesario, que parece imprescindible para ser visible y tener opciones de éxito en la vida profesional. En ocasiones, como es el caso de los 'influencers', ni siquiera se necesitan habilidades especiales: “No tienen que saber más de lo que ya saben”. En definitiva, “el deseo profundo del nuevo Silicon Valley es que ese germen aspiracional y emprendedor nunca se apague”.

El trabajo fuera de internet

Ese modelo no se agota en las redes, por desgracia, sino que se ha instalado en diferentes franjas de muchos sectores. En el emprendimiento es esto exactamente lo que ocurre: hay unos cuantos ejemplos de éxito que son difundidos como si fueran la norma, y mucha gente cae en un contexto en el que será imposible triunfar, al igual que ocurre en las redes. En muchos terrenos profesionales, el acceso a la profesión se realiza a través de trabajo no remunerado, e incluso en algunos casos, son los becarios los que deben pagar, vía master, por contar en su currículo con cierta experiencia. En otros, ya sea como favor personal o como medio para introducirse en ese sector, mucha gente acepta realizar trabajos no remunerados o escasamente pagados. Y algunos nuevos modelos de negocio promueven un trabajo ocasional y mal retribuido que se acepta porque la marca tiene cierto prestigio. Y además, hay un buen número de profesionales que entienden que al trabajo diario hay que sumar el que realizan para distintas redes porque eso abrirá puertas en el futuro o reforzará la posición que se tiene.

La aceptación acrítica de este tipo de trabajos es un síntoma de que ese germen aspiracional es esencial para que el sistema funcione

Todo esto se acepta por una razón sencilla, para ganar capital simbólico que hacer valer en algún momento, para situarse en un camino al final del cual se espera que se abra alguna puerta. Pero lo cierto es que la mayoría de las ocasiones no ocurre de ese modo; es una suerte de peaje que casi todo el mundo acepta a pesar de conocer que las opciones de conseguir la meta no son elevadas, y porque ese es a menudo el camino establecido y hay que pasar por ahí para llegar a algún sitio.

El nuevo El Dorado

A veces este tipo de estratagemas para abaratar el trabajo se denuncian. Pero suelen ser en ofertas públicas que hacen pequeñas empresas, que son señaladas por las redes. Cuando las grandes empresas incurren en estas prácticas, no se habla de ellas. Los que trabajan para estas firmas aceptan las reglas del juego porque están satisfechos de pertenecer, aunque sea ocasionalmente, a la plantilla de una compañía prestigiosa, lo que luego podrán hacer valer en el currículo. En todo caso, la aceptación acrítica de este tipo de trabajos es un síntoma de que ese germen aspiracional es esencial para que el sistema funcione: es nuestro El Dorado.

Tribuna

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