Dos informes de Goldman retratan nuestra mayor amenaza (pero les dan igual)

La brecha abierta entre los grandes y los pequeños abarca todo en nuestra sociedad: el empleo, los negocios y las zonas metropolitanas. Es el mayor problema, y nadie lo arregla

Foto: Lloyd Blankfein, CEO de Goldman Sachs. (Jonathan Ernst/Reuters)
Lloyd Blankfein, CEO de Goldman Sachs. (Jonathan Ernst/Reuters)

Los investigadores de Goldman Sachs acaban de publicar un nuevo estudio en el que señalan, como hacía Ray Dalio la pasada semana, que estamos en una economía de dos velocidades. Analizando los datos estadounidenses, subrayarn que si bien el empleo está en un buen momento, el mercado laboral se divide en dos "historias bastante diferentes". Hay gente que se ha reintegrado al mundo del trabajo, pero hay un grupo importante que permanece al margen y que cuenta con razones suficientes para pensar que pueden ser retirados del juego.

Los economistas de Goldman señalaban en su nota, igual que lo hacía Dalio, que la Fed debía tener en cuenta estos factores a la hora de fijar los tipos de interés, pero no en el sentido de tomar medidas que pudieran activar el mercado del trabajo, sino precisamente para que no las tenga muy en cuenta si eso puede perjudicar a otras variables económicas más favorables a los inversores.

Dos velocidades

Al margen de la previsible y torpe posición de Goldman, sus economistas coinciden con Dalio en el diagnóstico: existe una vía de dos velocidades, en las que unos van a toda pastilla y otros apenas aciertan a avanzar. La cuestión es que los segundos cada vez son más. El CEO de Bridgewater aseguraba que el 60% de la población estadounidense con menos recursos tenía motivos para estar molesta porque desde 1980 sus ingresos no han crecido mientras que los del 40% superior son cuatro veces mayores que los suyos. La parte de arriba de la escala social es en promedio 10 veces más rica que el 60% inferior, lo que supone haber multiplicado por seis las diferencias que existían hace tres décadas y media. Y eso tiene repercusiones en todos los sentidos: salarios, ahorros, vivienda, opciones de futuro.

La desigualdad no significa que unos ganen más que otros, es un concepto que implica algo mucho más oscuro y preocupante

El concepto que engloba esta tendencia, y del que últimamente se habla más que nunca, es el de desigualdad. Pero quizá no sea exacto; puede que despiste y nos haga pensar que se trata simplemente de que unos están ganando más que otros. No es así; es la línea que une esta noticia ('La otra cara de trabajar en Amazon España') con esta ('El camino que está siguiendo Jeff Bezos para convertirse en la persona más rica del mundo')

Los que pierden

La desigualdad tiene que ver con no llegar a fin de mes, con no poder pagar la educación de los hijos, con no poder afrontar un alquiler decente o con ser consciente de que no se tendrá jubilación o no dará para vivir, mientras los beneficios de las empresas más grandes son cada vez mayores. Tiene que ver con a unos se les permite eludir la acción fiscal de los Estados, y que al mismo tiempo otros reciben cada vez peores prestaciones sociales.

EEUU gasta 6000 millones al año en ayudas sociales a los empleados mal pagados de Walmart

La senadora estadounidense Elizabeth Warren lo explica con bastante precisión cuando se refiere al caso Walmart: “Es una firma conocida por sus salarios bajos. Y como sus proveedores también se ven obligados a bajar sus precios para hacer frente a las presiones de la cadena, se ven obligados a reducir, además de las calidades, los salarios de sus empleados. Estos trabajadores pobres recurren a los servicios del Estado para que se les ayude y el resultado final es que 6.000 millones de dólares anuales se destinan a cubrir las necesidades de los empleados de Walmart que están en situación de pobreza porque lo que ganan no les da para vivir”. En definitiva, los contribuyentes estadounidenses deben pagar más impuestos para que Walmart siga ganando dinero y sus accionistas vean incrementar sus beneficios. Este es el tipo de círculo vicioso que produce el mercado actual.

Las pymes desaparecen

Sin embargo, no se trata sólo del empleo. Esa vía de doble dirección se abre en muchos otros frentes. Un informe de Goldman, titulado 'La economía de dos velocidades', reconocía lo siguiente: “Las grandes corporaciones han tenido un buen desempeño durante la recuperación de la crisis financiera de 2008, generando un fuerte crecimiento de los ingresos, un aumento en el empleo y un robusto aumento de los salarios. Las pequeñas empresas, por el contrario, han sufrido un tímido crecimiento del empleo. Los empleados de las pymes también han experimentado un crecimiento salarial significativamente más débil del que han disfrutado los empleados de las grandes empresas”.

Se estima que al menos 600.000 pequeñas firmas han desaparecido, así como seis millones de empleos asociados a ellas, entre 2012 y 2015

Según el informe, “el número de pymes disminuyó durante los cinco años posteriores al comienzo de la crisis. Se estima que al menos 600.000 pequeñas firmas han desaparecido, así como seis millones de empleos asociados a ellas, entre 2012 y 2015. Aunque no está claro qué porcentaje de estos trabajos se perdieron realmente, esta dinámica sin embargo representa un cambio estructural significativo en la economía”.

La culpa, de la regulación

Goldman, por supuesto, achaca este escenario a la fuerte regulación que se puso en marcha tras la crisis, que hacía más estrictos los requisitos a los bancos, lo que les predisponía a prestar menos dinero. Sabemos ahora que esto no es cierto, y menos aún en el caso europeo. Y, en segundo lugar, las dificultades de subsistencia de un pequeño comercio no tienen que ver sólo con el dinero que les pueda prestar el banco, sino con un cúmulo de circunstancias planificadas que provocan que cada vez tengan que afrontar más gastos y más elevados, mientras que cuentan con menos ingresos y gozan de menores márgenes.

Las ciudades que poseen recursos, tamaño y conexiones han centralizado el crecimiento y apenas han dejado nada para las demás

El tercer elemento en el que esta brecha se está abriendo de forma significativa es geográfico. Según Richard Florida, autor de 'La clase creativa' y, hasta ahora, uno de los mayores apologistas de la concentración del talento y los recursos en las ciudades más abiertas, “un muy pequeño grupo de zonas metropolitanas se está llevando la mayoría del talento, de las inversiones, de la tecnología, las finanzas y las industrias de comunicación y del entretenimiento. Eso está creando una gran grieta entre la élite urbana y el resto del país”.

Pero no hacemos nada

Lo que Florida ha constatado en su nuevo libro, 'The New Urban Crisis' es que las ciudades que poseen recursos, tamaño y conexiones han centralizado el crecimiento, y apenas han dejado nada para las demás. Unas viven instantes de prosperidad y las otras se hunden. Y esto ocurre no sólo el el interior de los Estados, sino internacionalmente. Existen una serie de hubs globales a los que la riqueza toma como destino, y son esos espacios urbanos los que florecen mientras los otros se apagan.

La desigualdad está creciendo en todos los sentidos. En el empleo, en los negocios y en los espacios geográficos, lo cual equivale a decir que hay grandes capas de la población, una parte importante de los pequeños y medianos negocios y un buen número de ciudades que ven sus opciones mucho más reducidas. Y no hay ningún indicio de que esta tendencia vaya a detenerse; más al contrario, las políticas de concentración instigadas por el ámbito financiero y por muchos gobiernos harán que estas grietas se hagan más grandes. Los economistas de Goldman lo saben, y han encontrado la solución: si para arreglar esto hay que hacer cambios en la economía que provoquen que ellos, y el entorno inversor en general, vayan a perder dinero, mejor no tocar nada. Esta es la típica ceguera de los gestores del capitalismo que se manifiesta una vez tras otra, y que hace los problemas mucho mayores.

Tribuna

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