Lo que ocultan sobre la nueva moneda de Facebook y la política

El lanzamiento de una nueva moneda por parte de Facebook encubre algo mucho peor, y nos señala cómo la acumulación de poder en manos privadas alcanza proporciones terroríficas

Foto: El logo de Facebook. (Dado Ruvic/Reuters)
El logo de Facebook. (Dado Ruvic/Reuters)

Estamos viviendo una secesión por arriba. Es el signo de los tiempos, y ocurre en todos los ámbitos: en las clases sociales, entre Estados (con EEUU, que lleva muchos años creciendo y que está rompiendo las reglas para alejarse de sus viejos socios), dentro de los Estados (con zonas ricas de los países, como Cataluña, queriendo irse) y desde luego también en el entorno de los negocios y las finanzas. Cuando Christopher Lasch definió la rebelión de las élites, difícilmente pudo imaginar la dimensión que adquiriría.

El anuncio del lanzamiento de Libra, la moneda que Facebook pondrá en el mercado, forma parte de esto. Facebook es una empresa cuyas prácticas pueden calificarse de todo menos éticas. Se quedan con nuestros datos, los utilizan de formas que no conocemos o que sólo conocemos cuando ya es tarde, como en el caso Cambridge Analytica, Zuckerberg acude al congreso estadounidense sólo para poner cara de extraterrestre y niega su presencia en el británico, Angela Merkel responsabiliza a la red social del crecimiento de la ultraderecha, y todas las noticias falsas de las que se culpa a los rusos fueron difundidas a través de FB. Por no seguir: ¿cómo es posible que esta extraña Libra pueda ser celebrada sin que ningún regulador abra la boca? En España, sin ir más lejos, el presidente de la CNMV, Sebastián Albella, ha declarado que la divisa le parece “interesante”. ¿Interesante? En un mundo normal, y dados los precedentes, FB tendría vetada cualquier iniciativa, cualquiera, en este sentido.

Libra supone minar por completo el poder de los Estados en favor de grandes empresas privadas, así como quebrar la potencia de la democracia

Llama además la atención la complacencia del sector, y la de los medios, cuando días antes Italia anunció su proyecto (de momento, proyecto) de poner en circulación una moneda propia como mecanismo complementario que le ayude a salir de su mala situación económica. La hostilidad hacia el gobierno italiano fue notable y se calificó la iniciativa de una locura populista. Podríamos entender lo que de pulso frente a la UE supone esta moneda, y por tanto justificar las críticas a los italianos. Pero quizá porque no entendemos bien el verdadero pulso, el enorme desafío sistémico que supone esta Libra de Facebook.

Un comité para apagar el incendio

La privatización de la moneda de Hayek, el sueño neoliberal, ya está aquí, lo que supone minar por completo el poder de los Estados en favor de grandes empresas privadas y quebrar el poder democrático por completo, y nuestros reguladores están de vacaciones. El G7 prepara un grupo para analizar el papel de las criptomonedas, que es como cuando hay un incendio y se decide organizar una reunión para semanas después a ver qué se puede hacer para apagarlo.

10 años después de la crisis, los bancos estadounidenses tienen un 12% más en derivados que en 2008. ¿Cómo es posible que ocurra esto?

Lo cierto es que no debería siquiera sorprendernos: después de la gran crisis financiera que hubimos de soportar y pagar, los bancos estadounidenses poseen 157 billones de dólares en derivados, aproximadamente el doble del PIB mundial. Esto es un 12% más de lo que poseían al comienzo de la crisis de 2008. Y nuestros reguladores, ¿dónde están? ¿Cómo es posible que ocurra esto?

La sociedad de la excepción

Ocurre porque nuestro sistema es cada vez más un sistema de la excepción, que es lo que define nuestro capitalismo, un régimen ambiguo en el que la gran mayoría de los ciudadanos deben sujetarse a las normas existentes, cumplir con ellas bajo continuo riesgo de sanción, mientras que una minoría puede saltar por encima de las reglas. Es como una competición que se celebrase en dos carreteras, una por la que circulásemos la mayoría de los ciudadanos, que seríamos multados si nuestro coche sobrepasa los 120 km/h, y otra por la que transitaría una minoría sin reglas de velocidad. Adivinad quién gana.

Si alguno de nosotros monta un negocio y fracasa, seguro que ni los Estados, ni la UE ni el BCE vendrán a rescatarnos

Esta sociedad de la excepción tiene múltiples manifestaciones, pero en todas ellas supone una acumulación de poder en pocas manos privadas. Por ejemplo, en los impuestos, ya que mientras el ciudadano común no puede evitarlos, hay empresas y particulares que pagan allá donde quieren, eligen a la carta. Muchas multinacionales, muchos fondos, y las tecnológicas son especialistas en esto, han crecido a partir de su evasión de las normas. Tiene que ver también con los rescates públicos a empresas fracasadas, algo impensable con los particulares: si alguno de nosotros monta un negocio y sale mal, podéis apostar a que ni los Estados, ni la UE ni el BCE vendrán en nuestra ayuda.

Posición de poder

La sociedad de la excepción tiene que ver con que se les permite situaciones que no serían legalmente toleradas si los titulares de las mismas fuéramos el común de los ciudadanos. Sin este tipo de excepciones, no se pueden entender los monopolios y oligopolios, una mera posición de poder desde la cual se tejen las relaciones. Hay muchos ejemplos, pero por citar unos cuantos: que la fruta y la verdura sean compradas a precio de saldo al productor y vendidas a precio de oro al consumidor es uno de los efectos; que el precio de la luz se determine de un modo extraño, cuyo efecto es que cada vez paguemos más, es otro de ellos; y no hablemos de los combustibles. O de lo que queramos. Por ejemplo, del aluminio, en manos de Goldman Sachs.

Libra es el intento de construir una esfera alternativa de pago para las empresas tecnológicas completamente fuera del poder territorial

Las tecnológicas son un paso más allá en todo esto, y la moneda de Facebook supone ir todavía más lejos. La empresa que gestionará la Libra tendrá la sede en Ginebra, Suiza, una localización muy adecuada gracias a su clima, y en ella participarán Facebook, Uber, Paypal o Mastercard. Lo que significa el intento de construir una esfera alternativa de pago para el mundo digital, completamente fuera del poder territorial, del de los Estados, y de nuestro ámbito de influencia como ciudadanos.

La obvia consecuencia política

La pregunta es ¿dónde están los reguladores? ¿Entregando más y más poder a estas empresas? Es curioso que el mundo liberal, tan dado a combatir el poder cuando es público, y a pesar de contar en su tradición política con una referencia inequívoca a la concentración de poder como mal, no sólo ha permanecido mudo ante este proceso, sino que lo ha alentado. Es una muestra de cómo el liberalismo se han convertido en otra cosa, mucho peor, enormemente activo cuando se trata de los poderes estatales, mudo, ciego y sordo cuando se trata de los poderes privados. La conversión del mundo liberal en neoliberal, y de este en neoliberal a lo Trump es un hecho. Económicamente es así, y políticamente lo estamos comenzando a ver. Lo de Libra es otra piedra en el muro.

Tribuna
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