Empleo: Elegirás tu sueldo. Elegirás tu horario. Elegirás tus vacaciones. Y lo pagarás caro. Blogs de Tribuna

Elegirás tu sueldo. Elegirás tu horario. Elegirás tus vacaciones. Y lo pagarás caro

Se está produciendo un cambio de paradigma para otorgar más independencia al trabajador... ¿a cambio de qué? Esta atractiva premisa oculta un potencial problema

Foto: Aquí, sufriendo mientras alcanzo los objetivos. (iStock)
Aquí, sufriendo mientras alcanzo los objetivos. (iStock)

Apenas han pasado un par de semanas desde el final de las vacaciones de Navidad y ya está estresado, ¿verdad? No hay problema. Respire hondo. Cierre los ojos. Bueno, mejor no, porque si no, no podría seguir leyendo este fantástico artículo. Póngase este vídeo. Suba el volumen. Imagínese una playa paradisíaca al atardecer, como de salvapantallas cutre. En su mano sujeta un exótico 'cocktail' obtenido a través de esa pulserita que le da acceso a barra libre de comida y bebida, esa que se ha ganado con el sudor de su frente. Ese es el objetivo de todo trabajo asalariado, ¿no? Dedicar el 95% de tu vida a tu apasionante empleo para poder disfrutar en el 5% restante de una breve visita al paraíso, aunque sea el que una agencia de viajes ha imaginado por nosotros.

Eso se va a acabar, no se preocupe. Ya están aquí (redoble de tambores) las vacaciones sin límites, donde tú decides cuántos días coges al año. Es una expresión más de esa libertad del trabajador que muchas compañías 'cool' están promoviendo para hacerse deseables ante los potenciales empleados. La empresa pionera ha sido Kronos, pero otras se han añadido rápidamente a la tendencia, como Netflix o LinkedIn. En otras, los empleados pueden decidir su propio salario. La nueva gran promesa para esta nueva era del asalariado es la libertad. Tú decides tus objetivos, tú decides tus vacaciones, tú decides tu sueldo. Sí, la coincidencia con el arranque de 'Trainspotting' no es casual.

Irte tres meses a recorrer el sur asiático suena bien, pero a lo mejor la próxima vez que haya un recorte de plantilla tu jefe se acuerda de ti y de tu viaje


Esto que suena de entrada genial —¿quién no preferiría poder elegir cuándo y cómo se toma un respiro? ¿quién no querría elegir, en definitiva?— suele provocar (nuevo redoble de tambores) que la gente se tome menos vacaciones de las que le correspondería por derecho. Lo desvelaba un consultor que había realizado una somera encuesta entre las empresas que habían implantado programas semejantes. Básicamente, al no haber ninguna guía sobre ni cuánto, ni cómo, ni en qué circunstancias podían cogerse un día libre, solían hacerlo menos que si estuviese pautado de antemano. Empresas como Kickstarter han empezado a deshacerse de este programa precisamente por esta razón.

La moraleja de esta historia aparentemente paradójica es que la supuesta libertad es un regalo traicionero cuando fuerza al trabajador a aceptar —voluntariamente— peores condiciones. La razón es muy sencilla: cuando el foco de las decisiones deja de estar en la empresa y pasa a centrarse en el empleado, todos los excesos, injusticias o agobios para los compañeros son responsabilidad de este. Poderte ir tres meses al sur asiático suena bien, pero claro, a lo mejor la próxima vez que haya un recorte de plantilla tu jefe se acuerda de ti y de tu viajecito. ¿A quién echarán, al de al lado que se ha cogido 60 días, o a ti, que no te has ido ni uno? Ante eso, mejor curarse en salud y bajar el listón.

Un caramelo envenenado

Lo contaba en 'US News' la trabajadora de una de estas empresas: acababa de coger una semana de vacaciones cuando recibió la invitación a una boda que se celebraría a principios del año siguiente. Decidió que era mejor no ir, ya que la idea de volver a tener que pedir días libres le causaba una gran ansiedad y no sabía cuál iba a ser la reacción de la empresa. Ahí está la trampa. En este contexto, uno deja de tener derechos y pasa a tener deseos y peticiones que la empresa concede dadivosamente. Los superiores ya no otorgan nada; es el trabajador el que pide.

¿Para qué van a cogerse unos días libres, si eso les va a empujar a una espiral de estrés a ellos y a sus compañeros? Mejor dejarlo, no vaya a ser...

Tan solo hay una manera de que esto funcione, y es que el empleado no sienta que tomarse vacaciones es un capricho. El CEO de Kronos, Aron Ain, cuenta que si uno de sus trabajadores no se ha cogido vacaciones, un superior le llama y le anima a hacerlo. No es lo que ocurre en otras compañías donde los trabajadores tienen la sensación de que nunca es buen momento para marcharse. Al fin y al cabo, si trabajan por objetivos o tienen que alcanzar unos niveles de productividad determinados, ¿para qué van a cogerse unos días libres, si ello les va a empujar a una espiral de estrés y agobios que pueden aliviarse autoexplotándose un poco más? ¿Y sus compañeros, los pobres, qué van a hacer en su ausencia?

Es un signo más de la nueva transición del asalariado (supuestamente esclavo) a flamante autónomo de pegote. Vaya, un trabajador que tiene una absoluta libertad para tomar sus decisiones, siempre y cuando estas no choquen con los intereses de la empresa. Por supuesto, si sus elecciones están equivocadas, alguien lo pagará. Y probablemente ya no sea el mando intermedio, esa especie en peligro de extinción, sino el último mono de la empresa. Desde luego, los resultados hablan por sí solos. En Kronos presumen de que la implantación en 2016 de este programa provocó que fuese el mejor año de su historia y que "el compromiso de los trabajadores estuviese en su máximo histórico". Cómo no.

'¡Qué bien! ¡Teambuilding el sábado a las 09:00 de la mañana!' (iStock)
'¡Qué bien! ¡Teambuilding el sábado a las 09:00 de la mañana!' (iStock)

Así visto, parecería que no pudiese darse ninguna libertad a los empleados porque estos están tan infantilizados que no saben cómo comportarse. No hay que perder de vista que el derecho a las vacaciones pagadas y acotadas adquirido durante el siglo pasado no era la expresión de un deseo de los trabajadores de ceder su autonomía a la paternalista empresa, sino una herramienta para establecer por escrito, bien claritos para todos, los límites. De ahí que estos programas nazcan en países donde las vacaciones no están reguladas como EEUU, que contagia al resto cuando estornuda. La tierra de la libertad en la que si uno nace pobre, negro o simplemente fracasa, es su culpa. Como dice el refrán, la confianza da asco.

Ya están los 'millennials' destruyendo cosas

Una y otra vez, cuando el empresario de turno defiende la implantación de programas semejantes, suelen salir a colación nuestros amigos los 'millennials', esos jinetes del apocalipsis un tanto especialitos que están acabando con las bases de la civilización occidental. El mantra es conocido: quieren más libertad, no desean estar unidos a una única empresa, con tener para aguacates les vale porque total, no van a poder comprar ni casa ni coche… El resultado de la ecuación está claro si aceptamos el axioma de que es la generación que quiere realizarse a través de su empleo, y a la que, supuestamente, no le importa quedarse hasta las doce de la noche en el curro si hay futbolines y cerveza.

Estos cambios en la organización sugieren que los derechos laborales son un lastre del pasado, unos límites inútiles en la era de lo 'cool'


Una encuesta que acaba de publicar LinkedIn señala, más o menos, en esa dirección. Según sus datos, la clave para la felicidad es "convertirte en tu propio jefe". Esto no siempre es posible, pero sí lo es que el currito pase por chapa y pintura para terminar convirtiéndose en CEO de sus propios marrones. Lo que de verdad desean es poder trabajar desde cualquier rincón del mundo y tener tiempo para sí mismos. Bueno, y un buen sueldo: el 69% dicen que están en esto para pagar las facturas y un 74% asegura que su objetivo es no sufrir nunca apuros por el dinero. Sin embargo, de esto no suelen hacerse eco los artículos que hablan sobre ello.

Dios me libre de pensar mal, pero uno empieza a sospechar que quizá este elogio de la flexibilidad y la relativización de la importancia de lo material —qué feo y qué de pobres mezclar estas cosas con la Vocación— encubre una transformación de las relaciones en la empresa, en la cual los límites y los derechos son un lastre del pasado. Lo dice hasta el Foro Económico Mundial, que en un artículo sugiere que los nacidos en 2018 no conocerán la jornada de 9 a 5 porque lo importante será "que se haga el trabajo", da igual cuándo o cómo. El texto vaticina que en el año 2027 ya habrá más 'freelancers' que asalariados. La gran pregunta es si estos no terminarán sufriendo todos los inconvenientes del autónomo y ninguna de las ventajas del trabajador tradicional. Eso sí, con neverita y pinball.

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios